domingo, 13 de mayo de 2012

El mensaje cabalístico de Rembrandt

En ocasiones, las claves ocultas de las obras de arte se encuentran ante nuestros ojos, en los museos más importantes del mundo. Ese es el caso de uno de los lienzos de Rembrandt, pues el genial artista holandés dejó un mensaje críptico, relacionado con la cábala judía, en una de sus pinturas más famosas.

La pintura en cuestión es 'El festín de Baltasar', realizada en torno a 1638 y que hoy se conserva en la National Gallery de Londres. El cuadro representa un pasaje del 'Libro de Daniel' en el que se cuenta cómo el rey Baltasar de Babilonia celebró un fastuoso banquete en el que cometió la ofensa de no honrar al verdadero Dios.

En mitad de la fiesta se produjo un hecho sobrenatural, la aparición de una mano fantasmal que dibujó en el aire una extraña inscripción en hebreo (con las palabras 'Mené Mené Teqel Parsin'), que sólo el profeta Daniel pudo interpretar, y que no era más que el anuncio de la muerte de Baltasar.
 
En su pintura, Rembrandt retrató el momento justo de la aparición, en el que la mano traza las letras mágicas en hebreo, mientras Baltasar y el resto de comensales asisten asustados a la escena.
Pero, ¿por qué escogió el pintor holandés este tema? Hoy los historiadores del arte no tienen ninguna duda de que tanto el tema como la inscripción se deben a la amistad que el artista tenía con el sabio y cabalista judío Samuel Manasés ben Israel, vecino suyo.

Rembrandt no sólo había realizado un retrato de Manasés, sino que también ilustró su libro 'Piedra Gloriosa' con cuatro grabados.

Hoy sabemos que Manasés había escrito un libro que analizaba precisamente la inscripción sobrenatural mencionada en la Biblia, y en dicho trabajo explicaba que había que leerla de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda, y no de forma horizontal y de derecha a izquierda, como es habitual en la lengua hebrea.

Eso explicaba, según Manasés, que los sabios babilónicos de Baltasar no hubieran sabido interpretar la inscripción y advertir el aviso de muerte contra su monarca.

Extraido de: http://es.noticias.yahoo.com/blogs/arte-secreto/el-mensaje-cabal%C3%ADstico-rembrandt-153841029.html

jueves, 19 de abril de 2012

Kabbalah Extática y Tseruf, de Georges Lahy

La Kabbalah tiene diversas orientaciones: especulativas o prácticas, místicas o mágicas. Entre estas diferentes direcciones, se encuentra una vía de práctica espiritual que ha sido descrita por un cabalista español del siglo XIII, Abraham Abufalia, que aportó a los cabalistas unos ejercicios espirituales basados en combinaciones particulares de las 22 letras del alfabeto hebreo, abriendo así la vía a una Kabbalah del lenguaje, cuya práctica conduce al éxtasis místico. El éxtasis del cabalista es una apertura de la consciencia durante la cual se encuentra con el profeta que duerme en él. Durante esta unión, el ser común, cargado con el recuerdo de su pasado, se encuentra con el profeta iluminado por el “recuerdo” de su futuro. La Kabbalah extática, mediante una combinación de letras, abre la posibilidad de comunicar con el universo interior y la creación que lo envuelve. Las combinaciones de letras sustentan técnicas de vocalizaciones, de respiraciones y de movimientos del cuerpo, favoreciendo la unión entre cuerpo, aliento y espíritu.
Durante mucho tiempo los estudiantes de Kabbalah han estado esperando que las excelsas enseñanzas de grandes maestros de este arte milenario, como Abulafia, fueran rescatadas y, bien traducidas, puestas al alcance de todo buscador de Luz. Georges Lahy está cumpliendo esta inmensa tarea a la perfección. Ahora, gracias a él, disponemos de este trabajo inédito, lo que es un privilegio que ningún cabalista debería dejar escapar.Este libro es un verdadero manual, teórico y práctico, de Kabbalah combinatoria. Contiene los ejercicios sonoros esenciales, respiratorios y corporales, que favorecen la apertura de las 231 puertas del espíritu. Quizá un poco caro, para los tiempos que corren, pero sin duda... ¡Una verdadera joya!

Más información: http://www.emisterios.es/blog/editorial/novedad-editorial-kabbalah-extatica-y-tseruf-de-georges-lahy/

martes, 10 de abril de 2012

La Alquimia Eterna y la Gnosis por Jacob Böhme

Jacob Böhme es, sin duda alguna, uno de los más grandes Gnósticos Cristianos. Utilizamos este término para describir una sabiduría basada en una revelación directa y expresada por mitos y símbolos más bien que por conceptos. Tal sabiduría es más bien de tipo contemplativo que discursivo, es filosofía religiosa, es una teosofía.

Este jarro de estaño, símbolo arquetipo de la iniciación, símbolo de la copa del Santo Grial, del Caldero mágico o de la Piedra consagrada, le permite adquirir en adelante esta mirada que penetra los arcanos escondidos de la naturaleza, la firma ocultada de las cosas, las intenciones profundas de la Voluntad cósmica, porque el ser de Jacob ya se baña en una comunión íntima con el Divino.

En 1612, Jacob Böhme comienza a redactar “La Aurora Naciente” para recordar su experiencia espiritual. Pero el pastor protestante calvinista de Görlitz, Martin Moller, miembro de la Rosa-Cruz, que reunió simpatizantes en torno al teósofo no es ya el“Pastor Primarus” de la ciudad. Dejó el lugar a Grégor Richter desde 1606. Éste es un fanático dogmático que va a desencadenar sobre Böhme los rayos de su intolerancia.

Como ocurre a menudo en la historia, el conservadurismo teológico se opone violentamente a las audacias del verdadero pensamiento místico. Con todo, por el ruido del escándalo y la calumnia, el pastor calvinista, queriendo al mismo tiempo denunciar la obra teosofíca de Jacob Böhme va realmente a ser el instrumento principal de la propagación de su mensaje. La obra literaria de Böhme cumple ocho volúmenes, siete escritos los últimos años de su vida: “Los

Tres Principios de la Esencia Divina”, “La Signatura de Todas las Cosas”, “Misterio Magnum”, “Sobre la Eleccíon de la Gracia”, “Cuarenta Preguntas sobre el Alma”, “El Camino hacia Cristo”, “La Triple Vida del Hombre”

Los siete grados de la teología de Jacob Böhme

La teología de Jacob Böhme es una teología del nacimiento de Dios."Yo (ALLAH) era un tesoro escondido, y quería ser conocido, entonces cree a el universo esto para que se Me conociera.", dice la tradición islámica. El nacimiento del Maestro Jesús es, en efecto, un maravilloso símbolo puesto que este nacimiento es a la vez una revelación y una buena noticia. Dios se revela al hombre por su hijo y, según Böhme, el hijo revela el Amor que en el Padre era desconocido. El Avatar manifiesta el deseo del Padre. El Dios que el Hijo revela es en desarrollo de un futuro prometedor, separado de la deidad pura y eterna del Principio. Este Dios se hizo carne en su creación para encontrarse en el consumo del tiempo consciente de sí mismo.

Es en cada uno que debe ahora realizarse esta Gnosis, este nacimiento del Cristo para que se realice el paso de la Nada al Ser, de la Trascendencia absoluta a la Inmanencia. Somos herederos del deseo de autoconciencia de Dios a través del sensible. Y ello, la mística lo realiza por el desarrollo de sus sentidos espirituales y la espiritualización del mundo, para que el Alma Eterna y la Naturaleza Eterna sólo hagan Uno.

Para Böhme, Dios se presenta y se desarrolla según un ciclo septenario que es el ciclo de la manifestación divina. Por ejemplo, encontramos este ciclo septenario en la cosmología de Sri Aurobindo.

Los tres primeros grados del ciclo de la naturaleza eterna se colocan bajo la señal de la cólera de Dios.

En primer lugar la pura deidad sale de sí mismo y aparecen entonces inmediatamente las tinieblas, frutas del deseo. El alma eterna, en primer lugar una respiración, es capaz de sensación.

Es el tercer grado del ciclo septenario, el “gabinete de la angustia”, tiempo de la pendiente a los infiernos de la Pasión o prefiguración de la Pasión del Cristo, que ve el lugar de confrontación de las fuerzas cohesivas y repulsivas, y nos significa que todo nacimiento es, en realidad, un renacimiento y en primer lugar una muerte.
Luego nace la materia del deseo condensado, petrificado, y nace nuestro mundo, Verbo cristalizado. No es el tiempo del Amor, el que triunfará mas adelante con la suavidad.

El cuarto grado de la naturaleza eterna representa la dualidad del Padre y el Hijo.

El séptimo grado reúne la totalidad de la emanación. A este término, los grados no se suceden ya, son simultáneos. Eso significa que se unen el Padre y el Hijo.Entonces, el Hijo enciende la profundidad del Padre. Cuando el ciclo se acaba, que la Luz ilumina la criatura, todo nos parece simultáneo. Es en esta simultaneidad, que esta la imagen de la eternidad, que se manifiesta la unidad de Dios.

Síntesis de la teología de Jacob Böhme

Para sintetizar estos siete grados que conduzcan desde la Nada hasta la Iluminación, podemos decir que toda la teosofía de Böhme explica cómo el fuego se transforma en Luz. El fuego es en primer lugar tenebroso, encerrado en la piedra. Para quemar realmente y proyectar una claridad, es necesario que sea liberado. Y es el relámpago que le permite surgir. Relámpago como el Verbo de Dios (la estrella flamígera en las Logias simbólicas) o un rayo de sol reflejándose sobre un jarro en estaño.

Este fuego devora, absorbe la materia. Es el símbolo del deseo voraz, similar a Cronos que come a sus propios niños. Es un fuego negro, frío y hirviendo como la fiebre que consume el cuerpo.

Al contrario, hay la Luz que se entrega sin compensación y por eso es símbolo de la verdadera vida. La Luz que se da, que se ofrece, simboliza el verdadero deseo, el deseo de Dios. Es la llama de Amor que se eleva hacia Dios y que alimenta la donación total de sí.

El fuego que devoraba se transformó en Luz y el deseo voraz se cambió en este deseo de Amor que es la senda hacia Dios. La aventura del deseo se repetirá en el segundo nacimiento de la criatura.

El nacimiento del Dios de Luz en el ciclo del alma eterna es el modelo del nacimiento de Dios en el hombre. Lo que precedió la teofanía en la esfera de la naturaleza eterna es como una gestación en las tinieblas de una matriz original. Era una fermentación. Ahora bien para Böhme, como para los alquimistas, la muerte es una fermentación, es
decir, una putrefacción que produce la vida. Dios nace como en la obra química.

Los Poderes latentes en el ser humano

He aquí el tema que ocupa la mayor parte de la enseñanza de Jacob Böhme, es el tema privilegiado que eligió tratar y que lo conduce hasta el adelantamiento de los límites del lenguaje. Va bien más lejos que el axioma de la contradicción. Todos los seres se crean en y por el Verbo de Dios y se encuentran reflejados en la palabra humana. Cada cosa posee un “Kraft”, que se traduce en español por un “Poder” o una“Energía”, que está en constante paralelo con el “Kraft” que reside por encima de toda cosa, es decir el Verbo de Dios.

La iluminación de Jacob Böhme

La iluminación de Jacob Böhme se desarrolló en cuatro etapas, durante su vida entera:

A la edad de veinticinco años, se sienta en su habitación y el reflejo del sol sobre un jarro en estaño pulido lo hace caer en éxtasis. Le parece entonces que entiende el fundamento de las cosas. En las plantas y en toda la naturaleza, detecta una divina armonía.

El mismo año, esta primera experiencia se confirma y recibe Luz y conocimiento divino por la observación de la naturaleza sobre la esencia y la virtud de las cosas. Escribe “de SIGNATURA RERUM”. Da las gracias para la alegría de estas experiencias y guarda el secreto.

A treinta y cinco años, su iluminación se continúa, gana en precisión en sus visiones que le dan una impresión de maravillosa Unidad en el Todo. Reconoce su misión de portavoz del divino y escribe para comunicar su Gnosis.

La cuarta etapa es la de su iluminación definitiva y he aquí cómo él mismo la describe: “Yo vi al Ser de todos los Seres, la Superficie y el Abismo; vi también el nacimiento de la Santa Trinidad; el origen y el primer estado del mundo y de todas las criaturas. Vi en mi mismo los tres mundos — el mundo angélico o Divino; el mundo de las tinieblas, el origen de la Naturaleza; y el mundo externo, como una substancia manifestada de los dos mundos espirituales.... En mi interior vi esto muy bien, como en una gran profundidad: pues lo vi directamente en el caos donde todo permanece envuelto, pero no pude hacer revelación alguna. De tiempo en tiempo todo esto florece en mí como el crecer de una planta. Por doce años guardé todo conmigo, antes de poder manifestarlo de alguna forma externa. Hasta entonces, esto se abatió sobre mí, como una carga que mata o que alcanza. Escribí todo lo que pude exteriorizar. La obra no es mía. No soy más que un instrumento del Señor, con el cual Él hace lo que desea”.

Por Michel Gavanier

Extraido de: http://www.scg33esp.org/index.htm

lunes, 26 de marzo de 2012

El fuego y la cruz

Este trabajo pretende hacer una aportación –una más– sobre dos elementos esenciales de nuestro Grado: el fuego y la cruz, y lo haré desde la perspectiva iniciática o hermética, que viene a ser lo mismo; son nombres diferentes para designar el misterio de la regeneración del hombre en este mundo, tan magníficamente expuestos en el Ritual de Caballero Rosa Cruz.

Comenzaré con una cita de san Pablo ( Romanos 6, 5):

«Sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado».

A mi entender es por dos razones básicas, aunque hay más. La primera es porque un hombre con los brazos abiertos que se ofrece al Fuego del Altísimo para ser sacrificado en la muerte iniciática forma una cruz. La segunda es que la madera de la cruz simboliza la naturaleza divina oculta en el cuerpo animal. Madera en latín es lignum , y de este vocablo procede ‘linaje', por lo que esta madera alude al linaje humano, que es de origen noble y debe volver a su estado primero. Nuestro linaje proviene del otro mundo, y allí tienen origen los linajes de este mundo, donde se aplica la sabia sentencia popular: «de tal palo, tal astilla».

Así, todos llevamos nuestra cruz, pero no de la misma manera ni con el mismo objetivo. El hombre que sólo aspira a vivir la vida presente jamás conocerá el perfume de la Rosa alquímica que emana de nuestra cruz y morirá para siempre. El hombre que busca la Palabra perdida en su cruz tiene la oportunidad de encontrarla en esta vida, y vivirá para siempre. A éstos últimos el Evangelio dice ( Mateo 16, 24):

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame».

Al caer en este mundo de exilio, hemos sepultado a Dios en nuestro cuerpo y vivimos de él, por lo que somos usurpadores que han ocupado un trono que no nos corresponde, por eso debemos ceder el paso al Dios que dormita en nuestra cruz. Él es como el fuego que está oculto en la madera, que cuando toma contacto con el fuego exterior, se enciende. Este es el objetivo de toda vía iniciática y comienzo de la Obra de regeneración.

¿Y quién enciende esta cruz humana para regenerarla? Ya sabemos que es el fuego de INRI (3): Igne Natura Renovatur Integra, es decir, ‘Por el Fuego, la Naturaleza es renovada íntegramente'. Naturaleza es otro de los nombres del fuego en su cruz.

En la narración evangélica de la crucifixión está magníficamente oculto este misterio bajo una forma que el literalismo y el historicismo han desdibujado a lo largo de los siglos, dando lugar a penosas formas de idolatría.

Pero la tradición hermética siempre recupera el sentido primero de la historia sagrada, de sus imágenes, narraciones y símbolos, y nos revela que INRI es el fuego celeste que viene en auxilio del hombre caído y se clava en su cruz, como sacrificio del «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» ( Juan 1, 29).

El Dios Altísimo se sacrifica para salvar al hombre, y en esta química sagrada, también seremos sacrificados para que de nuestra muerte iniciática renazca la vida restaurada en su totalidad.

El alquimista Louis Cattiaux escribió a sus amigos en una ocasión: « Creo que debemos consumir nuestra cruz y luego lavarla para extraer de ella la sal».(4) Así pues, de las cenizas herméticas de la cruz se extrae la sal de la vida, que es un cuerpo puro, libre de las impurezas que la invadieron a raíz de la caída, y ésta es la sal de la Sabiduría , llamada «espejo sin mancha de la actividad de Dios» ( Sabiduría 7, 26). He aquí la naturaleza de la cruz humana íntegramente regenerada por el fuego de INRI (5). Todo ha sido consumido, y todo ha sido consumado.

Termino recordando que el fuego siempre está presente en todo lo referido a la divinidad, y en el caso que nos ocupa ello es evidente, pues nuestra regeneración es una operación del fuego divino sobre el humano, como está expresado en El Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux (VIII, 54'):

«El fuego de Dios edifica la vida. El de los hombres la consume. No obstante, la suavidad del segundo puede mani­festar la virtud del primero».

Por esa razón los caballeros Rosa Cruz podemos afirmar: Emmanuel , ‘Dios (está) en nosotros como una primicia que anuncia la edad del hombre nuevo.

Pere Sánchez Ferré

1- Marsilio Ficino, De Amore , Tecnos, Madrid, 1994, p. 68.
2- Douzetemps, Le Mystère de la Croix , Sebastiani, Archè, Milano, 1975, p. 78.
3- INRI, iniciales de Iesus Nazarenus, Rex Iudaecorum , figura en Juan 19, 19-20 (Vulgata).
4- Louis Cattiaux, Florilegio epistolar , Arola editors, Tarragona, 1999, p. 74.
5- Sobre el fuego de INRI, véase Emmanuel d'Hooghvorst, El Hilo de Penélope , vol. I, Arola editors, Tarragona, 2000, pp. 154, 202 y 215.

Trabajo extraido de la revista Zénit del Supremos Concejo del grado 33 para España : http://www.scg33esp.org/zenit