jueves, 7 de septiembre de 2017

Libro: INICIACIÓN ROSACRUZ

Les presentamos una nueva obra de Victor Cross. Mucho se ha hablado sobre los Rosacruces, de sus secretos y poderes. Pero lo cierto es que el acceso a esta organización continua siendo un misterio para la mayoría. A través de este libro se expone de forma clara el camino de la Rosacruz. La Iniciación representa cada uno de los pasos por los que el ser humano asciende hasta la autorrealización. Algo que va más allá de lo meramente psicológico.
 
            Podrá además conocer los pormenores para acceder a cada uno de los grados de esta Orden, tanto de los Misterios Menores como de los Mayores. En qué consiste cada uno y cuáles son los requisitos y entrenamiento para lograr llegar a ser un autentico Rosacruz.
 
            Este es un trabajo único que aglutina por primera vez una información dispersa y sobre todo oculta, que facilita al estudiante espiritual los pormenores para ascender por el difícil sendero de esta arcana organización, que representa la Escuela Esotérica y de Misterios por excelencia de Occidente.

Extraido de:  http://dsdeditions.blogspot.com.es

lunes, 4 de septiembre de 2017

Música y esoterismo

A lo largo de los tiempos, el mundo casi siempre fue un lugar encantado. Sin embargo, a medida que los valores materiales y racionalistas fueron cobrando preponderancia, los valores espirituales desaparecieron en proporción directa. Una vez desarraigado el mundo de los símbolos, las manifestaciones artísticas quedan aisladas del mito y de la concepción sacramental.
Tradicionalmente, los artistas han utilizado el arte como un medio material para alcanzar unos fines espirituales. Muchos sociólogos no dejan de señalar el hecho de que nunca se ha tenido noticia de una sociedad humana que viviese ajena a la idea de un orden sobrenatural o de unas fuerzas místicas regidoras de los sucesos cotidianos. En cambio, la sociedad occidental que surge a partir de la Revolución francesa, contraria, según la concepción científica del mundo, al reconocimiento de cualquier experiencia imposible de ser probada racionalmente, se propone desacreditar lo místico, convencido de que el hombre ha de prescindir de tal “sobrecarga”, de que ha de afrontar la realidad sin ningún tipo de superstición.
Que tal actitud no es propia de la condición original del hombre lo demuestran Max Weber y Emile Durkheim cuando afirman que el impulso religioso, lejos de ser una superestructura o una ilusión, es necesario para el funcionamiento de la sociedad y, además, constituye un mecanismo de integración indispensable. Alexis de Tocqueville llega a escribir: “Los hombres no pueden abandonar su fe religiosa sin que se produzca una aberración de la razón y una especie de violación de su verdadera naturaleza, de manera que la incredulidad será un accidente y la fe el único estado permanente del hombre”.
El surgimiento en los últimos años del siglo XIX de diversas doctrinas y enseñanzas de signo místico, propicia la recuperación de los ideales espirituales. Las letras, las artes y la música se benefician del auge de tales corrientes. Ya el filósofo y fundador de la Antroposofía, Rudolf Steiner, intuía, a inicios del siglo XX, que “el desarrollo de la música del futuro tendería hacia la espiritualización, e implicará un reconocimiento del carácter especial del sonido como ente aislado”. Steiner parecía comprender con lucidez que la suya era una etapa histórica en la que la materia sonora estaba llamada a jugar un papel preponderante en el discurso musical occidental.
En la música, la recuperación del mito y los valores espirituales, además de la búsqueda de una irracionalidad típicamente prerrenacentista, empieza a vislumbrarse con Claude Debussy (lo sobrenatural, en la ópera Pellèas et Mélisande, el deleite por el sonido mismo) y encuentra en la Rusia prerrevolucionaria una figura altamente singular: Alexander Scriabin. La idea wagneriana de convertir el teatro en un templo es la preocupación mayor del Scriabin influido por el teosofismo promulgado por la doctora H. P. Blavatsky. El músico, en las notas que preparara para su obra inacabada El acto previo, nos deja constancia de su interés por la construcción de un templo en la residencia de Teosofía de Madrás, en la India. La obsesión de Scriabin por la representación de un Misterio (síntesis de sonidos, danzas y colores) proviene de su continua búsqueda de un espacio nuevo, algún particular Bayreuth, en el que le fuera posible al compositor llegar a la consecución final de toda alquimia espiritual: la integración cósmica, la regeneración del mundo entero y todas las criaturas espirituales en éxtasis. Aunque Madame Blavatsky nunca menciona en sus libros (“Isis sin velo, “La doctrina secreta”) el término éxtasis, Scriabin lo emplea intentando plasmar en él su idea de síntesis divina capaz de englobar todo el Universo en el instante último del ser: “El éxtasis es una cima”, dice el compositor. En tanto que pensamiento, el éxtasis es síntesis absoluta; en tanto que sentimiento, el éxtasis es placer infinito y bajo esta forma espacial, el éxtasis es manifestación extrema y, a la vez, destrucción”). Todo el programa doctrinal de la Sociedad Teosófica figura inscrito en la portada de la partitura de Prometeo: el Poema del Fuego. En el dibujo, original de Jean Deville, son perceptibles la serpiente Uroboros (el equivalente del andrógino celeste, el despertar a la vida consciente), la cola del Uroboros (la sustancia primordial, el caos) y la excrecencia o llama entre los ojos (el “tercer ojo” u órgano de la clarividencia). Por su parte, la flor del dibujo equivale, en la psicología mística hindú, al sexto chakra o “centro espiritual”. Con la obra Prometeo, pretendía Scriabin llevar a la práctica lo que se conocía en el siglo XIX como Ley de la Analogía Universal o Teoria de las Correspondencias, tan afín a todos los alquimistas, ocultistas y rosacruces célebres (Lulio, Paracelso, Boehme, Fludd, Swedenborg) y presente, incluso, en la obra de algunos intelectuales del XIX: Balzac, Baudelaire, Nerval, Poe y el ruso Andrei Biely. De la teoría de las correspondencias o ley que rige todo el Universo, el microcosmos y el macrocosmos, deduce Scriabin que la verdadera sustancia de los estados de conciencia es la Vibración: “Las cosas se distinguen entre sí por el grado de intensidad de su actividad, es decir, por el número de vibraciones en una unidad de tiempo dada”. Las dos bases que sostienen, en particular, la obra Prometeo (la Armonía Universal y la Vibración) conducen finalmente al músico a establecer una correspondencia entre los sonidos y los colores bajo la forma conocida como “sinestesia” o audición “coloreada” que, por cierto, como fenómeno de la psicofisiología de la percepción, tendrían que diferir sus efectos según la sensibilidad de cada individuo.
La correspondencia entre los sonidos y los colores ocupa buena parte de las obsesiones de Ivan Wyschnegradsky, el fiel seguidor de las ideas de Scriabin. En la soledad de su vida de anacoreta en la ciudad de París, Wyschnegradsky pretendía establecer, paralelamente a la escala cromática de los doce sonidos, y en una organización circular, una escala gradual basada en doce colores diferentes. Al igual que el autor de Prometeo, Wyschnegradsky imagina la creación de una macroobra, a modo de acto supremo, a celebrar en un templo, con la intención de unir todas las artes y provocar el encuentro redentor capaz de reanimar las fuerzas de la consciencia cósmica escondida en lo más profundo del ser humano.
A las ideas de Wyschnegradsky, Nikolai Obujov añade una componente poética. También exiliado en París en los años veinte, Obujov se siente imbuido de un profundo misticismo que acaba en una fuerte crisis de fe cristiana de la que son testigos los títulos de las obras de ese período: El libro de la vida, El rey del mundo ha venido, La paz para los reconciliados. Como en la Rusia ortodoxa, domina en él la idea de que las imágenes religiosas son regalos del cielo y no obra de los humanos, terminando por considerar su propias obras como “tablas de símbolos y formas para el culto” y a él mismo como “revelador” o “comunicador”, y nunca como autor, de las distintas secciones de sus partituras.
El encuentro de Ferruccio Busoni con Scriabin en San Petersburgo el 18 de Noviembre de 1912 coincide con la época en que el autor del Doktor Faust se siente más atraído por el ocultismo. De cualquier forma, en todo ese tiempo brilla por su ausencia en el pensamiento musical de Busoni influencia alguna de las ideas del músico ruso. Al compositor y teórico de Trieste le interesa sobre todo la posibilidad de usar la clarividencia con el fin de penetrar en los misterios del tiempo, conocer el futuro, pero también el remoto pasado. La hipótesis de Busoni sobre la omnipotencia del tiempo se resume en la propia intención: “Resolver la dualidad muerte-eternidad: el futuro está en el pasado y viceversa, la evanescencia del presente está abolida, pues el presente se halla en todas partes al mismo tiempo; el aquí y el ahora tienen lugar a la vez que sucedió hace un billón de años-luz”.
El acercamiento al ocultismo por parte de Busoni es mucho más distante que el de otros compositores contemporáneos, inmersos en una época, la de principios del siglo XX, que está fuertemente marcada por las experiencias espirituales, por las sugestiones de la hipnosis. En su actitud objetiva, a Busoni lo que más le importa es penetrar en el alma de las figuras míticas de su devoción (Leonardo Da Vinci, Dante, Fausto). Para Busoni se hace necesaria la contemplación del mundo absoluto, de la música ´”más allá del Bien y del Mal”. Prima, pues, la idea fija, la misma que vertebra su obra magna, Doktor Faust: la intercambiabilidad de lo divino y lo humano.
Como Busoni, Edgar Varèse se aproxima al esoterismo de una manera objetiva. Acerca de los fines encantatorios de la música contenida en su pieza Arcana, donde incluye una mención muy particular a España, Varése escribe: “La música encantatoria crea una especial expectación en el oyente, quien espera la presencia de un elemento mágico”. El texto del compositor continua así: “El sentido profundo de la encantación reside en el hecho de que el receptor no piensa ya en sí mismo. Es una fuerza que atrapa y enciende como en España los toros o el catolicismo. No se puede resolver por sí misma la encantación; más bien culmina en la desmaterialización. La música es a la vez el arte más abstracto y el más físico”. Parece demostrado que Varèse es el único compositor de renombre influido por las ideas que promulgara en el siglo XIX Joseph Wronski. La Ley de la Creación de Wronski se puede emparentar con las formas arquetípicas de Platón. Según Wronski, “el complemento necesario de esta ley de Creación es la Ley de Progreso, según la cual el mundo se desarrolla fuertemente por las actividades del género humano. La Ley de Creación se manifiesta en todos los campos científicos y artísticos como un conjunto de principios universales; la Ley de Progreso controla los problemas universales en cada uno de los campos”. Las masas sonoras dispuestas por Varèse en piezas como Amériques, Arcana o Déserts, en continua expansión, en perpetuo desarrollo orgánico y que dan la sensación de provenir de los mismos confines del Universo, parecen corresponder a las teorías de Wronski. Más allá de Wronski, se sabe que Varèse era un gran admirador de los alquimistas del Renacimiento, en especial Paracelso. Y se sabe también que el músico llegó a estudiar con atención los principios de la astronomía hermética, de la que extrae importantes aplicaciones para su obra, aplicaciones que estimulaban su imaginación: “El arte no se origina en la razón. Un exceso de razón es mortal. La belleza no  proviene de una fórmula. Es la imaginación la que da forma a los sueños”. Como los alquimistas, Varèse pretendía la transmutación de los elementos puestos en juego. Cada célula sonora de su música obedece a los principios expresados por Paracelso, pero también por Kepler y Leonardo: los sonidos se someten a un proceso de diferentes tensiones y funciones de gravitación. Varèse no desarrolla ni transforma los materiales sonoros, los transmuta. A este respecto, es interesante observar que, siendo aún alumno del Conservatorio de París, Varèse escribió un par de obras de escaso calado, hoy perdidas, cuyos títulos son: Tres piezas para orquesta y Le fils des étoiles, a partir de textos preparados por el “Sar” Peladan, el rosacruciano y ocultista amigo de Satie.
Erik Satie encuentra al “Sar” Peladan en el café “Le chat noir” justo en el momento en que éste último está a punto de crear su particular “Ordre de la Rose + Croix Catholique”. Satie es nombrado músico oficial de la Orden, para la que compone Le fils des étoiles y Les sonneries de la Rose + Croix. El “espécimen social perfecto de decadencia“, con que fuera calificado el “Sar” Peladan, ejerció, al parecer, una influencia notable sobre Satie. Pero, ¿quién era el  “Sar” Peladan?. Se le ha llamado “artista compulsivo, cuya mayor creación fue su propia personalidad”. Hijo del director de una publicación de tipo religioso y literario de Lyon, Joseph Peladan se sintió impulsado hacia el estudio del ocultismo por su hermano mayor, Antonin Peladan. Tras su asociación con el ocultista Stanislas de Guaita, Peladan decide revivir el rosacrucismo y escribe a renglón seguido el libro “El Vicio supremo”, forma una nueva agrupación de signo rosacruciano, se autonombra “Sar” y acude al festival wagneriano de Bayreuth donde, en 1888, la contemplación de Parsifal le supondrá una especie de revelación. Peladan, a continuación, viaja a Tierra Santa; allí, según sus biógrafos, “…hace un descubrimiento tan asombroso que, de haberse dado a conocer en otra época, hubiera sacudido los cimientos del mundo católico”. Peladan confesó haber hallado la auténtica tumba de Jesús en la mezquita de Omar. A su vuelta a París funda la Orden de la “Rose + Croix Catholique du Temple et du Graal” y abre el salón de exposiciones “La Rose + Croix”. Cuando el salón cierra sus puertas, ya Satie se ha independizado del “Sar” y se ha decidido por fundar, junto a Jules Bois, la revista “Le Coeur”. Bois, antiguo rival de Peladan y autor de conferencias acerca de los misterios de todos los tiempos, es el autor del drama esotérico La porte héroïque du Ciel, para el que Satie compuso su célebre Preludio. En el seno de la misma revista “Le Coeur” será donde Satie publique su opúsculo “Epître aux artistes catholiques”, seguida de la sexta de sus Gnossiennes. En el último número de la revista llegará a incluir extractos de “La Doctrina Secreta”, de Madame Blavatsky.
Con la fundación de su propia capilla, la “Église metropolitaine d’art de Jésus Conducteur”, Satie manifiesta con mucho mayor fanatismo su interés por el esoterismo. Fiel imitación de la del “Sar” Peladan, la iglesia de Satie pretendía desvelar los secretos del ocultismo. Pero la realidad fue bien distinta. Satie da vía libre a todo un rosario de insultos a sus enemigos (dogmas rigurosos y que hoy parecen extravagantes, como la misoginia: “Los responsables de la decadencia estética y moral serán excomulgados” (…) “la mujer es un animal impuro”) y ofrece algunos relatos de propia invención poco verosímiles, todos expresados en el cuadro de una piedad católica exaltada. Sin embargo, restos de su interés por el rosacrucismo son observables en el Satie posterior, el volcado hacia el lado más humanístico de la composición musical. Sabemos que obras como Sarabandes, las Gymnopédieso los Morceaux en forme de poire están formados por conjuntos de tres piezas. El número 3 revela en estas obras una existencia secreta, gracias al papel preponderante atribuido al intervalo de sexta. Evidentemente, el intervalo de sexta no resulta de la superposición de dos “terceras”, pero el 6 se sobreentiende que es la suma de 3 y 3. Ello equivale al signo de una superstición en torno al símbolo numérico. Se ha demostrado que Satie consideraba el simbolismo del número 3 en relación con una manera particular de componer y escuchar la música. Ejemplo claro de actitud mística, por otra parte, la obra Vexations (concebida como una especie de carta zodiacal de acordes de sexta y de cuarta aumentada) consiste en 840 repeticiones de un mismo motivo. La pieza, según el autor, “debe interpretarse en el más absoluto silencio e inmovilidad” y está destinada a “conservar una disciplina interior”. El simbolismo “trinitario” de la secta Rosacruz alimenta toda esta serie de creaciones musicales de Satie. El uso del número 3 evidencia el culto rosacruciano de la tercera persona divina. Las reglas de la Orden exigen el juramento de tres votos, distinguiéndose tres grados (Ecuyeurs, Chevaliers, Commandeurs”), tres tipos de actividad y tres cualidades “ortodoxas”: belleza, caridad y sutilidad.
El 2 de Marzo de 1892, el mismo año en que Satie y Debussy se conocen, la revista “Le Saint Graal” anuncia que el Thétrae de l’Art ofrecerá en breve Las bodas de Satanás original del satanista Jules Bois (el mismo editor de “Le Coeur”) acompañada con música compuesta por Claude Debussy. No obstante, Debussy, mediante una carta no tarda en excusarse amablemente ante Bois declinando la invitación en razón de la falta de una orquesta adecuada para la representación. El primer encuentro de Debussy con Jules Bois tuvo lugar en la librería regentada por Edmond Bailly, uno de los más fieles seguidores de la doctrina teosófica de Madame Blavastky en la Francia de finales del siglo XIX. “L’Art Indépendant”, la librería fundada por Bailly en 1885, jugó un papel principal en la propagación de las ideas esotéricas, pero también artísticas, en el París finisecular. Allí, no lejos de la Ópera, estetas, simbolistas y ocultistas se daban cita para editar y divulgar sus obras, comprar libros o escuchar música. Era del todo normal encontrar en la librería de Bailly a personajes como Baudelaire, Villiers de l’Isle Adam, Odilon Redon, Pierre Louys, Mallarmé o Toulouse-Lautrec. Debussy, uno de los más asiduos visitantes, solía ir a veces acompañado por su amigo Erik Satie. Sin ninguna duda fue en aquel ambiente donde Debussy debió tomar contacto con las formas musicales provenientes de Oriente. Hay que tener en cuenta, al respecto, que el cantante hindú Nagenda Nath Ray, amigo de Bailly, amenizó con sus actuaciones buena parte de las reuniones que en 1896 hubo en “L’Art Indépendant”. El interés de Debussy por el mundo esotérico se desarrolla más exactamente fuera del ambiente de la librería. En 1885, viviendo en Roma, Debussy solicita por carta a la librería “Baron” los títulos “Rose + Croix”, de Albert Jounet y “Le chemin de la Croix”, de Charles Morice. Más adelante, en 1912, Debussy firmará un contrato con el mismo Morice para una versión en tres actos de “Crimen Amoris”, de Paul Verlaine. El poeta ya había mencionado este “Misterio” en 1881 a su cuñado, Charles de Sivry, un músico bohemio que llegó a tocar, como Satie, en el “Chat noir” y, como tantos en aquella época, se confesaba apasionado del ocultismo, la cábala y la alquimia. Fue a través de su amistad con Sivry como Debussy tuvo acceso al mundo esotérico en su juventud. El interés del autor de La mer por los temas propuestos en el “Axel”, de Villiers, el “Pèlerin d’amour”, de Michelet o en el “Drame cosmogonique”, de Blanche, para adaptarlos al pentagrama y el empleo de la “sección áurea” muestran que la simpatía de Debussy por el esoterismo no se apagó con el transcurso de los años. A partir de Ariettes oubliées es perceptible, en efecto, un uso casi sistemático de la “sección áurea”, sin duda debido a la influencia que sobre él ejerciera el artículo de Charles Henry “L’introduction à une esthétique scientifique”, aparecido en 1885, en la que el autor hace una relación de los artistas y creadores (Da Vinci, Poe, Rameau) interesados en las correspondencias entre las artes y la “Divina Proporción”, es decir, la llamada “sección áurea”. Nos interesa, en este momento, conocer al menos una síntesis del sistema filosófico que sostiene el pensamiento de Henry, toda vez que casa perfectamente con el ideal musical de Debussy: “Sólo hay dos maneras de considerar las cosas –dice Henry-, estudiarlas según su transformación, sus leyes y sus causas, o sea, objetivamente: ese es el fin de la Filosofía Natural, o bien representar las cosas en relación con nosotros mismos –tristes o alegres, agradables o desagradables, bellas o feas-, es decir, subjetivamente. Ese es el fin del Arte. Aún no existe una estética de los sabores ni los olores, ni de las artes que las corresponden; las cosas estéticas se reducen, pues, para nosotros, a formas, a colores y a sonidos”.
La ciudad de Viena participa también de esta oleada de entusiasmo por la mística y las ciencias ocultas que invade muchos de los centros intelectuales europeos del primer tercio del siglo XX. De entre los libros que circulaban por la capital del Imperio dedicados al esoterismo, los consagrados a la astrología, con sus dosis de psicología práctica, cálculo aritmético y sistemas de predicción, eran los que más llamaban la atención de la élite. El auge de la astrología, pero también del movimiento teosófico, encuentra en los músicos de la Escuela de Viena un ambiente especialmente receptivo. Alban Berg, el más abierto de carácter, es presa fácil de las teorías que acerca de los biorritmos diera a conocer el doctor Wilhelm Fliess. Según Fliess, en lugar de 23 ritmos periódicos al día, cada persona tiene en realidad 9 ó 10 “controles cíclicos”, todos causados en virtud de la situación de los planetas y las estrellas, lo que incide de manera sutil, pero aritméticamente fácil de predecir, en los cambios de comportamiento de los seres humanos. Berg asimila hasta tal punto la teoría de Fliess que llega a considerarse dentro de ese reducido grupo de personas para las cuales el concepto del Número deja de ser entendido como elemento de cálculo para constituirse en dato fundamental, fuente de inspiración y arquetipo. En otras palabras, la mentalidad de Berg se encontraba predispuesta a favor de la fascinación que la numerología y la astrología, en forma de biorritmos y de números primos, ejercía de manera evidente sobre el artista moderno. A este respecto, la superstición del compositor hacia el número 23 se hace especialmente representativa. El número 23, en efecto, está estrechamente ligado al destino personal de Berg. Coincide, por ejemplo, su primer ataque de asma en un 23 de Julio, aunque jamás se ha averiguado si tuvo lugar en 1900 o en 1908, cuando el músico contaba precisamente 23 años de edad. En su mismo lecho de muerte, Berg estaba firmemente convencido de que moriría un día 23, o al menos de que ese día habría de resultar decisivo. Sabemos que el músico murió justamente antes de medianoche de un 23 de Diciembre. Veinte años antes, en 1915, Berg escribía en una carta a Schönberg: “El número 23 posee una gran importancia para mí. Ya han sucedido diversos casos en los que me he topado con ese número”. Berg se siente tan obsesionado por el 23 que hasta lo encuentra en las fechas de las cartas que le manda Schönberg, e incluso llega a comprobar el coste de algunos telegramas. Le escribe a Schönberg: “Tu segundo telegrama costó 11, 50, es decir, el resultado de multiplicar 50 por 23”.
Oskar Adler, en la carta astral que le hace a Berg, ya le advierte de la fuerte presencia del número 23 en su vida. Adler, el astrólogo que tanto predicamento tuviera entre la intelectualidad vienesa, influirá, por otra parte, en Schönberg de tal modo que éste pondrá a su hijo el nombre de Ronald (el anagrama de Arnold), según él, “por razones astrológicas”. La resonancia del número, del símbolo, halla “campo abonado” en una sensibilidad tan impresionable como la de Berg, quien inserta pistas de tipo subliminal en la ópera Lulu (“Alwa” – Alban, “Sr. Schön” -berg) y en la Suite Lírica (el cuarteto de cuerdas, como se sabe, se basa en una serie que comienza en FA –en alemán, F- y termina en SI –H en alemán-; F y H coinciden con las iniciales de Hanna Fuchs, la amiga de origen checo del compositor. El motivo conductor de la obra acoge las iniciales del nombre de Berg y el de la propia Hanna (A/B, H/F = LA/SI bemol, SI/FA). En Wozzeck, pone Berg en práctica su obsesión por el simbolismo de los números, y en particular en la Escena Cuarta del Acto Primero, por el número 7 (el tema de la passacaglia, de siete compases, contiene 21 variaciones –3 por siete-). Para Mosco Carner, uno de los biógrafos de Berg, la significación del 7, un “número santo” (que volveremos a encontrar en la Escena de la Biblia Acto tercero, Escena Primera del Wozzeck), se le escapa totalmente y lo asocia con algún significado de tipo personal. Más modernamente, Harry Halbreich, en la frase pronunciada por Wozzeck en la misma Escena Cuarta (variación duodécima: “Círculos de líneas, figuras… ¡Quién pudiera descifrarlos!”), observa el trazo de un círculo en el pentagrama. El canto de Wozzeck dibuja todo un sistema geométrico de progresiones ascendentes (“Linien, Kreise, Figuren”) y descendentes (“Wer das lesen könnte”), mientras la orquesta (celesta, arpa, dos violoncellos) traza un diseño circular de una armonía similar en cinco tempos diferentes. Por su parte, Geoffrey Poole llega a comparar semejante procedimiento con la estructura del sistema solar.
Cuando en 1915 Berg confiesa a Schönberg su obsesión por el número 23, el autor del Pierrot lleva ya tres años en plena crisis espiritual. Schönberg, desilusionado ante el mensaje poco convincente de las religiones reveladas, considera que después de haber formulado la idea inexpresable de Dios, una doctrina como la cristiana se convierte en caricatura de sí misma, en una esclavitud y un nuevo fetichismo. Por tanto, se decide por la enseñanza teosófica, tan en boga en aquella época, como ya hemos visto. H. H. Stuckenschmidt, que reconoce no haber hallado ninguna prueba fehaciente en la biblioteca personal del músico de que éste hubiera leído las obras de H. P. Blavatsky o los escritos antroposóficos de Steiner, recoge en su biografía sobre Schönberg la opinión que Walter Klein expresara en su artículo “El elemento teosófico en la concepción del mundo de Schönberg”. Para Klein es la actitud interior la que hace al teósofo; la fe forma parte de esa espiritualidad y, al mismo tiempo, es la que conduce el camino del hombre a través de innumerables reencarnaciones hacia formas cada vez más elevadas de existencia.
Las composiciones La escala de Jacob y La mano feliz se ven impregnadas del tono de crisis espiritual en la que se hallaba el músico, justamente cuando acaba de tomar contacto con la novela mística de Balzac “Jeraphita”, con el “Inferno” de Strindberg y los textos visionarios de Swedenborg. “Llevo un tiempo pensando en escribir un oratorio –revela Schönberg a su amigo, el poeta Richard Dehmel- cuyo tema sería el siguiente: el materialismo y el socialismo han llevado al hombre a un estado de ateísmo y anarquía, aunque conserva en su profundo interior un vestigio de fe (en forma de superstición): el hombre moderno combate contra Dios (como demuestra “El combate de Jacob”, de Strindberg) y acaba por descubrirlo y por recuperar su fe. ¡Aprender a rezar!”. Curiosamente, la organización de La escala La mano feliz, su plan extramusical, guarda más de una relación con las ideas místicas de Scriabin. En la particela de La escala de Jacob, Schönberg hace mención a la disposición del material (“Al coro y a los solistas que irrumpen en un principio sobre la tarima del escenario se les añadirán luego otra sección coral y la orquesta desde posiciones más lejanas a los espectadores, de modo que al final la música se expande sobre la sala desde todas partes”), una disposición, como se aprecia, que hubiera firmado el mismo Scriabin. Tampoco a Schönberg se le escapa el recurso a las correspondencias de los colores en la elaboración de La mano feliz. A una cuidada gradación cromática, Schönberg agrega en esta obra una serie de símbolos de difícil interpretación, como el animal fabuloso, semejante a un gato, colocado, según relata Stuckenschmidt, “en la nuca del hombre, o en las cabezas de turcos cortadas que cuelgan de su cinturón”.
Si el número 23 supone para Berg motivo de superstición, el 13 será la causa de no pocas inquietudes en la vida de Schönberg. En la página 13 del Concierto para violín aparece escrito en tinta china: “Aquí me detuve, cuando me faltaban 29 compases que solo estaban esbozados, y tuve que meterme en cama el 15 de Septiembre (de 1935). Página 13. Arnold Schönberg”. A pie de esa misma página escribe: “Nadie se va a creer que cuando anoté en la partitura el compás 222 pensé lo siguiente: esta vez no me he confundido en la numeración de los compases, y más tarde pensé: bueno, se acabó. Un minuto más tarde descubrí que en el compás 223 me había olvidado de anotar el número ¡en la página 13! ¡justo donde me había interrumpido!”. En otra página anterior del original, Schönberg pudo comprobar que 169 (el número del compás recién escrito) era el resultado de multiplicar 13 por 13. Schönberg, que murió, recordemos, un día 13 de Julio del año 1954, nos da otra prueba de su superstición cuando el título de su ópera lo escribe en contra de la ortografía tradicional, Moses und Aron. De la otra forma (“Aaron”), el titulo hubiera tenido 13 letras…
El interés por el esoterismo mostrado por estos músicos de principios del siglo XX no se debe a un instinto escapista, sino a la profunda convicción de que, solamente por medio de la exploración integral de nuevos campos estéticos, se podía llegar a alcanzar una expresividad que no siguiera los patrones sobre los que se rigiera el pensamiento posromántico. No puede sorprender, por tanto, que artistas tan aparentemente dispares como Kandinsky, Klee, Mondrian, Gropius o los compositores Zemlinsky, Berg o Schönberg en Viena, Scriabin en Moscú, Satie en París o, incluso, Gustav Holst en Londres, estuviesen tan firmemente atados a disciplinas que, como la astrología, la literatura gnóstica o la frenología formaban en realidad parte sustancial del arte moderrnista. En las mismas ideas promovidas por Elena Petrovna Blavatsky está ya implícita la necesidad de crear un nuevo arte. Los principios de la, así llamada, “nueva era”, se derivaban tanto de fuentes hindúes (la creencia en el karma, en la reencarnación) como de las posibilidades que ofrecía el entonces balbuciente movimiento socialista. El talante progresista de la Teosofía, mostrado con profusión en los volúmenes “Isis sin velo” y “La doctrina secreta” y en los artículos aparecidos en el “Theosophical Journal” de Londres, ejercen, en efecto, y como hemos comprobado, una más que notable influencia en la Europa de finales del XIX y principios del XX. La lucha del artista por salvar al lenguaje del cliché al que se hallaba sometido, es la misma que impulsa a Blavatsky cuando, al fundar la Teosofía, quiere contrarrestar la incapacidad de las iglesias cristianas por transigir ante el darwinismo y el materialismo científico. Blavatsky intenta algo diferente: “Salvar las verdades arcaicas que son la base de toda religión y mostrar que el lado oculto de la naturaleza nunca ha sido considerado por la ciencia y la civilización modernas”. En la reconsideración de los valores culturales occidentales, la Teosofía recupera la tradición y el pensamiento hindúes y pone la mirada en una serie de temas que, secularmente, han sido rechazados por Occidente: la astrología, la gnosis, la danza sagrada, las mitologías no europeas… El que a partir de los últimos años del siglo XIX comience a proliferar en la música occidental el gusto por el color instrumental y aflore el inconformismo hacia la actitud burguesa que, a toda costa, desea salvaguardar el canon de belleza clásico “a la europea”, demuestran que revolución musical (dodecafonismo, escala de tonos enteros, microinterválica, el “acorde místico”…) y esoterismo se encontraban ligados por una finalidad común: dinamitar las conductas de apoltronamiento y sentar las bases para la expansión de la Nueva Música. Hoy seguimos bebiendo en esas fuentes.



Francisco Ramos
 


Extraido de:  http://www.sulponticello.com/musica-y-esoterismo/#.Wa1E4bLyjIV

viernes, 23 de junio de 2017

¿Qué es una Escuela Esotérica?


Por Alice A. Bailey

En la actualidad existen muchas escuelas, supuestamente esotéricas, que son relativamente modernas y se establecieron durante los últimos sesenta años. No me refiero a esa Escuela Esotérica que siempre ha existido y que está presente en todas partes del mundo, que ni posee un nombre determinado, ni está representada por una organización exotérica, ni tiene directores. Esta única y verdadera Escuela, ha llenado siempre la necesidad de esos buscadores que - a través de las épocas - han solicitado ser admitidos en los misterios, y lo han logrado después de cumplir con los requisitos. Me refiero, en cambio, a las innumerables escuelas místicas, metafísicas, teosóficas, rosacruces y a las órdenes ocultas, que existen en todas partes. Tales organizaciones están compuestas por personas que poseen una devota intención espiritual, que están animadas por grandes aspiraciones, y que se reunen alrededor de un instructor y de ciertas enseñanzas. El instructor imparte su interpretación personal de la enseñanza académica ocultista y acentúa la necesidad de hollar el sendero y lograr la pureza y formación del carácter, adoptando por lo general la posición de única y máxima autoridad.
Esta etapa, en la historia del esoterismo, ha sido un buen trabajo de preparación, porque presentó al público la naturaleza de la doctrina secreta, la enseñanza esotérica y el gobierno interno del mundo. La realidad de la existencia de los Maestros de Sabiduría - que trabajan con la Jerarquía planetaria bajo la dirección de Cristo - ha sido ampliamente difundida, ya sea en términos de la teosofía ortodoxa y de las conjeturas metafísicas hindúes, o bajo la terminología cristiana. Ya se ha impartido mucho conocimiento. El complicado proceso de la creación divina y la consiguiente manifestación de Dios, constituye un gran estímulo para el desenvolvimiento mental, pero con frecuencia trae muy poca comprensión. Las Escuelas esotéricas se ocupan de desarrollar la comprensión. Han difundido últimamente ciertas reglas elementales destinadas, en primer lugar, a purificar la naturaleza emocional o de deseos; han tratado extensamente temas como la diversidad de planos, los fuegos creadores y la diferenciación de la sustancia, así como los diversos septenarios que condicionan la vida, la conciencia y la forma. ¡ Nada de esto es enseñanza esotérica! Han enseñado la devoción a los Maestros, pero presentándolos inadecuadamente. Expresando que tales Maestros se interesan especialmente al instructor del grupo, y a los amigos personales del instructor, con frecuencia se les dice que el Maestro, los ha aceptado en en el círculo interno de sus discípulos. Dentro de estos grupos se erige, casi sin excepción, un círculo íntimo de adherentes, devotos del instructor, quienes lo obedecen ciegamente así que a los supuestos mandatos del Maestro, transmitidos por su intermedio, violando así la ley oculta de que un Maestro no debe dar órdenes, ni esperar obediencia. Por lo general, los grupos esotéricos son organizaciones herméticas, con miembros seleccionados; que fomentan un malsano sentido de misterio y presentan únicamente a medias esas verdades, que sirven sólo al propósito de testimoniar la existencia de lo real.
Por lo tanto, no existe hasta ahora una auténtica escuela esotérica. Su formación es todavía una esperanza - esperanza que ha llegado a la etapa en que puede hacerse la debida preparación para su establecimiento.
Lo antechido no constituye una condenación al servicio lealmente prestado, pero sin inspiración. Los estudiantes deben saber que las Escuelas con las cuales están familiarizados son de carácter preparatorio únicamente, teniendo de muchos fallos, basados en la debilidad o fortaleza de los instructores que las fundaron; en consecuencia, prepondera el énfasis en la personalidad, la exigencia de lealtad y la errónea interpretación y aplicación de la enseñanza. No obstante, han sido jalones útiles para el futuro.
En verdad, aún no la llegado el momento de establecer verdaderas escuelas esotéricas. La humanidad no está aún preparada. Sin embargo, actualmente, hay muchas personas inteligentes que justifican la formación de escuelas de entrenamiento más avanzadas, que sentarán las bases para las futuras escuelas, que irán apareciendo de acuerdo a la Ley de Evolución. Las escuelas esotéricas no son una excepción en el proceso evolutivo, aparecen siempre como respuesta a la demanda de la humanidad y cuando su desarrollo mental lo requiere. En los próximos setenta años, se fundarán las nuevas escuelas. Las actuales deben empezar a renovarse, abandonar lo no esencial y aislar las verdades realmente esotéricas, para tener una clara visión del objetivo del entrenamiento esotérico, lo cual aún no se ha hecho. Debe conocerse la disciplina a la que se someterá el neófito en el futuro, y también impartirse las técnicas correctas; todo ello elevado a un nivel superior, del alcanzado en el presente. La enseñanza tiene que independizarse de su actual tendencia teológica y pronunciamiento autocráticos. Las numerosas escuelas ocultistas internas y las diversas secciones esotéricas, han sido, desgraciadamente, culpables de los pronunciamentos dogmáticos.
Más adelante aparecerán instructores que tendrán una verdadera comprensión de la naturaleza espiritual de la autoridad, que no se basará en pretensiones, ni en el misterio, sino en una vida vivida de acuerdo con los ideales más elevados y en la presentación de una enseñanza que evocará el respeto y la respuesta intuitiva del discípulo. El instructor del futuro señalará simplemente el camino, lo recorrerá con el discípulo, y destacará las antiguas reglas, pero con una nueva interpretación, y no (como sucede con frecuencia) colocándose entre el grupo y la luz, o entre el aspirante y el Maestro.
Estas Escuelas preparatorias ya están en proceso de formación, y la fundación de la Escuela Arcana, en 1923, fue parte de este esfuerzo espiritual. A principios del próximo siglo surgirá, de dichas escuelas, la primera verdadera Escuela de Iniciación.
Hasta la fecha, las llamadas escuelas esotéricas se ocuparon de los aspirantes que están en el Sendero de Probación o Punficación. Las que ahora se forman, como la Escuela Arcana, se ocupan de entrenar discípulos y prepararlos para hollar el Sendero del Discipulado y, en fecha posterior, ponerlos en contacto directo con los Maestros. Las nuevas escuelas que se establezcan en el próximo siglo admitirán y prepararán discípulos para hollar el Sendero de Iniciación.
Tenemos así un esfuerzo unificado y gradual del cual son responsables los Maestros. Las Escuelas que ahora están en formación para entrenar discípulos son de carácter intermedio y tienen por objeto establecer un puente entre las escuelas esotéricas del pasado y las verdaderas escuelas que aparecerán más adelante, lo cual podría resumirse así:

1. Escuelas Esotéricas del PASADO

Con éstas estamos muy familiarizados, y son las escuelas internas de los numerosos grupos teosóficos, las órdenes rosacruces y las incontables organizaciones místicas y metafísicas. Aunque de carácter definidamente exotérico, son útiles para despertar el interés del público. Proporcionan valiosa información respecto a los tres mundos de la evolución humana - físico, emocional y mental -, siendo exclusivamente para los neófitos que se hallan en el Sendero de Probación. Se ocupan del acercamiento a Dios por medio del corazón y también del profundo instinto humano, si el hombre puede descubrirlo.

2. Escuelas Esotéricas del PRESENTE

Las escuelas que se establecen ahora poseen un mayor conocimiento esotérico, que se está correlacionando y aplicando. Gran parte es todavía teórico, pero la teoría debe siempre preceder a la práctica. Dichas escuelas llevarán la enseñanza más allá del punto alcanzado en las primitvas escuelas, trasladándola de los tres mundos al reino del alma. Se ocuparán de los valores esotéricos y serán de naturaleza mental, poniendo el énfasis sobre el conocimiento de Dios y no sobre la idea de ir a tientas detrás de una divinidad presentida. Las mejores escuelas del pasado lograron la integración de la personalidad e hicieron realidad el dualismo esencial del mistico. Las nuevas escuelas persiguen una fusión más elevada, de la personalidad integrada con el Alma. Revelan que detrás del dualismo místico, etapa necesaria, existe la realidad oculta de la identificación con lo divino.

3. Escuelas Esotéricas del FUTURO

Estas Escuelas serán verdaderamente esotéricas, porque para entonces la humanidad estará preparada. Evocarán y entrenarán la conciencia superior del discípulo; enseñándoles a trabajar conscientemente en niveles espirituales y a actuar como alma, en los tres mundos de la evolución humana, media una personalidad altamente inteligente. Los discípulos serán preparados para la iniciación, y los iniciados serán entrenados para iniciaciones mayores y superiores. Harán hincapié sobre el correcto manejo de las energías y fuerzas, sobre la sabiduría, como resultado del conocimiento aplicado, y sobre los planes y trabajos de la Jerarquía. Desarrollarán la intuición, y producirán una fusión aún más elevada entre el hombre espiritual y el Ser universal.
Dividiré en tres temas lo que tengo que decir respecto a las escuelas:
I. Algunas definiciones del esoterismo.
II. Cómo se forma una Escuela Esotérica.
III.Verdades fundamentales enseñadas en las nuevas escuelas.
El estudio de estos temas ayudará a conocer en qué consiste la enseñanza esotérica, y a trabajar como esoteristas, recibiendo el entrenamiento necesario y aprendiendo a hollar el CAMINO correctamente. Los dirigentes e instructores de las actuales seudo escuelas esotéricas deben enfrentar la realidad por dura que sea. Si son honestos y sinceros lo harán gustosamente, se adaptarán a las necesidades de la época, valorarán correctamente el lugar que ocupan en la escala de la evolución y decidirán hacia dónde deben dirigir sus esfuerzos. Nada puede detener los Planes Jerárquicos, tal como han sido delineados. Quienes no pueden enfrentarse a sí mismos, ni realizar un trabajo de verdadero valor, descubrirán que sus escuelas han caducado, esto ya sucede en todas partes. Los que se dan cuenta de la situación y pueden percibir el futuro, avanzan hacia una acrecentada utilidad, una reconstrucción vital y un servicio más amplio.

I.  Algunas Definiciones del Esoterismo

Las palabras "esotérico" y "oculto" significan aquello que está escondido; indican lo que se halla detrás de las aparencias externas y señalan las causas que producen apariencias y efectos; se refieren al sutil mundo de energías y fuerzas, que todas las formas externas velan y ocultan, y a lo que debe conocerse antes de desarrollar la conciencia iniciática.
En el pasado, resaltaron las fuerzas subjetivas, que no dejan de ser fuerzas materiales ocultas en el ser humano, y frecuentemente los poderes psíquicos, tales como la clarividencia y la clariaudiencia, que el hombre comparte en común con los animales. En las antiguas escuelas se ha acentuado de manera extraordinaria la pureza física y todo lo concerniente a la purificación de las formas, mediante las cuales el alma debe manifestarse. Esta purificación no es de carácter esotérico ni un indicio de desarrollo esotérico o espiritual, sino únicamente un paso preliminar muy necesario, pues hasta no emprender tal purificación, es imposible realizar un trabajo más avanzado. Las disciplinas físicas son necesarias y útiles y deben aplicarse en todas las escuelas para principiantes, pues mediante ellas el neófito adquiere hábitos de pureza y construye el tipo de cuerpo que el discípulo necesita para iniciar el verdadero trabajo esotérico.
Este entrenamiento elemental permite al neófito transferir su conciencia, del mundo tangible del vivir cotidiano, a los mundos de las fuerzas más sutiles de su personalidad. Llega así a darse cuenta de las energías que debe manejar, y presiente vagamente lo que hay detrás de ellas - el alma en su propio mundo, el Reino de Dios.
Ahora bien, las nuevas Escuelas se ocupan de valores más esotéricos. Entrenan al discípulo para trabajar como alma en los tres mundos, y lo preparan para actuar como discípulo aceptado, en el grupo de un Maestro. La mayoría de las Escuelas del pasado han descuidado la etapa de integración de la personalidad y también el conocimiento de la vida en los tres mundos, sobre lo cual se debe instruir al principiante. En cambio, han ofrecido la tentadora perspectiva de hacer contacto con un Maestro y con Su grupo, antes de que el aspirante tenga una personalidad coordinada, es calificado como "inteligente", y antes de haber establecido contacto con su alma. Se ha hecho y se hace hincapie sobre la devoción, devoción al instructor del grupo, a sus verdades enunciadas y al Maestro, además de la firme determinación de merecer el título de "discípulo", para decir algún día "conozco a tal o cual Maestro". Mientras tanto, no se ha dado al principiante una verdadera idea del discipulado, ni de sus responsabilidades. Las nuevas Escuelas en formación, imparten a sus estudiantes ideas muy diferentes, y emplean técnicas de entrenamiento muy distintas.
1. Una escuela esotérica enseña la relación existente entre el alma, el hombre espiritual, y la personalidad. Esta es para el estudiante la principal línea de acercamiento, constituyendo el contacto con el alma su primer gran esfuerzo. Llega a conocerse a sí mismo y se esfuerza por actuar conscientemente como alma y no sólo como personalidad activa. Aprende a regular y dirigir su naturaleza inferior mediante el conocimiento técnico de su constitución, y a hacer fluir la luz, el amor y el poder del alma. Por el alineamiento, la concentración y la meditación, establece contacto permanente con su ser espiritual interno y está bien encaminado para convertirse en un útil servidor de la humanidad.
2. Una escuela esotérica es la ampliación, en el mundo físico externo, del grupo interno o Ashram de un Maestro. El discípulo individual aprende a considerarse un canal para el alma y una avanzada de la conciencia del Maestro; una verdadera escuela esotérica es además la avanzada de algún grupo subjetivo espiritual o ashrama, condicionado e impresionado por el Maestro, como el discípulo lo es por su alma. Por lo tanto, un grupo de esta naturaleza está en relación directa con la Jerarquía.
3. Una verdadera escuela esotérica trabaja en cuatro niveles de servicio y experiencia. Esto permite al discípulo acercarse a la humanidad y utilizar todas sus facultades. En las verdaderas escuelas espirituales, aprobadas y apoyadas por los Maestros, se enseña al discípulo a servir a la humanidad, y no a ponerse en contacto con un Maestro, como ocurrió con la mayoría de las escuelas esotéricas del pasado. El contacto con el Maestro depende de la calidad del servicio que el discípulo presta a sus semejantes. Con frecuencia esto lo pasan par alto los instructores que acentúan el logro y el perfeccionamiento individuales. Las nuevas Escuelas en formacion tratan de entrenar a los hombres para satisfacer las necesidades del mundo y servir espiritualmente en los cuatro niveles de la actividad consciente, enumerados a continuación:
a. En el nivel del mundo externo, se enseña al discípulo a vivir normal, práctica, efectiva y espiritualmente, en el mundo de la vida cotidiana. Nunca debe ser extravagante ni raro.
b. En el nivel del mundo de significados, se enseña al discípulo las causas que originan los hechos y circunstancias, individuales y universales. De esta manera se prepara al aspirante para actuar como intérprete de los acontecimientos y como portador de luz.
c. En el nivel del alma, su propio mundo, el discípulo se convierte en un canal para el amor divino, pues la naturaleza del alma es amor, inspirando y curando al mundo.
d. En el nivel del ashrama o grupo del Maestro, a medida que se le revela gradualmente el Plan Jerárquico, aprende a colaborar con éste, adquiriendo el conocimiento que le permitirá dirigir algunas de las energías que producen los acontecimientos mundiales. Así lleva a cabo los propósitos del grupo interno al cual está afiliado. Inspirado por el Maestro y Su grupo de discípulos e iniciados activos, imparte a la humanidad los conocimientos definidos acerca de la Jerarquía.
4. Una escuela esotérica entrena al discípulo para el trabajo grupal. Le enseña a abandonar sus planes personales en bien del propósito grupal - que está siempre dirigido a servir a la humanidad y a la Jerarquía. Sin perder nada de su identidad individual, ni particular, se sumerge en las actividades grupales, contribuye con su dedicación al Plan, sin que ninguna idea proveniente del no-yo influya en su forma de pensar.
5. Una Escuela Esotérica no se funda en la autoridad de algún Instructor ni en las exigencias de que se reconozca y obedezca. No se basa en las pretensiones de personas generalmente mediocres que afirman ser iniciados, y que en virtud de ello hablan con autoridad dogmática. La única autoridad reconocida es la de la verdad misma, percibida intuitivamente y sometida al análisis mental y a la interpretación del discípulo. El discípulo (que trabaja con alguno de los Maestros) inicia una escuela esotérica sin ejercer ninguna autoridad, excepto la que le otorga una vida vivida lo más ajustadamente posible a la verdad, además de la medida de la verdad que puede impartir a su grupo. La obediencia que el duigente del grupo debe inculcar a su grupo de estudiantes es el reconociiniento de la responsabilidad y lealtad conjuntas a las intenciones y propósitos grupales y - dados como sugerencias, no como órdenes. Las declaraciones o exigencias del instructor del grupo, para que se le reconozca autoridad y se le preste obediencia y lealtad incondicional, lo señalan como principiante y simple aspirante, aunque tenga buenas intenciones y sentimientos, e indica que no es un discípulo a cargo del trabajo de la Jerarquía.
6. Un grupo esotérico se preocupa del completo desarrollo del discípulo. La formación del caracter y la aspiración altruista se consideran ya existentes, pero no se les da gran importancia a las virtudes comunes a una vida externa pura, a la bondad, al buen carácter, ni a la total carencia de autoimposición. Estas cualidades son consideradas esencialmente básicas y existentes en cierta medida, pero su mayor desarrollo es una cuestión personal del discípulo y no del instructor o del grupo. Se le da importancia al desarrollo mental, a fin de que el discípulo sea inteligente, analítico - pero no criticador - y posea un rico y bien organizado equipo mental. La cabeza y el corazón son considerados de igual importancia y similarmente divinos. La Jerarquía trabaja con los estados de conciencia de los hombres de cualquier clase, raza o nación. Los discípulos aprenden a trabajar en la misma forma, para llegar oportunamente a ser Maestros de Sabiduría. Esto lo obtienen superando todas las dificultades y obstáculos mediante el poder de sus propias almas. Así algún Maestro activo ahora en el mundo, queda libre para realizar un trabajo diferente y más elevado.
7. Una escuela esotérica es el medio por el cual la vida del discípulo se enfoca en el alma; los mundos físico, emocional y mental, no son para él la esfera principal de sus actividades. Estos mundos son meramente su campo de servicio, y la personalidad se convierte en aquello por cuyo medio su alma sirve. Aprende a trabajar totalmente desde niveles espirituales, y su conciencia está firmemente centrada en el alma y en el ashrama de su Maestro. La escuela esotérica le enseña cómo lograrlo, a establecer contacto con su alma, vivir como alma, reconocer al Maestro y a trabajar en el grupo de un Maestro. Aprende la técnica por la cual puede registrar impresiones del Maestro, responder a la intención del grupo y así ser cada vez más sensible al Plan, en el cual se han comprometido colaborar su Maestro y el Ashrama. Aprende a desempeñar su parte en la tarea de elevar la conciencia de la humanidad, empleando consciente y directamente la mente entrenada, la naturaleza emocional controlada y el cerebro receptivo. Entonces desempeña eficazmente la doble y dificil y función del discípulo: vive como alma en la vida diaria, y trabaja conscientemente en relación con la Jerarquía.
Hay muchas otras definiciones de lo que es una escuela esotérica, pero he elegido las más sencillas y las que se han de captar primero, si se quiere lograr un correcto progreso. El discípulo es llevado paso a paso, por el Sendero, hasta el momento en que está preparado para esos grandes desenvolvimientos de conciencia denominados "iniciaciones". Entonces comienza a hollar conscientemente el sendero de iniciación, que las escuelas esotéricas harán conocer al público, en el futuro.
La Escuela Arcana se esfuerza por cumplir con los siete requisitos de las escuelas esotéricas. No se ocupa, ni jamás se ha ocupado, de preparar a los discípulos para las iniciaciones. Procura que sus estudiantes establezcan los contactos preliminares y trabajen como verdaderos servidores en el mundo. Actualmente no existe ninguna verdadera escuela esotérica que entrene para la iniciacion. Las que pretenden hacerlo engañan al público. Se puede dar entrenamiento acerca de la vida del discipulado, pero académicamente entendido. El entrenamiento en la vida del iniciado debe comprobarse individualmente y por medio de contactos en el mundo del ser espiritual.

II.  ¿Cómo se forma una Escuela Esotérica?

Una escuela esotérica no es creada por algún discípulo que recibió órdenes de su Maestro. El discípulo que inicia una escuela preparatoria de ocultismo, lo hace por propia voluntad, siendo su servicio definido y por él elegido; para servir lo mejor posible en el Ashrama de un Maestro; conoce las necesidades del mundo; ansía intensamente servir, y es consciente de que aprende continuamente y conoce los métodos por los cuales ha aprendido y progresado en el sendero. Por lo tanto, es un trabajador consciente de su deber como discípulo, está en contacto con su alma y es cada vez más sensible a la impresión del Maestro. Generalmente no proyecta iniciar una escuela esotérica; en su mente no se configura una definida y planificada organización; ansia simplemente satisfacer las necesidades que lo circundan. Debido a que está en contacto con su alma y - en el caso de discípulos más avanzados - con el Maestro del Ashrama, su vida diaria llega a ser magnética, radiante y dinámica y, en consecuencia, atrae hacia él a quienes puede ayudar, reuniéndolos a su alrededor. Se convierte en el punto central de vida en un organismo viviente, y no en el dirigente de una organización. Tal es la diferencia entre el trabajo de un aspirante bien intencionado y la de un discípulo entrenado. El mundo está lleno de organizaciones, a cuyo frente hay alguien con móviles generalmente sanos, pero cuyos métodos y acercamientos hacia quienes trata de servir, son similares a los del mundo comercial; podrá crear una organización útil, pero no fundar una escuela esotérica. El discípulo se convierte en el centro de un grupo vital y radiante, que crece y alcanza sus objetivos, porque la vida en el centro se desarrolla de adentro a fuera. Por la fuerza de su vida logra el éxito, no por un sistema de propaganda. Raras veces o nunca, tiene éxito comercial.
La gente responde a la nota emitida y a las verdades que se enseñan, y la influencia del grupo aumenta constantemente hasta que el discípulo es responsable de un grupo de aspirantes. Según la medida de contacto con su alma, y su respuesta sensible a las sugerencias del Maestro y a las impresiones del Ashrama con el cual está afiliado, así será la fuerza y utilidad del grupo con el cual trabaja. Poco a poco irá reuniendo a su alrededor a quienes pueden ayudarlo en la enseñanza, y según la sabiduría y el discernimiento que demuestre en la elección de sus colaboradores, será el éxito de su servicio. No asume autoridad alguna sobre el grupo ni sobre sus colaboradores, excepto la autoridad que le otorga su mayor conocimiento, sabiduría y luz; esto lo hace un punto inconmovible de poder, contra el cual las interpretaciones insignificantes y métodos se estrellan y desaparecen. Enseñan ciertos principios ocultos, inalterables, que el grupo aceptará facilmente y sin controversia, y precisamente esos principios son los que lo llevaron a efectuar ese trabajo. Si en sus colaboradores observa signos de desarrollo espiritual los coloca en posiciones de responsabilidad, a medida que se van capacitando. Vive continuamente como aprendiz y condiscípulo, hollando con ellos el sendero. La tónica del verdadero dirigente esotérico es humildad, lo que indica visión y sentido de proporción, y le enseña que cada paso adelante en la vida espiritual revela las etapas que aún le quedan por dominar. La diferencia entre discípulo entrenado y principiante reside en que este último posee visión limitada y se inclina a creer que el camino es más fácil de lo que realmente es; entonces se sobreestima. En cambio, el discípulo, tiene una amplia visión y sabe cuánto falta para que se convierta en realidad.
Las escuelas esotéricas se pueden dividir en diferentes categorías, dependiendo del grado de evolución del instructor. La comprensión subconsciente al respecto, lleva al dirigente mediocre a tratar de imponer su trabajo y llamar la atención sobre sus esfuerzos, mediante ruidosas declaraciones, pretendiendo familiaridad con el Maestro y, a veces, con toda la Jerarquía, exigiendo así reconocimiento. Esto significa ser principiante, pues debe saberse que una verdadera escuela esotérica es iniciada siempre por un discípulo, y ésta es su tentativa de servicio y no el campo de expresión de un Maestro. El discípulo - no el Maestro - es el único responsable del éxito o fracaso de la escuela. Los Maestros no son responsables de las escuelas que hoy existen, ni de las que están en proceso de formación. Tampoco establecen normas ni solucionan problemas. En la medida en que el discípulo dirigente esté en contacto consciente y humilde con el Maestro y Su Ashrama, así afluirá a la escuela el poder del grupo interno; esto se manifestará como luz y sabiduría espirituales, no como dirección, mandatos u órdenes concretas, ni como responsabilidad transferida del dirigente al Maestro. El discípulo toma sus proprias decisiones, entrena a sus colaboradores, enuncia sus propias normas, interpreta la Sabiduría Eterna de acuerdo con la luz que hay en él, y supervisa el entrenamiento dado a los estudiantes. Cuanto más avanzado, menos hablará el discípulo de su Maestro, y señalará más eficazmente el camino hacia la Jerarquía; acentuando también la responsabilidad individual y los principios básicos ocultos.
Las escuelas que existen hoy en el mundo pueden dividirse en tres grupos:
1. Hay un sinnúmero de seudoescuelas esotéricas, iniciadas por aspirantes que desean ayudar a sus semejantes, impulsados por amor a la enseñanza, cierta medida de amor a la humanidad y algo de ambición personal. En resumidas cuentas, sus métodos son exotéricos; la enseñanza que imparten se funda en lo que ya se ha dado y conoce; enseñan pocas novedades, aunque las encubran con distintos grados y misterios. Emplean los libros comunes sobre ocultismo o recopilan de otros sus propios libros de textos, extrayendo frecuentemente los detalles espectaculares y sin importancia y omitiendo lo espiritual y esencial. Anuncian sus escuelas por cualquier medio, y con frecuencia hacen resaltar el aspecto comercial. Exigen obediencia, menosprecian y critican a otras escuelas; enseñan adhesión exclusiva al dirigente, y lealtad a su interpretación de la verdad; realizan un trabajo útil entre las masas, familiarizándolas con la existencia de los Maestros y la doctrina secreta, y briándoles la oportunidad para el desarrollo espiritual. Ocupan un lugar definido en el plan de la Jerarquía; pero no son escuelas esotéricas, ni sus dirigentes discípulos, sino aspirantes en el sendero de probación, y no muy avanzados.
2. Existen también cierto número de escuelas esotéricas, iniciadas por discípulos, que están aprendiendo mediante el esfuerzo de ayudar a su grupo, la forma de enseñar y servir. Estas escuelas son pocas, comparadas con las del primer grupo, y numéricamente muy pequeñas, porque el dirigente se ajusta más a las reglas ocultas y se esfuerza por cumplir con los requisitos espirituales. Trata de enseñar humildemente y sin pretensiones; se da cuenta de que está alcanzando poco a poco, el conocimiento del alma y que su contacto con el Maestro no es frecuente. Comúnmente presenta la verdad en forma académica y teológica, pero rara vez es personalmente autoritario. Su influencia y radiación aún no son muy potentes, pero es cuidadosamente vigilado por el Maestro, porque constituye un valor positivo en potencia y se confía en que aprenderá generalmente por sus errores. Atrae mucho menos público que el primero y ruidoso grupo, pero da un entrenamiento más sensato y prepara a los principiantes en los fundamentos de la Sabiduría Eterna. Su trabajo se halla entre los grupos del pasado y los que hoy se van formando.
3. Están apareciendo ya las nuevas escuelas esotéricas iniciadas por discípulos más avanzados. Lógicamente debe ser así, pues la tarea es más difícil, e involucra la enunciación de una nota tan clara que hará surgir nítidamente la diferencia entre lo nuevo y lo antiguo, y se darían ciertas verdades e interpretaciones nuevas. Esta presentación nueva y más avanzada se funda en antiguas verdades; pero se interpretarán diferentemente y despertarán antagonismo en las antiguas escuelas. Estos discípulos más avanzados emiten una radiación de mayor potencia; su influencia y trabajo mundial, mucho más amplios, evocan antagonismo y rechazo en los grupos del pasado, pero también respuesta de muchos que pertencen a esos grupos que han superado los métodos antiguos, han esperado un nuevo acercamiento a Dios y están preparados para un llamado más espiritual. Ellos se convierten en puntos focales de actividad espiritual, en los antiguos grupos y en su medio ambiente, lo cual conduce a:
a. Que los grupos del pasado rechacen a quienes responden a la nueva enseñanza esotérica, expulsándolos de su grupo.
b. Que las nuevas escuelas tomen forma, gracias a este rechazo, en respuesta a la enseñanza impartida por un discípulo más poderoso y desinteresado.
c.Que el público sea consciente del nuevo movimiento, surgiendo así un profondo interés por las cosas esotéricas relacionadas con la Jerarquía.
Estos discípulos, a quienes se les confía la difícil tarea de inaugurar las nuevas Escuelas, son conocidos técnicamente como discípulos mundiales. Su influencia penetra en todas direcciones, quebrantando y pertubando las escuelas del pasado y liberando a quienes están preparados para las nuevas enseñanzas; crean nuevas escuelas intermediarias entre las antiguas y las futuras Escuelas de Iniciación; impresionan la conciencia de los hombres, ampliando el punto de vista del público en general y presentando a la humanidad nuevos conceptos y renovadas oportunidades. Esto ya está ocurriendo. Los investigadores, por lo tanto, deben aprender a diferenciar entre el trabajo de un aspirante bien intencionado, que funda una escuela de esoterismo para principiantes, el trabajo de un discípulo que está aprendiendo a ser instructor, y el de los discípulos mundiales que están derribando los antiguos métodos e instituyendo nuevos y más adecuados, para la enseñanza de la verdad oculta. La Escuela Arcana es parte de este último esfuerzo mundial.
Existen también ciertas escuelas espúreas, bien conocidas y espectaculares, que atraen a los curiosos e ignorantes. Afortunadamente ejercen un breve ciclo de influencia. Causan temporariamente mucho daño, pues deforman la enseñanza y dan una idea falsa respecto a los Maestros y al sendero, pero su poder de perdurar es prácticamente nulo. Los otros tipos de escuela realizan un buen trabajo y satisfacen la necesidad de quienes responden a su tónica. Sin embargo, las escuelas antiguas están desapareciendo, las del segundo grupo se mantendrán activas aún durante largo tiempo, dando instrucción elemental, entrenando a discípulos en los métodos de trabajo y en la forma de servir. El último y nuevo tipo de escuela acrecentará su poder y preparará a los discípulos de la nueva era, para las Escuelas de Iniciación.

III. Las Verdades que se Enseñan en las Verdaderas Escuelas Esotéricas

Debe observarse que muchas de las verdades impartidas hasta ahora bajo el término "esotéricas" no lo han sido, o son totalmente "exotéricas". Las verdades esotéricas del pasado son fundamentalmente verdades exotéricas en el presente. Durante los últimos cien años, las doctrinas esotéricas y la enseñanza secreta de la Sabiduría Eterna - dadas al público frecuentemente bajo juramento de guardar secreto- han llegado a ser de propiedad pública. La naturaleza del hombre, según se enseñaba en las escuelas de misterios del pasado, es reconocida, entre otros, con el nombre de psicología moderna. Los misterios del cuerpo etérico, del astral y del mental, son tratados por nuestras universidades en cursos de psicología que se ocupan de la vitalidad, la naturaleza emocional y la mentalidad del ser humano. La creencia en los Maestros fue un secreto celosamente guardado, pero hoy se habla de Ellos en las tribunas públicas de nuestras grandes ciudades. La práctica de la meditación y sus técnicas eran temas cuidadosamente reservados, y al público se le decia que su enseñanza era peligrosa; hoy esta idea ha sido desvirtuada y gran número de personas meditan para lograr el alineamiento, establecer contacto con el alma y adquirir su conocimiento. La verdad también ha estado velada y oculta por un cúmulo de enseñanza secundaria que ha desviado el interés del investigador y concentrado su atención en los fenómenos, por la importancia que le atribuyen. La postura, el empleo de antiguas fórmulas, palabras y mántram, los ejercicios de respiración, las insinuaciones misteriosas para elevar el fuego Kundalini, el despertar de los centros y otros aspectos atrayentes del ocultismo secundario, han llevado a las personas a perder de vista el hecho de que gran parte de lo dicho, por pertenecer al reino de los fenómenos, se relaciona con el cuerpo físico, con su correcto ajuste, su vitalización y energetización y, por lo tanto, con los efectos y no con las causas esenciales de dichos efectos. Todos estos resultados fenoménicos serán demostrados sin peligro, normal y sensatamente, asi como automáticamente, cuando el hombre interno, emocional y mental, esté en armonía con el mundo espiritual y empiece a funcionar como ser espiritual. Este acercamiento secundario a la verdad ha hecho mucho daño a la causa del verdadero ocultismo y ha perturbado considerablemente las mejores mentes en el campo espiritual.
En las Escuelas que están en formación se acentuará el conocimiento del alma, el conocimiento espiritual, la comprensión de las fuerzas superiores y el conocimiento directo de la Jerarquía espiritual que rige la vida de nuestro planeta, y la comprensión (desarrollada progresivamente) de la naturaleza divina y del Plan, que, en la obediencia a la voluntad de Dios, condicionando cada vez más los asuntos del mundo. En dichas escuelas se estudiarán las leyes que rigen al individuo, a la humanidad y a los reinos de la naturaleza, y la Ciencia de las Relaciones (a medida que se va desarrollando en nuestro mundo evolucionante) será de interés práctico para el discípulo. Cuando éste establezca rectas relaciones consigo mismo, con el mundo del ser espiritual, con el mundo del vivir humano y con todas las formas de la vida divina, automáticamente tendrá lugar el despertar de su propia naturaleza, sus centros se convertirán en fuentes vitales de poder espiritual y toda su constitución entrará en actividad rítmica y tendrá la consiguiente utilidad. Sin embargo, todo esto ocurrirá en virtud del correcto ajuste con Dios y con el hombre, su creciente comprensión del propósito divino y su conocimiento de las diversas técnicas y leyes científicas que condicionan todos los fenómenos, incluso al hombre.
Quisiera exponer con claridad que la Escuela Arcana, por ser una de las Escuelas intermedias más nuevas, se ocupa de los fundamentos comunes de la doctrina secreta, pero sólo como base de la nueva enseñanza que se va desarrollando. Los ejercicios respiratorios se dan únicamente después de varios años de estudio, sin hacer resaltar su importancia, porque la respiración correcta - esotéricamente comprendida - no depende del control de los pulmones ni del aparato respiratorio, sino de la orientación correcta y del ajuste rítmico de la vida al orden espiritual y a las circunstancias.
Se estudia la psicología del hombre interno cuando condiciona los centros del cuerpo vital; sin embargo, se pone de relieve el aspecto psicológico y no los centros; éstos funcionarán correctamente cuando el pensamiento sea sano y el hombre viva con éxito la vida dual del discípulo: rectas relaciones con el mundo de las almas y la Jerarquía, y rectas relaciones con sus semejantes en la vida diaria.
Después de una enseñanza preliminar acerca de las bases generales, y de un período de comprobación del grado de comprensión del estudiante, además de algunas instrucciones básicas en la naturaleza de la meditación, las nuevas escuelas enseñarán las siguientes materias:
1. La Ciencia de Impresión. El estudiante aprende a ser sensible a las "impresiones que llegan de su propia alma y más tarde, del Maestro y del Ashrama. Se le enseña a interpretar correctamente tales impresiones a través de su mente entrenada e iluminada; aprenderá también a diferenciar entre lo que llega de su propio subconsciente, lo que registra telepáticamente como procedente del mundo del pensamiento y de las mentes de otros hombres, y lo que procede del mundo del ser espiritual.
2. La Ciencia de Unificación. El estudiante aprende la integración y coordinación, el contacto y la fusión entre el alma y la personalidad y más tarde, la relación directa entre el aspecto espiritual más elevado y su yo personal. Esto lleva progresivamente al constante desarrollo de la conciencia, preparando al estudiante para aprovechar la enseñanza que recibirá en las Escuelas de Iniciación. Además, estudia la naturaleza de la iniciación, como expresión de grandes expansiones de conciencia y resultado de la integración autodirigida.
3. La naturaleza de la Jerarquía. El estudiante aprende que quien emprende el entrenamiento necesario y se disciplina, puede conocer a la Jerarquía y hacer contacto directo con ella. La disciplina debe ser autoimpuesta y adaptada a la naturaleza y grado de desarrollo del discipulo individual. Se estudian los distintos grados de la Jerarquía, el caracter de las iniciaciones y el trabajo de Cristo, como Guía de la Jerarquía. De esta manera el discípulo tiene un cuadro preciso del grupo interno que constituye su meta.
4. La Ciencia de la Meditación. Esta ciencia y sus técnicas son dominantes gradualmente en sus distintas etapas: alineamiento, concentración, meditación, contemplación, iluminación e inspiración; al estudiante se le enseña el correcto empleo de la mente, el control del pensamiento y la correcta interpretación de todos los fenómenos espirituales. Aprende el significado de la iluminación en sus siete etapas, y empieza a vivir, con acrecentada eficacia, la vida inspirada de un hijo de Dios.
5. Las leyes del Mundo Espiritual. El discípulo estudia estas leyes y las aplica en sí mismo, en los acontecimientos, en el mundo y en la humanidad, que incluyen, entre muchas otras:
a. La Ley de Causa y Efecto.
b. La Ley de Renacimiento.
c. La Ley de Evolución.
d. La Ley de la Salud.
Conciernen a la manifestación del mundo de los valores e impulsos espirituales, a través del mundo de los fenómenos materiales.
6. El Plan. El estudiante recibe indicaciones sobre el Plan que custodia la Jerarquía y que subyace en todos los acontecimientos planetarios, desarrollando el propósito divino; estudia su actuación en el pasado, que ha llevado a la humanidad a su actual grado de desarrollo; interpreta los acontecimientos actuales en términos del Plan de Dios, investigándolos como preludio para el futuro; considera también profundamente el paso inmediato, invocando así su activa participación. Luego, cuando sea parte activa y consciente de la Jerarquía, estará familiarizado con los amplios delineamientos del propósito divino y podrá colaborar inteligentemente en la tarea inmediata.
7. Las Energias y Fuerzas. Estas constituyen la sustancia misma de la creación y deben ser comprendidas y oportunamente controladas. El alumno aprende que todo cuanto se manifiesta sobre el planeta y en él, es sólo un conjunto de fuerzas que producen las formas, y que todo es movimiento y vivencia. Empieza aprendiendo la naturaleza de las fuerzas que hacen de él lo que es, como hombre; luego aprende a atraer una fuerza o energía de orden superior, la del alma, para controlar esas fuerzas. Después, estudia la naturaleza del espíritu, del alma y de la materia, a las cuales generalmente denomina: vida, conciencia y forma; o vida, cualidad y apariencia. Así obtiene una vislumbre de la naturaleza de la Trinidad divina y de la naturaleza eléctrica de todos los fenómenos, incluyendo al ser humano.
8. Psicología Esotérica. Se la considera también de gran importancia. Señala el cambio de enfoque de la presentación material de las antiguas escuelas de esoterismo, con su énfasis puesto sobre los distintos planos, los procesos de desarrollo material y la constitución de las formas. En las nuevas Escuelas se resaltará la naturaleza del alma que anima a las formas, y ese agente creador que actúa con el mundo material y en él. Se estudiarán los siete tipos principales de personas; se investigarán sus características, además de su relación con los siete grupos de que está compuesta la Jerarquía y con los siete grandes rayos o energías, emanaciones que la Biblia llama "Los siete espíritus ante el trono de Dios". Así se evidencia la síntesis en toda la manifestación, y puede verse con claridad el lugar que ocupa la parte dentro del todo.
Existen muchos estudios subsidiarios que el estudiante debe conocer antes de ingresar en las futuras escuelas de iniciación; pero lo antedicho dará una idea del programa general a que se ajustarán las nuevas escuelas. La Escuela Arcana procura dar una preparación general sobre tales fundamentos básicos, a fin de que el estudiante pueda aprovechar la riqueza de literatura y enseñanza que aparecerá en lo que resta del presente siglo.
El estudiante debe adquirir, ante todo, una idea general de la enseñanza esotérica, para saber cuál de las numerosas líneas seguirá; debe aprender a aplicar la enseñanza, en forma práctica, transmutando la teoría en práctica y demostrando para sí la necesidad y posibilidad de llegar a vivir en el mundo de los significados. Entonces reconocerá la relación, en todos los acontecimientos individuales, humanos y planetarios, y por qué y cómo tienen lugar dichos acontecimientos. A medida que adquiere conocimiento de la psicología esotérica, y domina algunas de las técnicas de los procesos de meditación, podrá ubicarse en el peldaño que le corresponde en la escala de la evolución; entonces sabrá cuál es su paso inmediato, la siguiente meta de desarrollo, lo que tiene que dar como servicio a la humanidad y a quién podrá ayudar.
Empieza así a participar conscientemente en la gran escuela de la experiencia espiritual, donde hallará oportunamente respuesta a sus preguntas y solución de sus problemas. Descubrirá que los principales requisitos para desarrollar con éxito el trabajo esotérico son: paciencia, continuo esfuerzo, visión y sano juicio discriminativo. Poseyendo todo esto, más un sentido del buen humor, una mente abierta y sin fanatismos, el estudiante rápidamente progresará en el "Camino Iluminado", como se lo denomina a veces al sendero. Finalmente se encontrará ante el portal de la iniciación, sobre el que están inscritas las palabras de Cristo: "Pide y se te dará; busca y encontrarás; llama y se te abrirá".
ESCUELA ARCANA