domingo, 13 de abril de 2014

EL SACRAMENTO DE LA COMUNIÓN 1ª Parte

Para alcanzar una completa comprensión del profundo y aventajado alcance y  significado de la forma en que el Sacramento de la Comunión fue instituído,  es necesario considerar la evolución de nuestro planeta y del hombre  compuesto, así como la química de los alimentos y su influencia sobre la  humanidad. 

En gracia de la claridad recapitularemos brevemente las enseñanzas  Rosacruces relativas a los puntos a discurrir. Se pueden encontrar, tratadas  extensamente, en el "Concepto Rosacruz del Cosmos" y en otros trabajos  nuestros. 

Los espíritus virginales, que componen ahora la raza humana, comenzaron su  peregrinación a través de la materia en los albores del tiempo y por el roce de  la existencia concreta, sus fuerzas latentes pueden ser transformadas en  energía motríz, como poder anímico utilizable. Tras velos sucesivos de  materia más densa cada día, fueron adquiridos por los espíritus en su  involución durante los períodos de Saturno, Solar y Lunar. Así fue separado  cada espíritu de los demás y la conciencia que no podía penetrar en la materia  a través de su muralla y comunicarse con los otros, se vio obligada a entrar de  nuevo en sí misma y al hacerlo así "se descubrió a sí mismo". Así adquirió la  propia conciencia. 

Una posterior cristalización de los mencionados velos tuvo lugar en el período  de la Tierra durante las épocas Polar, Hiperbórea y Lemúrica. En la época  Atlántica la mente fue añadida como un punto focal entre el espíritu y el  cuerpo completando la constitución del hombre mixto o compuesto; quien,  entonces, fue equipado para conquistar el mundo y producir poder anímico por  medio del esfuerzo y de la experiencia, teniendo cada uno libre albedrío y  libertad, excepto en lo que le limitan las leyes de la naturaleza y sus propios  actos anteriores. 

Durante esta evolución del hombre en formación, grandes Jerarquías creadoras  guiaron cada uno de sus pasos. Nada fue dejado al azar. Incluso el alimento  que comía fue escogido para él a fin de poder obtener el material necesario y  apropiado con el cual edificar los diferentes vehículos de conciencia,  imprescindibles para cumplir el proceso del desarrollo del alma. La Biblia  menciona los diferentes pasos, aunque coloca mal a Nimrod, al simbolizar con  él a los Reyes Atlantes que vivieron antes del Diluvio. 

En la época Polar, el hombre estaba constituído de materia mineral  únicamente; así Adán fue hecho de tierra, esto es, en lo referente a su cuerpo. 

En la época Hiperbórea el cuerpo vital fue añadido y así su constitución llegó  a ser como la de las plantas y Caín, el hombre de aquel tiempo, vivio de los frutos de la tierra. 

La época Lemúrica vio la evolución de un cuerpo de deseos el cual hizo al  hombre como los animales actuales. Entonces la leche, el producto de  animales vivientes, fue añadida a la dieta humana. Abel fue pastor, pero en  ningún sitio consta que matara animal alguno. 

Por aquellos tiempos la raza humana vivía inocentemente y en paz, en medio  de la atmósfera nebulosa que envolvía la tierra durante la última parte de la  época Lemúrica, como se describe en el capítulo sobre el "Bautismo". Los  hombres eran criaturas bajo el cuidado de un padre común, hasta que el  entendimiento les fue dado en los comienzos de la época Atlántica. La  actividad del pensamiento desgasta el tejido, que ha de ser reemplazado;  cuanto más bajo y más material el pensamiento, más grande la ruina y más  urgente la necesidad de albúmina con la cual hacer rápidas reparaciones. De  aquí que la necesidad, la madre de la invención, inaugurase la repugnante  práctica de comer carne y a medida que continuemos pensando en negocios  puramente o en líneas materiales, deberemos seguir usando nuestros  estómagos como receptáculos de los restos de las víctimas animales  asesinadas. Todavía veremos más adelante cómo el alimento carnal nos ha  permitido el asombroso progreso material realizado en el mundo occidental,  mientras que los indios y chinos, vegetarianos, han quedado en un estado casi  salvaje. ¡Qué triste es darse cuenta de que ellos se verán forzados a seguirnos  los pasos y derramar la sangre de criaturas que son compañeras nuestras  cuando nosotros hayamos desterrado la bárbara práctica señalada, igual como  cesó el canibalismo!  

Cuanto más espiritualmente nos desarrollemos, más se armonizarán nuestros  pensamientos con el ritmo de nuestro cuerpo y menos albúmina será necesaria  para reparar los tejidos. En consecuencia, una dieta vegetal será suficiente para  nuestras necesidades, Pitágoras prescribió la abstinencia de legumbres para los 
escolares avanzados, a causa de ser muy ricas en albúmina y aptas para  despertar los bajos apetitos. Que ningún estudiante que lea esto acuerde  imprudentemente, sin embargo, eliminar las legumbres de su dieta. Muchos de  nosotros no estamos preparados todavía para tales extremos; tampoco  podemos aconsejar a todos los estudiantes abstenerse enteramente de comer  carne. El cambio deberá venir por sí mismo y desde dentro. 

Lo que puede ser dicho con toda certeza; no obstante, es que mucha gente  come demasiada carne para que les haga bien. Pero esto es, en cierto sentido,  una disgresión y, por lo tanto, volvamos a la evolución de la humanidad en  todo lo que se relaciona con el Sacramento de la Comunión. 

A su debido tiempo la densa niebla que envolvía la tierra se enfrió, se  condensó y llenó de agua los diferentes mares. La atmósfera se esclareció y al mismo tiempo, una adaptación fisiológica tuvo lugar en el hombre. Las branquias o agallas que le habían permitido respirar en aquel aire cargado de agua densa (y las cuales pueden verse en los fetos humanos de hoy) se atrofiaron gradualmente y su función fue llenada por los pulmones, al pasar el aire puro hasta y desde ellos a través de la laringe. Esto permitió al espíritu,  hasta entonces envuelto por el velo de la carne, expresarse con palabras y actuar. 

Fue entonces, a mediados de la época atlante, cuando el Sol brilló por primera 
vez sobre el hombre tal como lo vemos hoy; entonces fue cuando vio el 
mundo por vez primera. Hasta aquellos días había vivido bajo el absoluto 
control de las grandes jerarquías espirituales, mudo, sin voz ni voto en los 
asuntos tocantes a su educación; como un niño está ahora bajo el cuidado de 
sus padres. 

Pero en el día en que finalmente brotó de la densa atmósfera de los atlantes; 
cuando contempló por primera vez las montañas siluetadas claramente, 
definidos contornos sobre la azulada bóveda del cielo; al ver de pronto las 
bellezas de los páramos y de las praderas, las criaturas vivientes, los pájaros en 
el aire y los hombres, sus semejantes; cuando su vista se vio ilimitada por la parcial desaparición de la niebla que había estorbado su percepción hasta 
entonces y, por encima de todo, cuando se percibió a sí mismo separado y 
aparte de todos los demás, brotó de sus labios el glorioso y triunfal grito: "Yo 
soy". 

Hasta aquel entonces había venido adquiriendo las facultades que le permitían 
entrar en la escuela de la experiencia, el mundo fenomenal, como un agente 
libre para aprender las lecciones de la vida sin trabas, excepto las de las "leyes 
de la naturaleza", que es donde radica su salvaguardia y la reacción de sus 
propios actos anteriores, lo que después se convierte en el "destino". 

El alimento conteniendo un exceso de albúmina de la carne, con la cual se 
había hartado hasta entonces, cargó su hígado más de lo que era capaz y 
entorpeció su sistema, haciéndole áspero, adusto y brutal. Fue perdiendo la 
visión espiritual que le habían revelado los ángeles guardianes en quienes 
había confiado y vio solamente las formas de los animales y de los hombres. 
Los espíritus con quienes había vivido en amor y fraternidad durante los 
primeros tiempos atlantes se oscurecieron por el velo de la carne. Todo era 
muy extraño y él les empezó a temer. 

En consecuencia, llegó a ser necesario darle un nuevo alimento que pudiese 
ayudar a su espíritu a sobreponerse de las moléculas de carne altamente 
individualizadas (como ha sido explicado en el Concepto Rosacruz del 
Cosmos, capítulo sobre la Asimilación, página 475) y armarle para la batalla 
con el mundo y empujarle hasta la propia personificación. 

Así como nuestros cuerpos visibles compuestos de materias químicas pueden 
nutrirse solamente con alimentos químicos, asi mismo se necesita espíritu para 
actuar sobre el espíritu ayudándole a eliminar las pesadas substancias 
proteicas y estimulando el decaído espíritu humano. 

La emergencia de los atlantes del Diluvio, la liberación de la humanidad de la 
reglamentación absoluta de los guardianes sobrehumanos visibles, su 
colocación bajo la ley de consecuencia y las leyes de la naturaleza, así como la 
dádiva del vino están descritos en las narraciones de Noé y de Moisés, que no 
son más que diferentes versiones de los mismos acontecimientos. 

Tanto Noé como Moisés condujeron a sus prosélitos a través del agua. Moisés 
apela al cielo y a la tierra para atestiguar que ha colocado delante de ellos la
bendición y la maldición y les exhorta a escoger el bien o sufrir las  consecuencias
de sus actos y entonces les abandonó. 

El fenómeno del arco iris requiere que el sol esté cercano al horizonte, cuanto 
más cerca mejor; es necesaria también una atmósfera clara y una nube oscura 
en la parte opuesta del firmamento. Cuando en tales circunstancias un 
observador mira, de espaldas al sol, puede ver los rayos del sol refractados a 
través de las gotas de lluvia como un arco iris. En los tiempos primeros de los 
atlantes, cuando no existía la lluvia como ahora y la atmósfera no era más que 
una nebulosa húmeda y caliente a través de la cual el sol parecía una de 
nuestras lámparas en un día de niebla, el fenómeno del arco iris era un 
imposible. No pudo hacer su aparición hasta que la niebla se condensó en 
agua, inundó la tierra y dejó la atmósfera clara como se describe en la 
narración de Noé, lo que de esta manera apunta la ley de ciclos alternos que 
trae el día y la noche, verano e invierno, en invariable consecuencia y a la cual 
el hombre está sujeto en esta edad presente. 

Noé cultivó el vino y obtuvo un espíritu para estimular al hombre. Así, 
aprovisionado con una constitución mixta y un régimen mixto también 
apropiado para lo sucesivo y con leyes divinas para guiarle, la raza humana 
fue dejada a sus propios medios e iniciativas en la batalla de la vida.

Max Heindel

sábado, 12 de abril de 2014

Crecimiento Espiritual y Desarrollo Psíquico

A la vista de la considerable atención y publicidad corrientemente prestadas al psiquismo, consideramos aconsejable repasar con nuestros estudiantes las Enseñanzas Rosacruces concernientes a este fenómeno y subrayar la superioridad del crecimiento espiritual positivo frente al desarrollo psíquico negativo.

En cuanto al crecimiento o desarrollo de las llamadas facultades extrasensoriales, la humanidad está dividida en dos grandes categorías: en una se encuentran las personas “corrientes”, enfrascadas en empeños materiales y, en general, sin contacto con los mundos espirituales. La conexión entre sus cuerpos denso y vital es fuerte. La otra la componen los llamados “sensitivos”, en los que esa conexión de vehículos es más laxa. Este último grupo, a su vez, se subdivide en dos categorías: la de los clarividentes voluntarios y la de los clarividentes involuntarios, negativos y sujetos a la voluntad de los demás.

Una conexión laxa entre los cuerpos vital y denso facilita la sensibilidad a las vibraciones espirituales. El cuerpo pituitario y la glándula pineal, dos órganos en la actualidad durmientes en la mayor parte de los humanos, estaban, hace eones, conectados al Gran Simpático o sistema nervioso involuntario, proporcionándoles la clarividencia involuntaria. Pero son también los instrumentos mediante los que, a medida que el hombre progrese espiritualmente, desarrollará la clarividencia voluntaria, entonces bajo el control del sistema nervioso cerebroespinal. El hombre que desarrolla conscientemente sus facultades espirituales controla voluntariamente la vibración de esos órganos y puede “ver” los otros mundos cuando lo desee.

El clarividente voluntario desarrolla su sensibilidad y aprende a controlar sus facultades extrasensoriales como consecuencia de la utilización de su voluntad para vivir una vida de pureza, espiritualidad y servicio inegoísta a los demás. Con el tiempo, tras haberse hecho digno, recibe la enseñanza necesaria para completar la conexión entre la glándula pineal y el cuerpo pituitario, lo que le permitirá ser un clarividente capaz y dueño de su facultad en cualquier momento.

Cuando la conexión entre los cuerpos vital y denso ha llegado a ser tan laxa que parte del cuerpo vital puede separarse del resto, el clarividente voluntario puede convertirse en protector invisible consciente. Ha desarrollado hasta tal punto su cuerpo alma mediante una vida pura e inegoísta - cuerpo alma que está formado por los dos éteres superiores del cuerpo vital, órganos, a su vez y respectivamente, de la percepción sensorial y de la memoria - que puede extraerlos a voluntad del cuerpo físico y usarlos como vehículo en el cual operar. Puede entonces funcionar conscientemente, tanto en el mundo espiritual como en el material y, además, recordar, al despertar por la mañana, todo lo que ha hecho en aquél mientras su cuerpo físico dormía.

El caso del clarividente negativo es totalmente distinto. También es sensible a las vibraciones espirituales, como consecuencia de la laxa conexión entre los cuerpos físico y el vital. Pero se trata de temperamentos negativos, no muy evolucionados ni deseosos de serlo y, dado que para ellos resulta más fácil y cómodo no esforzarse por someter su facultad a la voluntad, retroceden al estadio en que los órganos pineal y pituitario proporcionaban una clarividencia negativa mediante su conexión con el sistema nerviosos involuntario. De ello deriva el que su visión no esté sometida a la voluntad y sea, por tanto, de naturaleza esporádica. El clarividente involuntario no tiene ningún control sobre lo que ve o experimenta en los otros mundos. Está sólo consciente de lo que acierta a aparecer ante él y no puede, por tanto, usar ese poder con fines de investigación.

Los clarividentes involuntarios, a menudo, caen bajo el control de espíritus ligados a la tierra, que adoptan la pose de “guías espirituales” y que son, en muchos casos, entidades sin escrúpulos que tratan de obligar a sus víctimas a realizar sus propios propósitos. El clarividente negativo se convierte entonces en un médium de trance o de materialización y, cuando esto sucede, puede afirmarse, sin lugar a dudas, que su vida ya no le pertenece.

En el caso de un médium materializador, el espíritu dominante, ligado a la tierra, pone en trance a su víctima y, aprovechando la laxa conexión entre sus vehículos, extrae, a través del bazo, el éter vital del cuerpo etérico de aquélla y lo emplea para llevar a cabo su propia materialización.

Como el cuerpo vital es el vehículo mediante el que especializamos las corrientes solares que nos dan la vida, privado de ese principio vitalizante, el cuerpo del médium, a veces, se encoge hasta una fracción de su tamaño habitual, su carne se vuelve blancuzca y la llama de la vida arde muy débilmente. Y, cuando sus éteres se le devuelven, se halla exhausto. Ni que decir tiene que el sistema produce consecuencias negativas para su salud física, riesgo que no corre, en ningún momento, el clarividente positivo o voluntario.

Una vez se ha entrado en la mediumnidad, ya no se puede escoger. Cuando un espíritu-control ha obtenido el ingreso en un cuerpo ajeno, la víctima pierde la capacidad de cerrarle la puerta. Si está de acuerdo en ejecutar los mandatos de aquél - hasta el extremo de cometer, a veces, asesinatos o suicidio - escapa a su hostigamiento. Pero, si trata de rebelarse o de deshacerse del indeseable dominador de su cuerpo, es muy probable que experimente toda clase de tormentos a manos de las entidades de ese tipo más faltas de escrúpulos.

Algunos espíritus-control, generalmente los menos experimentados y, por lo tanto, los más peligrosos, llegan hasta a expulsar a su víctima de sus vehículos superiores - cuerpo de deseos y mental - y a introducirse en ellos para asumir su control temporal o permanente. Esta situación se conoce como obsesión.

Más peligrosa es aún la situación que amenaza al médium después de la muerte, porque el espíritu-control, al que ha estado sometido durante la vida, no abandona su dominio sino que, por el contrario, aumenta su despotismo cuando la víctima penetra en los mundos espirituales, situación ésta que se puede prolongar por muchos años, hasta que el médium logra zafarse de su agresor. Así que el médium, además de experimentar la tortura resultante de verse privado de sus vehículos, queda rezagado en su carrera evolutiva.

Debería ser evidente para el estudiante de la mediumnidad o de cualquier otra actividad negativa, en la que un Ego somete su propia voluntad a la de otro, que ello, cuanto menos, supone un grave obstáculo para su progreso evolutivo - que depende de la iniciativa individual - y, en los casos más graves, un peligro extremado, tanto para la vida sobre la tierra como después de la muerte. Sin embargo, la mayoría de los psíquicos, que están recibiendo las alabanzas, la admiración y los aplausos del público, son de carácter negativo. Mientras que los pocos, espiritualmente avanzados, que han desarrollado la percepción extrasensorial positiva, usan sus facultades para el servicio inegoísta, silencioso y anónimo, sin llamar la atención sobre sí mismos ni sobre sus talentos.

El objeto de la filosofía y del método de desarrollo rosacruz estriba en liberar al estudiante de la dependencia de los demás y en ayudarle a adquirir el mayor grado posible de dominio y de confianza en sí mismo. El psiquismo negativo, de cualquier clase, representa una situación de dependencia que se aleja diametralmente de ese objeto.

Y, tanto el dominio de sí mismo como la confianza en las propias fuerzas y el crecimiento espiritual positivo de ello derivado, sólo se alcanzan viviendo vidas nobles e inegoístas, dedicándose a servir a Dios y a los hombres y dando lugar a pensamientos y actos puros y elevados. Sólo de ese modo podemos fortalecer los éteres superiores, desarrollar nuestro cuerpo alma y responder positivamente a las vibraciones espirituales, a las que nos haremos cada vez más sensibles, al tiempo que aprendemos a evitar toda influencia y dominación externa.

La clarividencia negativa es, por así decirlo, inevitable e involuntaria. El vidente no ha hecho nada para generar esa capacidad de percibir estímulos de los otros mundos. No lo ha buscado a propósito. Por lo menos, al principio. En realidad, algunos de esos psíquicos han manifestado públicamente su deseo de dejar de encontrarse con los, para ellos molestos fenómenos que, con frecuencia, se entrometen en sus conciencias.

La clarividencia positiva, una vez adquirida, se convierte en un capital permanente que el Ego retiene en las vidas siguientes, por lo menos, en tanto en cuanto continúe conduciéndose a sí mismo como lo haría un aspirante. La clarividencia negativa, en cambio, se ha fomentado por muchos que, desgraciadamente, no tienen idea de los peligros potenciales a los que se exponen.

Es nuestro deber, como estudiantes y como aspirantes espirituales, desarrollar todas y cada una de las facetas de nuestras habilidades, incluyendo especialmente las suprafísicas. Pero lo es también el desarrollarlas a lo largo de las líneas más favorables a nuestro propio progreso evolutivo y a nuestras posibilidades de servir a Dios y al Hombre.

El desarrollo psíquico negativo es peligroso para los Egos implicados y rara vez produce observaciones o “revelaciones” de valor intrínseco o duradero. La clarividencia positiva, en cambio, entrenada y sujeta a la voluntad y determinación del Ego, es un instrumento altamente efectivo para la investigación y el estudio científico. Y, cuando esa facultad se haya convertido en patrimonio de todos los hombres, se conocerán por su medio muchas verdades espirituales.

domingo, 16 de marzo de 2014

DOM PERNETY, DATOS BIOGRÁFICOS

Dom Antoine Joseph Pernety nació el 13 de Febrero de 1716 en Rouanne. Al terminar los estudios primarios ingresó en la congregación benedictina de San Marcos.

Su notable aptitud para los estudios no pasaría desapercibida por sus superiores, que lo destinaron a la Abadía de Saint-Germain-des-Pres a fin de que perfeccionara y ampliara sus estudios. En la biblioteca de esta abadía encontró valiosos textos alquímicos que despertaron en él una afición que mantendría a lo largo de su vida.

En 1758 compuso sus dos obras magnas: «Las fábulas egipcias y griegas, desveladas y reducidas al mismo principio» y el «Diccionario mito-hermético»[1]

Al año siguiente embarcó, acompañando a Louis de Bougainville, hacia las Islas Malvinas con objeto de establecer allí fundaciones coloniales, retornando a Francia a finales de 1764.

Los dos años siguientes fueron decisivos para él: víctima de una profunda crisis en el seno de sus convicciones religiosas abandona los hábitos y se instala en Avignon, donde participa activamente en la Masonería de Rito Escocés y Antiguo, de la que es fundador del grado28-29, «Caballero del Sol y Príncipe Adepto», iniciación que transcurre ritualmente en el Paraíso.

Sobre esta misma época crea su propia orden iniciática, el «Rito Hermético». En 1767 Federico II el Grande le propone para el cargo de Conservador de la Biblioteca Real de Berlín; Pernety acepta y se instala en Prusia, donde permanecerá 16 años; pero parece ser que originalmente el encargo iba destinado a su primo, el Abad Jacques Pernety, del que conocemos una obra bastante curiosa.[2]

Los años que permaneció en Berlín son la etapa mejor documentada de su vida: su cargo le aseguraba un modo de vida muy satisfactorio en lo material, permitiéndole desarrollar una actividad intelectual particularmente rica[3]. Estudioso y apasionado de la obra de Swedemborg, que fallecería en 1772, tradujo al francés la más importante de sus obras «Las maravillas del cielo y el infierno». En 1770 compuso un pequeño manual para uso interno del Rito Hermético, el «Ritual alquímico secreto»[4] y en 1776 un tratado que dedicará a Federico II, «Del conocimiento del hombre moral por el hombre físico».[5]

El caso es que en 1783, una entidad con la que decía estar en contacto, «La Santa Palabra» le conmina a abandonar Prusia y a instalarse de nuevo en Avignon.[6]

Dejará Berlín el día 10 de noviembre de ese mismo año dirigiéndose a Praga para visitar el colegio de Cabalistas de esa ciudad, verdadera meca del esoterismo. A continuación orienta sus pasos hacia Görlitz, ciudad natal del teósofo Boheme y posteriormente, a París.

A finales de 1784 le encontramos en Valence, en casa de su hermano, Jacques Pernety, donde permanecerá hasta 1786. Reencuentra al Marqués Vernety de Vaucroze, que le propone un retiro en Berradides, a algunas leguas de Avignon.

Desde que llegó a Francia sus esfuerzos se centraron en reorganizar su orden, bajo el nuevo nombre de «Rito de los iluminados»; la orientación alquímica de este grupo es obvia, como demuestra el hecho de que en sus filas militaran alquimistas más o menos conocidos: el Abad Buyton de Moreau «Brumore», el polaco Grabianka, La Richardiere y, muy posiblemente, el filósofo Saint Baque de Bufor.[7]

En 1786 sus obras fueron reeditadas, la orden contaba con un centenar de miembros y era muy popular en el mundo del esoterismo bajo el nombre de los «iluminados de Avignon». Sin embargo, las reacciones consecutivas a una escisión en el grupo propiciaron que la Inquisición tomara parte activa en el asunto; detenciones, fugas, interrogatorios no se hicieron esperar. En 1793, la justicia dispersa a los últimos hermanos y arresta, por error, al mismo Pernety. Cuando recupera la libertad reemprende sus estudios alquímicos y lucha por recomponer la orden aunque sin éxito.

Antoine Dom Pernety, fallece en Avignon, el 16 de octubre de 1796.

[1] . Les Fables égyptiennes et grecques, dévoilées & réduites au mème principe, avec une explication des hiéroglyphes, et de la guerre de Troye. 2 Vols. Chez Deladain, libraire, París, 1758. (Para la traducción de las Fábulas hemos hecho uso de la segunda edición, de 1786).


Dictionnaire Mitho-hermétique, dans lequel on trouve les allégories fabuleuses des poëtes, les métaphores, les enigmes et les termes barbares des philosophes hermétiques expliqués. Chez Deladain, libraire, París, 1758. (Existe una traducción de este importante diccionario realizada por Santiago Jubany, en Ediciones Indigo, Barcelona 1993).


[2] . En 1765, en Avignon, introdujo su rito hermético dentro de la logía de los «Sectarios de la Virtud». Dentro del escocismo tambien es fundador de los grados de «Masón Verdadero», «Masón verdadero en la vida recta» y «Caballero del Iris».


[3] . Lettres philosophiques sur les physionomies. La Haya, 1748.


[4] . Rituel Alchimique Secret, du grade de vrai Maçon Academicien. Existe una traducción italiana del mismo, en facsímil, publicado por Edizioni Rebis, 1981.


[5] . Esta obra estaba seguida en un segundo volumen, de las Observations sur les maladies de l’Ame pour servir de suite au précédant, Berlín, 1777.


[6] . La orden exacta que recibió se conserva en el Manuscrito de la Santa Palabra (Ms. 3090) en la Biblioteca del Museo Calvet, en Avignon: «Tu marcharás, tu buscarás, la obra te seguirá, tu partirás... Ya llega el día en que irás al lugar escogido para poner los cimientos de Su nuevo Pueblo...» (Mensajes del 18 y 21 de mayo de 1781). Sin embargo, retornó a Berlín sin haber hallado lo que buscaba y no abandonará definitivamente esta ciudad hasta 1783.


[7] . Del que conocemos unos comentarios a la hermética Tabla de Esmeralda Posiblemente, sea el autor de la Concordancia Mito-físico-cábalo-hermética.


lunes, 10 de febrero de 2014

LA ‘SHEKINAH’ O LA PRESENCIA DIVINA

La Shekinah, es una figura básica de la exégesis judía que designa a la Presencia divina que habita (shakan) entre los hombres, de aquí el nombre de Shekinah: ‘la que habita’ o ‘la que reside’. Representa el don que Dios dio al género humano después de la destrucción del primer Templo: su Presencia, que a partir de entonces residió con el pueblo de Israel en el exilio. Gracias a la Shekinahla relación entre el cielo y la tierra es posible y con ella la regeneración y la vuelta al Paraíso original, pues, simbólicamente, la caída de Adán y Eva y su expulsión del Jardín del Edén equivalen a la destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos y la posterior diáspora, Sin embargo, el nombre de Shekinah no se menciona en la Biblia hebrea, se trata de un término rabínico y, más concretamente, cabalístico. Aparece por primera vez en los targumim, unas traducciones glosadas según la tradición oral de los cinco libros de la Torá. En uno de ellos, llamado el Targum de Onkelos  (siglo I d. C.) se lee la palabra Shekinah  al traducir los versículos 4 y 5 del capítulo 12 delDeuteronomio, y sustituye a las palabras “morada” y “Nombre” de dichos versículos. 

Así en la Torá original se dice: «No procederéis así respecto a IHVH, vuestro Dios, únicamente el lugar elegido por IHVH, vuestro Dios, de entre todas las tribus para poner su Nombre allí, en su morada lo buscaréis y vendréis allí». Mientras que en la traducción de Onkelos está escrito: «No procederéis así respecto a IHVH, vuestro Dios, únicamente el lugar elegido por IHVH, vuestro Dios, de entre todas las tribus para poner su Shekinah allí, en su Shekinah lo buscaréis y vendréis allí». Que la palabra ‘Shekinah’ substituya a ‘morada’ no parece extraño, ambas tienen las mismas letras, (shin, caf, nun) y, como hemos visto, su significado es semejante, más curiosa es la identificación del ‘Nombre’ de Dios con la ‘Shekinah’, como si ambos fueran lo mismo o simbolizaran la misma experiencia. Algo que exegéticamente es cierto pues el nombre de Dios de cuatro letras, IHVH, el Tetragrama, simboliza la presencia de Dios entre los hombres. En la tradición hebrea, los Nombres de Dios designan sus manifestaciones, Dios se da a conocer por sus Nombres y entre todos ellos el Tetagrama es el más importante. Para comprender un poco más su significado baste decir que san Jerónimo en la Vulgata traduce Elohim por Deus pero el Tetragrama (IHVH) lo traduce siempreDominus, que inevitablemente equivale a Jesucristo. Veremos ahora unos fragmentos de la literatura cabalista en los que aparecen relacionados los tres conceptos que hemos apuntado: el templo, o la morada, la Shekinah y el Tetragrama.

El primero de ellos tiene como autor a rabí Josef Gikatilla (1323-1348), un gran cabalista castellano contemporáneo y amigo de rabí Moisés de León, el autor del Zohar, en el que explica que el templo es el lugar donde reside el Nombre, para después hacer un quiebro y, al igual que sucede con el versículo de la Escritura que hemos visto, substituirlo por la Shekinah: «El Templo es el lugar donde reside el Nombre único. Dios ha santificado el monte Moriah (Jerusalén), un lugar en IHVH donde el Templo fue edificado. Por eso está escrito: “El Templo de IHVH que tus manos establecieron” (Ex 15, 17) Y aquí residió el Nombre. Todas las distintas formas de la residencia: cercados, salas, vestíbulos y almacenes eran según la forma secreta del nombre IHVH, según el secreto de los miembros del hombre». (Las Puertas de la Luz, p. 26) Pero, cuando Israel pecó, continua explicando rabi Gilkatilla, la Shekinah –y aquí ya no habla del Nombre sino de la Shekinah– huyó del Templo y éste fue destruido, el Nombre (IHVH) no pudo pronunciarse de nuevo, pues ello sólo puede producirse en el interior del Templo. La continuación del texto que reproducimos explica que, según los planes originales, la Shekina, o el Nombre, hubiera debido permanecer en el mundo, pero la destrucción del Templo hizo que ascendiera hacia su lugar original, apartándose cada vez más de este mundo y, por consiguiente, del hombre, hasta que gracias a los Patriarcas se pudo reconstruir el lugar o el Templo y la Shekinah volvió a residir entre los hombres. En el fondo se trata de una ambivalencia entre el Templo exterior y el Templo interior que se construye en el corazón de los Patriarcas, el único lugar puro sobre la tierra donde la Shekinah puede albergarse: «Sabe que al principio de la creación del mundo, la naturaleza de laShekinah permanecía en los niveles inferiores, pues el diseño inicial de la creación era poner en correspondencia los mundos superiores y los inferiores… En consecuencia, la Shekinah habitó en lo bajo, y a causa de que la Shekinah descendió, se separaron los cielos y la tierra, lo que explica el versículo. “Así fueron acabados los cielos y la tierra y todas sus armadas”. (Gn 2, 1) Cada uno de ellos adornado y lleno del otro, y sus canales al igual que  sus fuentes funcionaban juntos, distribuyendo de lo alto a lo bajo, lo que llenaba IHVH de abajo a arriba, como señala el versículo: “Así habla IHVH: El cielo es mi trono y la tierra el escabel de mis pies”. (Is 66, 1) Después de esto, IHVH, bendito, se puso como intermediario entre lo alto y lo bajo. Después vino el primer hombre, que pecó y arruinó el sistema, rompiendo los canales hasta el punto de detener el agua de los depósitos, y entonces la Shekinah se fue. El conjunto se desestructuró. Después vinieron Abraham, Isaac y Jacob, de memoria bendita que continuaron atrayendo lo de lo alto. Se convirtieron en tres tronos para acoger a la Shekinah que no podía estar permanentemente en la tierra, sino sólo de manera temporal, sentada detrás de ellos. Es el secreto del versículo: “Elohim se elevó por encima de Abraham”. (Gn 17, 22)». (Las Puertas de la Luz, p. 26) Finalmente vino Salomón, el rey de la Paz, que reconstruyó el Templo como su padre David, el bien amado, lo había dispuesto, entonces:  «“Cuando Salomón hubo terminado sus rezos, el fuego descendió del cielo y consumó el holocausto y los sacrificios y la gloria de IHVH llenó toda la casa”. (2Cr 7, 1) Esto indica que la Shekinah volvió a su Casa de Eternidad y que permanece en la tierra. Los canales han sido restaurados, han podido comenzar a repartir sus bendiciones y verterlas sobre el Templo. Así está escrito: “Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre las montañas de Sión; ya que allí es donde IHVH envía la bendición, la vida, para la eternidad”. (Sl 133, 3)». (Las Puertas de la Luz, p. 26) Así, cada vez que se reconstruye el Templo en el corazón de un hombre justo, la Shekinahviene pera residir en él, a pesar de que aún esté en este mundo, es decir, en el exilio. Las bendiciones de lo alto tienen un lugar para ser recogidas  y los canales que unen el cielo con la tierra mediante su continuo fluir son restaurados.

La Shekinah es pues una seguridad para los hombres ya que gracias a ella se mantiene la relación entre Dios y los hombres. La misma idea aparece en el fragmento del  Zohar que reproducimos a continuación y que testifica la unidad y coherencia de la exégesis judía: «Rabbí Abba dijo: Recordad que Rabí Simón dijo: El Santo, bendito sea, ha erigido arriba un palacio y también una ciudad sagrada. Es Jerusalén, la ciudad santa. Nadie puede llegar hasta el Rey sino es pasando por el camino que la atraviesa, que es el verdadero camino, tal como está escrito: “Esta es la puerta del Señor, y los justos entrarán por ella”. (Sl 118, 20). Todos los mensajes que el Rey supremo envía aquí abajo, llegan por mediación de la Shekinah; y todos los mensajes que el mundo inferior manda al Rey llegan a la Shekinah, que los transmite al Rey. Así tenemos que la Shekinah es la inter­mediaria al mundo de arriba para responder al de aquí abajo, y viceversa». (Zohar III, 50b-51a) Al hilo de lo que acabamos de leer, quisiéramos introducir otro fragmento del Zohar que insiste en la idea básica de que la Shekinah, o la Presencia de Dios entre los hombres es una salvaguarda para Israel, o el pueblo de los justos: «“Y pondré mi tabernáculo (o mi ‘residencia’, mishkani, del verbo shakan, ‘residir’) en medio de vosotros.” (Lv 26, 11) “Y pondré mi tabernáculo” esto es la Shekinah. O “mi seguridad”, (se trata de un juego de palabras entre mishkani,
‘tabernáculo’ y mashkoni ‘seguridad’), que fue tomada como una seguridad. Mi seguridad, sin ninguna duda. Es como si alguien se encontrara a otro y éste le dijera: “Mi amor por ti es tan grande que me gustaría vivir contigo”. Dijo el otro: “¿Cómo sé que continuarás viviendo conmigo?” El primero tomó la cosa más preciosa de su casa y se la trajo y dijo: “Mira, ahora tienes la seguridad de que nunca te dejaré”. Igualmente, el Santo, bendito sea, quiso habitar con Jerusalén. ¿Qué hizo? Tomó la cosa más preciosa que tenía y se la trajo a Israel. Así les dijo: “Israel, mira, ahora tienes mi seguridad, por la que nunca te dejaré”. E incluso que el Santo, bendito sea se fuera lejos de nosotros. Dejó una seguridad con nosotros, y nosotros cuidamos su gran tesoro». (Zohar, III, 114ª) Y esta cosa, este gran tesoro que el Santo, bendito sea, ha confiado a los hombres es su divina Presencia, su Shekinah. En otro lugar, en un fragmento del Talmud se dice que la Shekinah se retira de Israel cuando un justo no tiene hijos: «Esta es la causa por la que la Shekinah se retiró de Israel…», así pues, podría decirse que al hablar de la Shekinah, los sabios se refieren al misterio de la cábala, el misterio de la trasmisión y de la generación santa. En el momento en el que no hay cabalistas, cuando se rompe la transmisión, la Shekinah deja de estar entre los hombres y se retira al cielo pues no encuentra un lugar donde habitar, tal como hemos visto antes respecto a los Patriarcas.

Toda comunicación entre el cielo y la tierra se rompe y el hombre permanece abandonado a su propia locura. Ello aparece claramente explicado en la continuación del fragmento del Talmud que acabamos de citar: «Ya que está escrito: “He establecido mi alianza entre yo y tu y con tu descendencia después de ti, con sus generaciones una alianza eterna a fin de ser un Dios para ti, para tu simiente después de ti. (Gn 17, 7) Cuando haya una simiente detrás de ti, la Shekinah habitará en ella. Si no hay simiente detrás de ti ¿sobre qué permanecerá? Sobre la madera y sobre la piedra… » (Talmud Iabamot, 64a) La madera y la piedra se refieren­­­ al ídolo, en el momento que no hay justos, el hombre se convierte en un ídolo, tiene ojos y no ve, tiene orejas y no oye, madera y piedra solamente, y la Shekinah ya no dispone de una simiente santa donde reposar. Y lo que es aún peor, ya nadie puede transmitir esta Presencia para que habite eternamente entre los hombres. De nuevo se destruye el Templo y el santo Nombre deja de poder ser pronunciado. A partir de aquí vemos la importancia de este concepto de la tradición hebrea y que en otras tradiciones toma distinto nombre, ya sea la Naturaleza perfecta del gran Sohravardi o el Pastor de hombres de Hermes, pero que siempre designa esta íntima relación entre la tierra y el cielo. 

“Mientras no sepamos dónde se encuentra el Señor, no podremos orientarnos hacia Él, el Nombre es su lugar”
(Josef Gikatilla)