miércoles, 15 de junio de 2011

Mediumnidad

Para comprender la mediumnidad es necesario saber algo de los varios cuerpos del hombre. Además del cuerpo denso, instrumento que el ego usa para propósitos materiales, el hombre posee un cuerpo vital compuesto de éter, un cuerpo de deseos o emocional, y una mente. El espíritu individualizado o ego, vive dentro de estos vehículos que se interpenetran y los usa para adquirir experiencia en la escuela de la vida.

En el estado de vigilia el cuerpo denso y el cuerpo vital, (este último interpenetrando y sobresaliendo como pulgada y media del primero) quedan dentro de una nube en forma de ovoide. Esta nube ovoide está compuesta por el cuerpo de deseos y la mente. Todos estos vehículos son concéntricos y es la interpelación del uno dentro del otro, quedando los centros de percepción de unos propiamente alineados con los centros de los otros, lo que facilita al ego manipular el complejo organismo y ejecutar en forma metódica los procesos de vida llamados razonamiento, habla y acción.

Cuando el cuerpo denso duerme, hay una separación de los vehículos. El ego y la mente revestidos del cuerpo de deseos se retiran de los cuerpos vital y denso, estos últimos permaneciendo en la cama mientras los cuerpos más sutiles flotan sobre el cuerpo que duerme, conectados a él por el cordón plateado. El proceso de restauración comienza poco después. En casos normales el cuerpo de deseos que ha sido armonizado en el Mundo del Deseo imparte energía rítmica al cuerpo vital, y éste, a su vez, comienza a trabajar sobre el cuerpo denso, eliminando los productos de descomposición principalmente por medio del sistema nervioso simpático. El resultado es que el cuerpo denso queda restaurado y repleto de vida cuando por la mañana el cuerpo de deseos, la mente y el ego entran nuevamente en él despertándolo.

Al morir, la separación entre los cuerpos es la misma que durante el sueño. Los llamados muertos tienen ego, mente y cuerpo de deseos. Algunas veces, por algún tiempo, permanecen conscientes del mundo material que han abandonado. Algunos se apegan a la vida terrestre y no se deciden a aprender sus nuevas lecciones. Estos son los llamados espíritus apegados a la Tierra. No pueden, sin embargo, funcionar en los mundos visibles sin un cuerpo y hacen uso de aquellos seres vivos, cuyos cuerpos densos y vitales están flojamente conectados ' El grado de laxitud entre los vehículos denso y vital no es el mismo en todos los egos. Hay personas cuyos cuerpos denso y vital están más estrechamente entrelazados. Estos son los materialistas. Las personas cuyos cuerpos no están tan fuertemente entrelazados pueden en cierta forma percibir y responder a las vibraciones espirituales y se desarrollan por su propia voluntad convirtiéndose en ocultistas o clarividentes entrenados. Aquellos de voluntad débil desarrollan solamente con ayuda de otros y en forma negativa. Estos seres son víctimas propicias para los espíritus apegados a la Tierra que simulando ser guías espirituales desarrollan sus víctimas como médiums de trance o como médiums de materialización, si la conexión entre los vehículos denso y vital de la víctima es especialmente floja.

Un médium es un clarividente involuntario o negativo que tiene los cuerpos denso y vital flojamente conectados y bajo el control de un espíritu del mundo del deseo. Es el mismo caso de un hipnotista y su víctima en el mundo físico. En el caso de un médium de trance, todas sus experiencias espirituales tienen lugar mientras su cuerpo físico permanece inconsciente o en trance. El ego revestido de los cuerpos mental y de deseos abandona el cuerpo físico. El espíritu-guía o control lo ocupa. Esta misma separación ocurre en el estado de sueño con la diferencia de que en el ensueño el cuerpo permanece inhabitado. El espíritu control se apodera de¡ cuerpo físico de¡ medium y lo usa para sus propios fines, a veces con gran perjuicio para éste. Por ejemplo, cuando tal espíritu-control ha sido en vida un adicto a drogas o un libertino, usará ese vehículo para satisfacer su sed de licor o sus bajas pasiones. Nunca recalcaremos suficiente- mente la importancia de¡ cuerpo físico como nuestro más valioso instrumento, y el grave error que se comete cuando lo entregamos a un espíritu-control o un hipnotista.

Un espíritu errante es una réplica exacta de un hipnotizador excepto que el espíritu errante es invisible y tiene más poder sobre su víctima. Este espíritu es considerado como un ser elevado o ángel incapaz de hacer daño, y deseoso de ayudar a diseminar la verdad. De hecho no hay poder transformador en la muerte. El pecador no se convierte en santo ni el ignorante en sabio al morir, y es una realidad triste para el clarividente entrenado ver como los espíritus-guías o controles se imponen a sus incautas víctimas quienes no pueden distinguir ni comprender el verdadero carácter de estos impostores, aceptando sus frases melosas y huecas como sabiduría divina. Aunque estos espíritus han hecho algún bien al probar fuera de toda duda la continuidad de la vida después de la muerte, han hecho también mucho daño a los médiums.

Es de esperarse que espíritus de alta naturaleza ética o gran desarrollo espiritual no traten de controlar al médium total- mente. Los espíritus errantes o de baja categoría lo hacen para tener un vehículo con el cual satisfacer sus ansias de bebidas y sexo. En esta forma causan estragos en el cuerpo del médium.

En el caso de médiums materializadores el espíritu guía pone la víctima en trance y extrae el éter de su cuerpo vital a través del bazo. Este éter lo usa para las materializaciones. Como hemos dicho anteriormente, la única diferencia entre un médium y una persona ordinaria es la laxitud entre sus cuerpos denso y vital. Esta laxitud permite al espiritu-control o guía extraer el éter casi por completo. El cuerpo vital es el vehículo que especializa la energía solar que nos da vitalidad. Privado de su principio vitalizante, el cuerpo del médium en el momento de la materialización se encoge aproximada- mente a la mitad de su tamaño. La carne se torna blanda y la chispa de la vida apenas arde. Cuando termina la sesión y el cuerpo vital le es devuelto al médium, éste despierta. Se siente muy extenuado y algunas veces recurre a la bebida para reponer sus fuerzas, En estos casos la salud se quebranta y el médium se con- vierte en una ruina humana, Desgraciada- mente, la gran mayoría de los médiums no están conscientes de estos peligros, especial- mente de los peligros que le amenazan al morir. Entonces su guía puede apoderarse del cuerpo de deseos. Aún en vida, si el médium trata de evitar que él use su cuerpo impunemente, hallará que no tiene poder para impedirlo. Al morir el médium y hallarse los dos espíritus frente a frente, los peligros son aún mayores. Se sabe de casos donde el médium ha repudiado y tratado de escapar del agarre de su guía, pero sin poder lograrlo. Estaba indefenso. Algunos médiums han confesado como han sido empujados irresistiblemente al crimen o suicidio por estos guías o espíritus-control. Han rogado que los dejen en paz, pero en vano. Muy raras veces se oye decir que estos guías han mostrado piedad. Una vez que la persona se convierte en médium no tiene escapatoria.

No puede impedir que el guía entre en su cuerpo. Mientras el médium es dócil y obedece al guía, todo marcha bien, pero si protesta y desobedece, encontrará que el guía tiene dominio y espuelas y las usa sin misericordia.

El guía saca los cuerpos superiores y espíritu del médium que no ofrece resistencia y toma posesión completa. Al retirarse se lleva parte del cuerpo vital del médium, lo que le sirve para dominarlo permanente- mente. En algunos casos no se conforma con tomar prestados los vehículos, sino que se apodera de ellos y deja fuera al dueño para siempre. El cuerpo es el mismo, pero el ego es extraño y sus hábitos cambian. Esto es obsesión.

Puede comprobarse fácilmente, pues el iris de sus ojos no responde a la luz ni a la distancia. No contrae ni expande. Solamente el dueño de un cuerpo puede manipular los ojos. En el médium estos están cerrados o tienen una mirada fija y vidriosa.

La lección por aprender de estos cono- cimientos es que debemos mantener completo dominio sobre nuestros vehículos y bajo ningún concepto permitir que se nos hipno- tice o controle desde afuera. Tampoco debemos asistir a sesiones espiritistas o demostraciones hipnóticas porque la actitud negativa que se observa en esas reuniones hace a uno vulnerable a la obsesión.

NUESTRO LEMA DEBE SER DOMINIO PROPIO
Y NO DOMINIO SOBRE LOS DEMAS.

Extraido de: : http://www.rosicrucian.com/foreign/framespa00.html

martes, 24 de mayo de 2011

Vida Más Abundante

El gran cambio denominado, generalmente, muerte, no respeta a nadie. Llega, indistintamente, a los jóvenes, a los maduros y a los ancianos. Todos, sin excepción, son forzados a abandonar algún día su vestidura física y a encaminarse a una nueva residencia, más allá de nuestra presente esfera de percepción.



Sabiendo que este cambio es inevitable, se hace necesario aprender lo más posible sobre esa gran transición. Para los ignorantes, este fenómeno es algo que trasciende la razón y, por consiguiente, en el momento de tenerlo que enfrentar, sin víctimas de un miedo rayano en el pánico. Sin embargo, ese terror no ha existido siempre. En el lejano pasado, cuando la conciencia del hombre estaba más enfocada en los reinos espirituales que en el físico, la pérdida del cuerpo apenas era percibida. Él se sabía un espíritu y era, por tanto, consciente de que su cuerpo físico era algo que había adquirido, que conservaría durante un tiempo determinado y luego lo desecharía, como el árbol desecha la hoja, y lo reemplazaría por otro cuando fuese necesario.



De modo que, hasta que no perdió la visión de su morada celestial y la certeza de ser un espíritu inmortal que, de vez en cuando, ocupaba un cuerpo físico, no comenzó a identificarse con éste y a considerarlo como su yo real y, consecuentemente, a temer una hipotética existencia sin él. Así pues, la mayor parte de los humanos han enfocado hasta tal punto sus conciencias en lo material, que están convencidos de ser sus cuerpos físicos y de que, en el momento en que éstos sean aniquilados por la muerte, su existencia dejará de ser posible.



Al hombre o la mujer espiritualmente iluminados les parece casi imposible que tal condición pueda ser posible pero, desgraciadamente, lo confirma permanentemente nuestro entorno que entierra, sin esperanza, a sus ya llamados muertos, sin caer en la cuenta de que sus espíritus están regresando a su hogar en el mundo celestial para enlazar allí con una ininterrumpida existencia.



Para traer consuelo, pues, a aquéllos que no conocen los hechos relativos a la así llamada muerte, vamos a estudiar la verdad sobre este fenómeno.



El hombre, el YO real, es un espíritu puro diferenciado EN el cuerpo de Dios, constituído por el sistema solar entero, tanto lo visible como lo invisible de él. Su destino es llegar a ser un dios creador, como nos dice el iniciado Pablo. Para desarrollar sus potenciales poderes divinos, pasa por distintas fases evolutivas, desde la más etérea hasta la más densa, adquiriendo experiencias que, lenta pero indefectiblemente, permiten ese desarrollo. Durante un período de esa evolución reside en este plano terrestre y ocupa, de vez en cuando, un cuerpo físico. El tiempo que pasa aquí, sin embargo, es sólo una mínima parte de su existencia. El resto de ésta transcurre en esferas más elevadas, en las que recibe otras instrucciones y desarrolla otras tareas, siempre con la finalidad de transformar sus fuerzas latentes en energía dinámica, lista para ser empleada en cualquier momento bajo el control directo del propio espíritu, que es el verdadero YO.



Cada vez que un individuo desciende al plano terrestre, queda enclaustrado en un cuerpo físico, dependiendo la duración de su vida terrena del número de lecciones que ha venido a aprender. Hay egos que vienen para aprender lecciones sobre la construcción prenatal de cuerpos y que descartan su vehículo físico tan pronto como han cumplido ese objetivo, unos a los pocos días, otros tras unos meses y otros, pasados unos años. Los hay que emplean su cuerpo físico hasta la adolescencia o hasta la edad adulta o hasta la vejez. Pero siempre, la duración de la vida dependerá del aprendizaje de ciertas lecciones que son necesarias para avanzar en su evolución y nunca del azar.



Debido al erróneo empleo de su libre albedrío, hay quienes, al fallecer sus allegados, mediante sus lamentaciones y confusión subsiguientes, hacen fracasar temporalmente los planes de la naturaleza al impedirles realizar en sus vehículos superiores la grabación del panorama de la vida que ha concluído, elemento esencial para su subsiguiente progreso en el mundo celestial. En tales casos, ese espíritu regresa junto a los responsables de tal pérdida, renace en su hogar y muere de niño a la vida terrena, para ir directamente al Primer Cielo, donde se le imparten las lecciones que se contenían en la grabación frustrada.



Al tiempo de fallecer, tanto los niños como los adultos son recibidos por parientes y amigos cariñoso y, a veces, por ángeles, que les ayudan a adaptarse a la existencia en el más allá.



La vida de los niños en el mundo celestial excede en hermosura a todo lo imaginable. Cuando los padres conozcan la deliciosa existencia que sus pequeños disfrutan y comprendan los grandes beneficios que para sus hijos supone esa limitada permanencia allí, su pena quedará considerablemente mitigada y las heridas de sus corazones sanarán más rápidamente.



Los que abandonan sus cuerpos físicos en condiciones normales quedan completamente liberados de ellos apenas se concluye la grabación en el cuerpo de deseos del panorama de la vida recién vivida. Debería proporcionarse al espíritu tres días y medio de quietud y silencio tras la muerte, para permitir la correcta grabación del panorama de la vida terrena, conservado en el éter reflector del cuerpo vital, en el átomo simiente del cuerpo de deseos, vehículo éste en que el Espíritu funcionará en los mundos superiores. Las imágenes transferidas al cuerpo de deseos, vehículo de los sentimientos y las emociones, serán la base de los sufrimientos que experimentará el espíritu en el Purgatorio por las malas acciones cometidas, y del disfrute por las buenas, en el Primer Cielo.



El tiempo de permanencia en el Purgatorio puede acortarse si el Espíritu reconoce el mal causado y los errores cometidos cuando las correspondientes imágenes aparecen en el panorama de su vida, y no trata de excusarse o de justificarse o se deja llevar de nuevo por la ira o el odio del pasado. Esta cooperación voluntaria por parte del Espíritu reduce considerablemente el dolor derivado de la purgación que sigue a la muerte.



En cuanto el cuerpo físico es abandonado, se abren las puertas al reino elemental; las fuerzas que compenetran la tierra, el agua, el aire y el fuego se retiran de la forma inanimada, y los componentes del cuerpo son restituidos a sus respectivos reinos. La extraña sensación que produce una cámara mortuoria y el miedo que la mayoría de la gente tiene a los muertos son debidos al estrecho contacto que en esos momentos existe entre esos seres elementales y los humanos que rodean el cuerpo inanimado. Esas fuerzas están siempre presentes y son extremadamente activas cuando se desintegra cualquier clase de materia orgánica y sus partículas componentes se reintegran a las respectivas esferas.



El sufrimiento, las lamentaciones, los pensamientos de desesperación y la añoranza y deseos de que regrese el difunto, no hacen más que mantener al Espíritu pegado a la tierra, impidiéndole tomar parte en las actividades propias de su nueva vida.



En cambio, los pensamientos de amor, de ánimo, de esperanza, de alegría y buena voluntad, son todos beneficiosos y de valor realmente inestimable.



En vez, pues, de abandonarnos a prácticas dañinas que, en realidad, impiden el progreso del Espíritu que se ha ido, debemos orar cada noche, pidiendo que se nos permita, al dormirnos, ir junto al ser querido. El deseo nos transportará inmediatamente allí y podremos pasar horas en su compañía, lo que resultará más provechoso para ambos y, con el tiempo, hará posible traer, al regresar a la conciencia de vigilia, muchas de las experiencias vividas en los planos invisibles. Del mismo modo y con el mismo método, podemos encontrar en la región purgatorial a amigos difuntos y acortar considerablemente su permanencia en ella.



El tiempo que se permanece en el Purgatorio es comparativamente corto: más o menos, un tercio del vivido en el Mundo Físico. En cambio, la vida en el Primer Cielo dura cientos de años. Es una región de alegría, sin un solo momento de amargura. Allí la enfermedad, la tristeza y el dolor son desconocidos, y se desarrollan todas las actividades ennoblecedoras a cuya realización ha aspirado el espíritu sin lograr llevarlas a cabo. Hermosas casas, flores, árboles, etc. están hechos de la sutil sustancia del Mundo del Deseo que, no obstante, para los habitantes del mundo celeste, resulta tan tangible como nuestras posesiones materiales lo son aquí para nosotros.



Esa gloriosa región del Cielo es, pues, un lugar de progreso y contiene todo lo bueno y deseable a las aspiraciones humanas. Allí el estudiante y el filósofo tienen acceso instantáneo a todas las bibliotecas del mundo; el artista, con el poder de su imaginación, puede crear formas en vivos colores de centelleante vida y hermosura inconcebible aquí; el escultor puede moldear con facilidad los materiales plásticos de ese mundo en estatuas cuya delicada belleza nunca había imaginado durante su vida terrena; el músico se beneficia también grandemente y escucha el eco de melodías celestiales mucho más dulces y más permanentes que nunca oyera en la tierra, y su Espíritu se deleita con su exquisita armonía. El poeta encuentra una inusitada inspiración en cuadros, música y colores, que podrá usar en su próxima encarnación; y el filántropo elabora planes altruistas para desarrollarlos en sus futuras vidas.



En esa región vemos la razón de los fracasos del pasado y aprendemos cómo vencer los obstáculos y evitar los errores que nos impidieron realizar nuestros planes.



Así que, tras una corta estancia purificadora en el Purgatorio, ésta es la región en la que pueden ser localizados nuestros seres queridos, preparándose para una próxima vida más eficiente y más amplia en los años por venir.



Concluyendo, recordemos que el Espíritu, el hombre o la mujer reales, es inmortal y, por tanto, no puede morir. De modo que la palabra muerte, aplicada al corte de la conexión del Espíritu con su cuerpo físico, es inadecuada porque, precisamente, su liberación de ese vehículo lento, pesado e imperfecto, significa vida, libertad, evolución y una vida más abundante en un hogar en el que proliferan la alegría, la felicidad, la paz, la comprensión y el progreso.



miércoles, 30 de marzo de 2011

EL SIGNIFICADO REAL DE LA MEDITACIÓN

Esta mañana vamos a hablar del verdadero significado de la meditación. Hay muchas quejas en el mundo del ocultismo respecto a la meditación. Muchos aspirantes dicen que parece que no logran meditar, o que no saben como, o que no saben si están meditando realmente o no, o que no pueden sostener la mente enfocada, etc. Para empezar, necesitamos aprender qué es meditar, para poder desarrollar una mayor claridad mental al respecto y aprender a hacer un mejor uso de este principio, para que nos ayude en el Sendero del Retorno.

La corriente oriental de pensamiento nos dice que uno ha de llevar a cabo muchos ejercicios de concentración. Una forma de hacerlo es dar al aspirante un objeto sobre el que ha de concentrarse. Esto rara vez funciona. La mente occidental no suele fascinarse lo suficiente con un objeto singular como para que la atención distraída de la mente no tenga que volver una y otra vez al objeto. Las mismas fuentes Orientales nos dicen que la meditación no sucede hasta que el aspirante ha desarrollado un alto grado de concentración. En nuestro trabajo, el desarrollo de la concentración y la meditación del aspirante siguen una ruta diferente. Por eso hay tantos símbolos en este trabajo. Los Adeptos del pasado conocieron los principios de la consciencia y los usaron para ayudar a los aspirantes a tratar con su propia consciencia.


En la Tradición Occidental usamos cierto tipo de símbolos, grifos sintéticos e imágenes pictóricas para educar al aspirante en el arte de la concentración y la meditación, pero el adiestramiento es diferente al realizado por otras escuelas en el pasado e incluso quizá en el presente. Carl Jung se aproximó a la idea del empleo de lo símbolos de forma maravillosa y ayudó a que muchas personas emprendiesen el sendero espiritual al descubrirles el poder del uso de los símbolos.


No debiera sorprendernos que los símbolos tuviesen tal poder, usados con propiedad. Soñamos con imágenes pictóricas, que son símbolos. El habla es un símbolo de segundo orden. Primero tenemos una idea sin forma, luego la consciencia le da una forma. Este es su símbolo básico o raíz. El pensamiento le da su forma, y después usamos unas pocas palabras para comunicar la forma o la imagen pictórica que estamos sosteniendo. El habla es bastante indirecta en cuanto a su capacidad de decirnos lo que es la mente y la consciencia, lo que ésta puede hacer y, ciertamente, en cuanto a su habilidad para ayudarnos a concentrarnos y meditar. Al fin y al cabo, nuestra consciencia permanece aún en un estado en el que merodea indisciplinada, bastante parecido al animal. Normalmente, la mente deambula pensando sobre qué pasó ayer y qué puede pasar mañana. Salta de un lado a otro, porque asocia ideas. Raramente permanece en un solo rail. Pero cuando un científico está llevando a cabo un experimento, su consciencia permanece bastante enfocada: ¿por qué? Tomad nota: ¡ESTÁ INTERESADO!


Este es uno de los secretos principales sobre como usar la consciencia en la meditación. Es vital respecto de nuestro logro espiritual. El científico está interesado y puede trabajar y trabajar con una idea porque está enfocado. Lo mismo con un artista. Se llega a perder dentro de una idea. Esto es concentración. ¿Por qué se concentran tan intensamente el artista y el científico? A causa de su profundo interés. El tratar de ver a Dios desde un área que no atrae naturalmente nuestra atención es ir en contra de los principios de la consciencia. No “usas lo que tienes” para ayudarte. Ninguno de nosotros tenemos que aprender a concentrarnos o meditar. No estaríamos aquí si no supiéramos hacerlo. Hizo falta una gran cantidad de meditación y concentración para que cada uno de nosotros construyese su cuerpo en todos los estados por los que ha pasado. Fue un esfuerzo de una gran concentración, que puede explicar por qué estamos tan encantados con nosotros mismos. La cosa que más nos interesa es nosotros mismos ¿Por qué? Bueno ¿Por qué no? Solo a través de nosotros mismos encontramos un punto focal que realmente nos va a permitir saber quién y qué somos. En tanto en cuanto cada uno de nosotros es un centro de consciencia para Dios, cuando nos concentramos, con bastante naturalidad, en nosotros mismos, nos estamos concentrando en Dios. Estamos encantados e interesados en todo lo concierne al yo.


Por supuesto, el inmaduro expresa este principio de forma inmadura e incluso maligna, lo reconocemos. No obstante, las repercusiones de tal inmadurez proporcionan una percepción superior un aprendizaje paulatino. El principio de estar vitalmente interesado en uno mismo está bien, y no hay que pensar que es indicativo de algo terrible. No se puede hacer nada al respecto. Hemos de tener ese interés en nosotros mismos o seríamos incapaces de aspirar. Ser capaces de expresarnos en el plano externo, capaces de usar nuestro vehículo, son pruebas de que tenemos una tremenda habilidad para concentrarnos. Este es solo un ejemplo; Un niño jugando muestra un alto nivel de concentración. Nació sabiendo cómo hacerlo. Todo lo que ha tenido que hacer es ir volviéndose lo suficientemente mayor como para dejar que su consciencia empezase a trabajar con ciertas ideas. Su cerebro hizo crecer un vehículo hasta el punto en que era capaz de concentrarse en cosas tales como el juego, el habla, el tacto, etc. Incluso en la niñez no hemos tenido que aprender a concentrarnos. Ya sabíamos.


Tampoco hemos tenido que aprender a enamorarnos ¿no? ¿Hay algo más concentrado que estar enamorado? La consciencia está tan enfocada y tan enfilada como nunca. Despertarse, dormirse, comer, trabajar, todo se resuelve alrededor de un pensamiento. Es un acto natural de concentración y meditación, porque cuando amamos realmente, hay una tremenda energía tras el foco total de la vida. Se convierte en una especie de meditación, especialmente para quienes tienen capacidades emocionales maduras. No tuvimos que aprender a enamorarnos, a jugar o a construir nuestros cuerpos en esta encarnación. En un momento dado, cuando comenzamos nuestro viaje, mayormente inconsciente, desde Dios, y de vuelta a Dios con percepción consciente, “aprendimos” a juntar los materiales de sustancia cósmica para construir nuestros cuerpos en actos de concentración. Aprendimos cómo hacerlo más y más como seres auto-conscientes, y lo hemos estado haciendo durante milenios, para llegar a nuestro actual nivel evolutivo. Somos seres antiguos, cada uno de nosotros, mucho más de lo que podemos empezar a comprender, aunque aún somos manzanitas verdes en el Árbol de la Vida. Y algunas de ellas, tremendamente ácidas. No obstante, como sabéis, las manzanas ácidas maduran.

Meditación y Concentración son poderes y habilidades. Como son algo que ya tenemos, lo que necesitamos es comprenderlo para poder operar con las leyes de nuestra propia consciencia. Así podemos dirigir nuestra concentración y nuestra meditación sobre las áreas que necesitemos, para alcanzar una vida más bella, más espiritual, y la verdadera unidad con el Creador. Entonces ¿cómo lo hacemos? Primero, hemos de tener interés. Si no, no llegaremos muy lejos por mucho que trabajemos. Nos llevará a algún sito, porque toda pequeña parte de energía empleada hace algo, no se gasta. Pero hemos de desarrollar interés para intensificar nuestras emociones concernientes a la aspiración, si queremos aprender a meditar en el sentido más importante. Esta habilidad de tener interés es importante en todos los niveles. Cuando necesitamos resolver un problema ¿nos tiene que decir alguien cómo concentrarnos? Si estamos en un lío, nuestra mente se vuelca sobre el problema, le da vueltas y vueltas, y eso lo hacemos muy bien. Examinamos el problema desde todas direcciones hasta decir: “bueno, si hago esto o lo otro, puedo resolver el problema.” Pero ¿qué estamos haciendo? No solo nos estamos concentrando, estamos alcanzando con nuestra mente una emoción hacia una solución. Esto es meditación ¿No es sencillo? Estás llegando a una solución. El científico en busca de una solución, está meditando. Por eso tenemos la expresión “meditar sobre un problema.” Puede tratarse de algo impersonal. Si te gusta la astronomía y necesitas saber lo que pasa con cierta estrella, puedes dedicar horas y horas mirando por el telescopio, permaneciendo en el séptimo cielo, porque lo que está pasando es importante para ti. Buscar y encontrar: eso es meditación.


Así que ya ves que has estado meditando toda tu vida, y no tienes que aprender cómo meditar. Lo que tienes que aprender es a sentirte lo suficientemente interesado, que te importe tanto, como para que tu meditación se vuelque sobre las áreas relativas al auto-descubrimiento de tu verdadero parentesco con el Señor de la Vida y Su creación. ¿No es sencillo? El principio es bastante sencillo, pero la práctica no lo es, a causa de nuestros modelos de conducta. Nuestras mentes sufren el empuje de la mente racial (Ann Davies se refiere a la raza humana, no a un grupo en especial), de la mente de la masa, hacia los problemas de las necesidades materiales. Nuestras mentes han de estar enfocadas en lo externo durante ciertos períodos de la vida, o no seríamos capaces de vivir en este plano.


Pero cuando permitimos que se nos empuje, suele ser el poder de la inercia el que vuelve nuestra atención hacia la esfera mundana. No obstante, nunca debemos despreciar los niveles mundanos, porque si lo hacemos, nunca llegaremos a empezar a lograr lo que aspiramos. Hemos de contemplar las áreas mundanas de la vida como expresiones del Poder de Vida que nos proporcionan la oportunidad de hacernos perceptivos en niveles de consciencia superiores.


Hacer el esfuerzo de lograr la capacidad de concentrarse y meditar en niveles que proporcionan una percepción sensorial y unos contactos superiores requiere que formemos nuevos canales, para que el agua de la consciencia no refluya por los antiguos canales de los problemas mundanos. Entonces, el agua empezará a alimentar una nueva corriente. Es como habilitar nuevos canales de riego, para que el agua fluya hacia otro campo. Esto se puede lograr trabajando con regularidad con cosas como el Tarot, y reuniéndose con un grupo con un espíritu común de mutua aspiración, como hacemos aquí. Cuando nos reunimos, hacemos una meditación mutua. Os sentáis aquí, con la mente despierta e inquisitiva, y yo hago lo mismo. Mi mente y mi consciencia también están preguntando y encontrando respuestas. En el nivel subconsciente estamos juntos, llegando a un área común. Nos damos unos a otros el poder de atraer ciertas respuestas. Esto es lo que debe hacer una clase de temas espirituales o un Servicio Dominical. El uso de esta búsqueda, de esta meditación, no debiera limitarse a un breve período en la mañana.


Lo que hemos de tratar es de llevar este espíritu de meditación a muchas más áreas de nuestra vida. Hemos de llegar a un punto en el que estemos en lo que llamaríamos casi “meditación constante.” ¿Os parece difícil? No lo es, de veras que no. No después de que hayáis aprendido a quitar las compuertas de riego. En el Tarot, se asigna a la Meditación a la Clave 17, La Estrella, y el significado de su letra hebrea es ‘anzuelo de pesca.’ Hemos hablado de encontrar respuestas. Eso es la meditación. Es pescar, pescar en las aguas de la consciencia, ideas, inspiraciones, soluciones, etc. Somos todos pescadores natos de la consciencia. Es decir, estamos buscando y encontrando. El problema es que la mayor parte del tiempo estamos buscando en los niveles subconscientes sin discriminación, así que pescamos el pez de otro. Y alguno de estos que pescamos no es comestible, por lo que conseguimos una indigestión emocional, que causa problemas y agobio. Entonces, aprendemos a pescar cuando el agua está clara y usamos el tipo de cebo adecuado para el tipo de pez que queremos. Queremos pescar en los más elevados niveles de consciencia que podamos, la percepción de que somos uno con el Yo Superior. En el futuro descubriréis qué fácil es alcanzar ese estado superior de meditación, incluso en medio de vuestra jornada laboral.


Cuando me familiaricé con esta enseñanza oculta, lo primero que decidí fue encontrar si existía una cosa tal como Dios. Era muy joven, y los jóvenes tienen mucho temperamenteo. Me senté, determinada a permanecer en ese estado de meditación inquisitiva hasta que obtuviese una respuesta. Lo que hice fue lanzar y mantener el anzuelo pescando en mi consciencia con la pregunta “¿hay Dios?” Lo hice durante una hora larga y conseguí mi respuesta. Una vibración que empezó en mis pies ascendió por mi cuerpo, y cuando alcanzó mi corazón y mi cabeza sentí un amor universal y cósmico más allá de toda expresión. Comprendí entonces que había algo en mí que nunca había nacido y que nunca iba a morir. Sin principio ni fin, como el espacio. ¿Por qué conseguí esta respuesta y por qué funcionó mi meditación? La cuestión me importaba sobremanera. Me resultaba vital tener una respuesta, era lo más importante del mundo, del universo. Por eso me interesé tanto y tenía que saberlo desesperadamente.


Toda la fuerza de la mente y de la emoción ascendió con la pregunta. Cuando trabajéis con las claves del Tarot en casa, recordad que cada una de ellas está estimulando vuestra capacidad de tener más interés. Esto es lo que finalmente os llevará a la experiencia de conoceros a vosotros mismos como siendo unos con la gloria eterna que es el Propio Dios. Cuando salgáis del Templo esta mañana, recordad que tenéis que elevar vuestra intención con una pregunta. Haced la pregunta a un árbol, a un pájaro, o a una persona, en el plano de cuestión emocional. “¿Qué eres?” “¿Qué eres?” “¿Cuál es tu relación con Dios y conmigo”? Preguntádselo a todo lo que veáis. Eventualmente, encontraréis que la meditación es una parte de vosotros mismos en todos los momentos de la vida, y lograréis algo mucho más sorprendente de lo que nunca imaginarais.


Por Ann Davis.


lunes, 7 de marzo de 2011

¿POR QUÉ SOMOS DIFERENTES?

¿Quién no se ha preguntado en algún momento de su vida que por qué él y sus circunstancias y su vida son diferentes a los demás? ¿Quién, compadeciéndose de los indigentes, minusválidos, etc., no ha dado gracias a Dios por haber tenido la “suerte” de no tener ese mal destino? e incluso, ¿Quién no se ha preguntado que ha hecho él para merecer una vida de placer y buena salud respecto a otros muchos que lo tienen muchísimo peor? Pienso que todos nos hemos hecho preguntas similares y todos, según su grado de desarrollo espiritual, hemos obtenido alguna respuesta que nos ha convencido durante un tiempo, sin embargo, sólo hay una respuesta verdadera y ésta viene en su momento y a través de lo que hoy llamamos Filosofía Oculta.

En estos últimos siglos y aun siendo personas razonables nos hemos conformado con las explicaciones que ha dado las religiones occidentales y la ciencia, esto es, que nuestro destino es fruto de la casualidad o que es lo que Dios desea para cada uno de nosotros. Las personas conformistas, creyentes y poco razonadoras se conforman con estas respuestas sin querer pararse a razonar de su injusticia porque si, como dice normalmente la ciencia, procedemos de la nada y en la nada no existe nada y ni siquiera inteligencia (si la hubiera ya no podría ser nada) ¿Cómo podría existir el orden cósmico que hay y cómo demostraría la naturaleza la sabiduría que demuestra? Y si nuestro origen es Dios, ¿Qué motivos tiene Dios para hacer que haya tantas diferencias entre los hombres (pobres-ricos, saludables-enfermos, buenos-malos, etc.)

Lo cierto es que el cristianismo tuvo las respuestas en su origen, como cualquiera puede comprobarlo en las enseñanzas de Cristo si es que sabe y quiere buscarlas en el Nuevo Testamento. También algunos científicos comienzan ya a admitir que el origen del hombre y de los mundos no es la nada o una serie de circunstancias cósmicas sino que tiene que haber algo verdaderamente sabio y poderoso que tiene la evolución misma de todo lo existente. Pero ni la religión quiso hacer público lo que sabía ni lo puede hacer ahora porque no tiene las respuestas que satisfagan a las mentes razonadoras, ni la ciencia quiere admitir públicamente lo poco que intuye dado que no es comprobable según su forma de pensar. La respuesta más cercana de la ciencia es que existe una evolución que ha llevado al hombre a ser lo que es desde el estado animal hasta el razonador actual admitiendo que puede existir un Alma. La respuesta más cercana de la iglesia es que somos un espíritu creado por otro gran Espíritu llamado Dios, sin embargo, esto es suficiente motivo para la ciencia y para muchas personas para decir que ese Dios es injusto y malo al dar destinos tan diferentes a unos y a otros sin causa justificada.

Unamos dichas respuestas y ampliémoslas con las enseñanzas ocultas. Es cierto que el verdadero ser humano no es el cuerpo físico sino un Espíritu creado, o mejor dicho, separado de Dios, y también es cierto que todo ha sido creado por Dios con un fin o meta, o lo que es lo mismo, Dios tiene un Plan con el cual Sus hijos desarrollarán los poderes latentes del Padre haciéndose así a Su imagen y semejanza. Así es que el ser humano no comienza a evolucionar en cada nacimiento sino que lleva evolucionando millones de años a través de muy diferentes cuerpos físico, extrayendo así de cada vida unas experiencias (el Alma y Conciencia) que le permiten renacer en un cuerpo más perfecto y tener un mejor destino. El Espíritu desarrolla sus poderes (Alma) y esos poderes son los que le permiten tener (crear) un cuerpo físico (lo que nace) por tanto, es el Espíritu el que construye el cuerpo para utilizarle en beneficio propio, así, cuando ya no le es útil, le abandona (muerte) para extraer el beneficio o esencia de la vida y unirlo a la de las anteriores para ir formando lo que llamamos conciencia.

Es la vida de Dios la que anima las formas para que éstas evolucionen y sirvan para su propósito que no es otro que el propio Plan de Dios, o sea, alcanzar la perfección. Pero como la perfección no se alcanza en una sola vida, para eso existen las leyes de Renacimiento y de Consecuencia, las que nos facilitan un nuevo destino donde cosechamos los resultados de las anteriores vidas (bueno y malo) y donde nos facilitan la posibilidad de acelerar nuestro desarrollo evolutivo gracias a la voluntad y al libre albedrío. En principio esta sería la explicación más razonable y básica a las preguntas que nos hacíamos porque, lo mismo que una persona muy mayor ha utilizado muchos trajes para llegar a esa edad y para obtener sabiduría de sus experiencias, así el Espíritu utiliza muchos cuerpos para obtener sabiduría de sus experiencias y para desarrollar su potencial interno.

Ya hemos diferenciado, aunque mínimamente, lo real de lo irreal, pero el esquema evolutivo de Dios tiene como meta que, después de que lo real (EL ESPÍRITU) utilice para su propio desarrollo a lo irreal, (LOS CUERPOS) lo real desarrolle sus poderes y sea un Dios al igual que nuestros hijos se hacen adultos y desarrollan sus cualidades de adulto. Pero para conseguir eso la humanidad se vale de diferentes medios según va evolucionando. El hombre prehistórico tuvo que desarrollar la mente para cambiar la faz de la Tierra gracias al pensamiento pero eso no hubiera sido posible sin el poder del Espíritu que llamamos voluntad. Y cuando la voluntad y la razón del pensador (el verdadero Yo o Alma) se pusieron a experimentar conscientemente, las leyes de Renacimiento y de Consecuencia le enseñaron (como aún nos siguen enseñando) que debía utilizar su libre albedrio para el bien.

Lo mismo que el fuego tiene el poder de quemar, así el Espíritu tiene el poder de la voluntad (entre otros) que es el que actualmente más nos puede ayudar a progresar en el sendero espiritual. Pero, el Espíritu, además del cuerpo físico y la mente, creó un cuerpo de deseos o emocional donde radican también los sentimientos. Estos cuerpos no son materiales como todos sabemos pero han sido y son imprescindibles y enormemente valiosos para alcanzar la meta de la perfección. Todos los cuerpos son nuevos en cada vida, el cuerpo físico está compuesto de átomos como cualquier otro objeto material, pero el cuerpo de deseos y la mente son continuación de lo que consiguieron alcanzar en la última vida, por tanto, a mayor desarrollo espiritual en cada vida más perfección en los cuerpos y menos ataduras a las leyes de Renacimiento y Consecuencia. Con esta segunda ampliación de conocimientos podemos encontrar la explicación de que lo que somos, lo que tenemos y lo que alcancemos en un futuro, es y será efecto de lo que hagamos con nuestro cuerpo físico y según sean nuestros deseos, sentimientos y pensamientos. Por consiguiente, lo que extraemos como esencia de las experiencias de cada vida acumulado en forma de Alma, es lo que forma ese Yo superior o Ego siendo esta la razón por la cual cada uno de nosotros es diferente a los demás y tiene un destino diferente pero merecido según lo que haya sembrado con sus diferentes cuerpos.

El hombre tiene un destino físico según lo que haya hecho con su cuerpo físico en sus anteriores vidas, pero también tendrá un destino lleno de posibilidades, tendencias, problemas, luchas, carácter, etc., según hayan sido sus sentimientos, deseos y pensamientos. Y esto es así porque las leyes divinas tienen el deber de enseñarnos a diferenciar el bien del mal para guiarnos hacia el bien obrar de una forma voluntaria y consciente, valiéndose para ello de su sabiduría para que, además de darnos lo que merecemos, (bueno mal destino) utilicemos el discernimiento y la voluntad para buscar y desarrollar la parte real y espiritual que todos tenemos dentro.

Lo mismo que una maquina no funciona y no cumple su misión sin la fuerza que la ponga en marcha, tampoco el hombre puede adquirir conocimiento y evolucionar sin su voluntad, ya que es la voluntad puesta en actividad la que hace que la mente pueda discernir para elegir entre el bien o el mal. Cuando la voluntad utiliza la mente para desarrollar la parte real y espiritual del hombre, desarrolla más poder para controlar los deseos, sentimientos y emociones, llegando así a la conclusión de que el hombre alcanzará su meta de acuerdo al uso que haga de su voluntad y de su mente para elegir entre hacer el bien o el mal o en manifestar sentimientos y deseos buenos o malos para el progreso o degeneración de su Alma. Así es que, el grado evolutivo de nuestra voluntad, de nuestra mente y de nuestros sentimientos y deseos es lo que forma nuestro carácter, nuestra buena o mala voluntad y, en definitiva, nuestro destino, por eso, y no por otra cosa, cada uno manifiesta más parte de su realidad interna que otros y por eso cada persona es diferente a otra y tiene un destino tan distinto.

La humanidad llegó a nacer como tal en una misma época como ocurre con los niños que comienzan en una misma clase y en determinado año. Por tanto, es el esfuerzo, la adaptación, el sacrificio, el deseo, etc., lo que hace que un Alma (como cualquier niño en el colegio) progrese más rápidamente que otros, viendo así en los tiempos actuales como unas personas están muy evolucionadas espiritualmente mientras que otras aún viven como hace muchos siglos lo hacían otros en sentido de los crímenes y barbaries que cometen. Lo mismo que un estudiante aplicado puede adelantar a otros que se han quedado rezagados por su falta de voluntad y esfuerzo, así, parte de la humanidad tiene mejor destino en todos los sentidos porque en sus últimas vidas se han preocupado y esforzado por hacer el bien en su entorno y en la sociedad. Por esta razón debemos pensar que las diferencias existentes entre un destino y carácter de una persona y otra están basadas en el desarrollo obtenido (espiritualización de sus cuerpos) desde que comenzaron sus andaduras como humanos hasta ahora y no desde que nacen como un cuerpo físico. Dicho de otra manera, cuanto más desarrollo de lo real, del Alma espiritual, mejor destino y más posibilidades de progreso; cuanto menos desarrollo espiritual más atados a las leyes de Renacimiento y Consecuencia y menos libertad de elección ante el destino.

Las leyes de Dios, Sus fuerzas, no son injustas ni tienen favoritismos con nadie ni con nada, todos partimos del mismo seno y todos tenemos que volver a él con los poderes del Espíritus desarrollados, así es que, en realidad, no hay personas más desgraciadas o beneficiadas que otras, sino que sus diferencias son como resultado del mal uso de su libre albedrío y de su voluntad y de no esforzarse por discernir para progresar por el camino que lleva a la perfección del Espíritu. En el pasado, cuando, casi como animales, nos movíamos por instintos, teníamos más disculpas porque éramos ignorantes de muchas verdades y no teníamos la capacidad de razonar. Pero en la etapa actual (sobre todo en occidente) pocas personas pueden decir que no están capacitados para discernir y elegir entre hacer el bien y el mal en cada momento de su vida. La observación de todo lo que nos rodea y de las circunstancias de cada momento unida a la autoconsciencia (esfuerzo voluntario por ser el verdadero Yo superior) debería llevarnos a utilizar la voluntad segundo a segundo, como si nos expresáramos como el propio Espíritu, es decir, actuar como observadores silenciosos que dejan que el Espíritu se exprese a través de su voluntad y el discernimiento. Cuando una persona llega a utilizar de esta forma sus cuerpos, no cabe la menor duda de que se está construyendo un destino y un carácter que será muy diferente del común de la humanidad. Es, por tanto, el esfuerzo y sacrificio de la persona en cada vida por elegir el camino del bien, de la compasión, del amor al prójimo, y del servicio, los que hacen que una persona sea diferente a otra. No podemos seguir admitiendo las respuestas de muchas religiones ni de la ciencia cuando vemos a personas malvadas que viven rodeados de lujos desde que nacen o personas buenísimas que llevan una vida de pobreza, hay que admitir que es mucho más razonable y lógico lo que en estas líneas se está explicando. No podemos aplicar esas teorías absurdas a una sola vida puesto que vemos que en el universo hay orden y sabiduría y, si todo evoluciona gracias a fuerzas invisibles a nuestros ojos ¿porqué no va a evolucionar la humanidad gracias a la fuerza del Espíritu que renace para experimentar en cuerpos cada vez más perfectos?

Algunas personas afirman que no deberíamos ser tan diferentes puesto que, después de la muerte, la personalidad muere y ya no queda nada que pueda manifestarse en la próxima vida. Eso es un error, la muerte no cambia a la persona, ésta sigue siendo la misma durante unos cuantos años aunque no esté en su cuerpo físico. Después de deshacerse del cuerpo físico, existe con su cuerpo de deseos en el mundo que corresponde a la clase de materia de la que está hecho dicho cuerpo y ahí está hasta que extraiga todo el beneficio de su vida pasada, tanto para no volver a hacer el mal como para esforzarse para hacer el bien. Cuando se anula la personalidad y extrae, por último, el beneficio del uso que haya hecho de su mente, es cuando ya no queda nada de lo que fue excepto la quintaesencia de la vida pasada que se unirá a todas las anteriores quintaesencias para manifestarse como voluntad, intuición, sabiduría, libre albedrío y voz de la conciencia. Por tanto, cuando esa Alma renace, lleva consigo dicha quintaesencia que es en lo que se basan los Ángeles para formar su destino y sus tendencias y posibilidades respecto al carácter, moralidad e inteligencia.

Esta quintaesencia, que bien podríamos llamar Yo superior, es la que hace que una persona sea diferente a otra y que tenga un destino tan diferente a otro. Si la muerte anulara todo, podríamos pensar que una persona de buena voluntad y gran desarrollo espiritual es igual a un malvado terrorista, violador o asesino. Es el desarrollo obtenido a través del renacimiento el que hace que una persona de buena voluntad no sea a la vez un asesino; es ese desarrollo del Alma, la fuerza del Espíritu, quien marca la diferencia como ocurre con el estudiante universitario respecto al colegial; es el desarrollo espiritual (como resultado de la búsqueda y práctica del bien) el que impide que una persona practique la ley de ojo por ojo y diente por diente; es esta fuerza la que impide la venganza, el odio, la injusticia, etc. Esta fuerza y poder espiritual que ha desarrollado el hombre renacimiento tras renacimiento, es una fuerza que le hace vivir cada vez más en la realidad y aborrecer lo físico y material para centrarse en los asuntos de Dios.

Lo mismo que el oro se purifica por medio del fuego, también el hombre construye su Alma, se purifica, gracias a las experiencias de cada vida. Pero esto tampoco nos debe hacer pensar que somos algo físico e insignificante, el cuerpo físico es el vehículo del Espíritu y bien haremos en cuidarle y en mantenerle sano (o no hay también diferencia entre las personas que ponen empeño en cuidar su cuerpo y otros que le intoxican a diario con tabaco y alcohol? Somos inmortales pero necesitamos nuestros cuerpos y por eso debemos cuidarlos como lo que son: pensamientos, sentimientos, deseos, emociones y acciones. Cuanto más progresemos en Espíritu más cerca estaremos de la liberación de dichos cuerpos y, entonces, aunque tuviéramos que utilizar alguno, lo haríamos como lo hace el propio Espíritu, es decir, sin sentirse parte de ellos; y digo yo ¿por qué no probar ya a utilizar los cuerpos de esa manera? Meditar y poner en práctica esto puede sorprender a muchos.

Nuestra meta próxima es la liberación del ciclo de renacimientos, y para ello nos valemos (sobre todo los que estamos en el ocultismo y similares) de meditaciones, técnicas mentales y espirituales, etc. Esto está muy bien para unos o para otros, pero estas prácticas sin el conocimiento de las leyes divinas y sin la observación de uno mismo desde el punto de vista del Espíritu sobre sus cuerpos, no sirve de mucho. Todo el que conecta con estas enseñanzas y medios de desarrollo es porque su propio Yo superior le incita a ello, en realidad la mayoría de nosotros estamos volviendo a hacer lo que ya hemos hecho en el pasado y si no nos esforzamos en hacer algo nuevo poco más vamos a adelantar. Son las experiencias espirituales del pasado las que nos impulsan a que sigamos esforzándonos en esa misma línea, pero los conocimientos que obtengamos o que estemos rememorando, nos tienen que llevar a sacrificarnos por conseguir identificarnos con nuestro Yo superior a la vez que nos desapegamos de los placeres y del materialismo.

Actuando así estaremos preparados y alertas para aprovechar las nuevas oportunidades que los Ángeles nos faciliten; actuando así tendremos la posibilidad de ver nuestro karma más claramente para así poder superarlo y eliminarlo; actuando así estaremos en la paz del Espíritu desde donde, separado de sus cuerpos, observa al hombre y sus circunstancias adaptándose a ello y asimilando directamente sus frutos; actuando así, será la propia vida la que señale los objetivos a conquistar y a desarrollar. En nosotros está actuar como personas o como nuestro verdadero Yo superior, pero si elegimos actuar desde el nivel de nuestra Alma seguro que, desde este mismo momento, nos diferenciaremos mucho de las personas normales que nos rodean y de lo que hemos sido hasta ahora.

Francisco Nieto