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sábado, 1 de agosto de 2015

El Cristianismo y la Reencarnación (2ª parte)

Continuando con el trabajo anterior, dejamos la segunda parte. Esperemos lo disfruteis.

El Cristianismo y la Reencarnación (2ª parte)

Las Trampas de Un Político Astuto
Lo que Justiniano hizo, fue forzar la aceptación de su decisión personal a lo que parece ser meramente una sesión de obispos que nunca fue realmente un concilio, ya que no contó ni con la presencia ni con la aprobación del Papa.
Después de todo, ¿qué obispo podría haberse opuesto a él y rehusarse a seguir sus órdenes?
Es a partir de entonces que la noción de la reencarnación desapareció del pensamiento cristiano en Europa y muchos creen, todavía hasta el día de hoy, que la no aceptación de la reencarnación es un verdadero dogma inspirado.
Todo por la decisión de… un emperador romano.
Es un hecho que algunas sectas Cristianas y escritores aceptaban la reencarnación como una extensión de las enseñanzas de Cristo. Orígenes de Alejandría, uno de los aclamados Padres de la Iglesia y descrito por San Gregorio como “el Príncipe de la enseñanza Cristiana en el tercer siglo”, escribió: “Cada alma viene a este mundo fortalecida por la victorias y debilitada por las derrotas de sus vidas anteriores”.
¿Por qué la Iglesia se esfuerza tanto en desacreditar la reencarnación? El impacto psicológico de la reencarnación puede ser la mejor explicación. Una persona que cree en la reencarnación asume responsabilidad por su propia evolución espiritual a través del renacer. El o ella no necesitan sacerdotes, confesionarios o rituales para evitar la maldición (ideas estas que por cierto no son parte de las enseñanzas de Jesús). Esa persona necesita solamente ocuparse de sus propios actos hacia el mismo y hacia los demás. Creer en la reencarnación elimina el miedo al infierno eterno que la Iglesia usa para disciplinar a su rebaño. En otras palabras, la reencarnación directamente socava la autoridad y el poder de la dogmática Iglesia. No es de extrañar entonces que la reencarnación ponga a los Defensores de La Fe tan nerviosos. La Iglesia estaba defendiendo en ese acto extravagante la doctrina del cielo y del infierno y las penas eternas porque centraba más poder en sus manos. Y de esa forma la reencarnación fue proscrita en un de los más graves equívocos cometidos por el Cristianismo.
En La Biblia existen suficientes referencias al fenómeno de la reencarnación las cuales permiten argumentar que el antiguo pueblo de Israel conocía el concepto e inclusive para algunas de sus sectas la reencarnación era parte esencial de sus creencias, especialmente en sectas como los Esenios y otras que practicaban la Cábala (Kabbalah). Para los cristianos en particular, las citas más importantes sobre la reencarnación pueden ser encontradas en las propias palabras de Jesús en los Evangelios.
Veamos algunos ejemplos a continuación.
Durante el pasaje de la transfiguración Jesús dice a sus discípulos:
Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron.
De la misma manera va a sufrir el Hijo del Hombre a manos de ellos.
Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista.
– Mateo 17:10-13, Marco 9:11-13, Lucas 9: 33
(Implicando que Juan el Bautista era la reencarnación del profeta Elías).
Jesús habla a sus discípulos sobre Juan el Bautista:
Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir.
El que tenga oídos, que oiga.
– Mateo 11:14-15
(Explícitamente declarando que Juan el Bautista es la reencarnación del profeta Elías).
A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron: –Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres?
Ni él pecó, ni sus padres –respondió Jesús–, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida
– Juan 9:1-3
(Implicando que el hombre había vivido previamente antes de nacer ciego en la presente existencia).
Todos los que empuñen espada, a espada perecerán. (Mateo 26.52)
La Iglesia ha preferido infundir en nosotros el temor al infierno y a la condena eterna, antes que concedernos el conocimiento, indispensable para poder elegir y ser independientes de la obediencia ciega, o de las promesas de entrar en el Paraíso.
“Muchas otras cosas hay que hizo Jesús, que si se escribieran una por una, me parece que no cabrían en el mundo los libros que se habrían de escribir.”
Juan 21:25.
Se dice que la Biblia no enseña la Reencarnación porque en ella no está escrita esta enseñanza y por lo tanto no existe esa posibilidad. Jesucristo entregó su Enseñanza estratificada para el círculo interno y para el círculo externo, para lo público y para lo privado, como claramente lo destacan estos versículos bíblicos:
“No deis a los perros las cosas santas, ni echéis vuestras perlas a los cerdos.”
Mateo 7:6.
“Porque a vosotros se os ha dado conocer los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no se les ha dado…Por eso les hablo en parábolas, porque ellos viendo no miran y oyendo no escuchan, ni entienden.”
Mateo 13:11,13.
“Todas estas cosas las dijo Jesús en parábolas al pueblo y sin parábolas no les predicaba.”
Mateo 13:34,35.
“A vosotros se os ha concedido saber el misterio del reino de DIOS, pero a los que son extraños todo se les anuncia en parábolas.”
Marcos 4:11.
“Con muchas parábolas les predicaba la palabra, conforme a la capacidad de los oyentes y no les hablaba sin parábolas; bien es verdad que aparte se lo descifraba todo a sus discípulos.”
Marcos 4:33,34.
“A vosotros se os ha concedido entender el misterio del reino de DIOS, a los demás se les habla en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.”
Lucas 8:10
A pesar del decreto del 553, la creencia en la reencarnación persistió entre los creyentes de fila. Hicieron falta otros mil años y mucho derramamiento de sangre para borrar completamente la idea. A principios del siglo trece, los Cataros, una devota e iluminada secta de Cristianos que creían en la reencarnación, florecieron en Italia y en sur de Francia. El
Papa lanzó una cruzada para detener semejante herejía, medio millón de personas fueron masacradas, villas completas de una sola vez, y los Cataros fueron totalmente barridos del mapa. Esta purga impuso el tono de la brutal Inquisición que comenzaría pronto. No solo la creencia en la reencarnación era causa de persecución, sino cualquier idea metafísica que cayera fuera del dogma de la Iglesia.
Hoy debido a la natural evolución humana y al despertar mental que actualmente sucede, despertar que no es igual para todos dado que hay almas con más y con menos experiencias, la mayoría aceptaría la reencarnación y otras verdades por inspiración y no por dogma.

Extraido de: https://caminoalagrandeza.wordpress.com/2010/04/03/el-cristianismo-y-la-reencarnacion-2da-parte/


lunes, 7 de marzo de 2011

¿POR QUÉ SOMOS DIFERENTES?

¿Quién no se ha preguntado en algún momento de su vida que por qué él y sus circunstancias y su vida son diferentes a los demás? ¿Quién, compadeciéndose de los indigentes, minusválidos, etc., no ha dado gracias a Dios por haber tenido la “suerte” de no tener ese mal destino? e incluso, ¿Quién no se ha preguntado que ha hecho él para merecer una vida de placer y buena salud respecto a otros muchos que lo tienen muchísimo peor? Pienso que todos nos hemos hecho preguntas similares y todos, según su grado de desarrollo espiritual, hemos obtenido alguna respuesta que nos ha convencido durante un tiempo, sin embargo, sólo hay una respuesta verdadera y ésta viene en su momento y a través de lo que hoy llamamos Filosofía Oculta.

En estos últimos siglos y aun siendo personas razonables nos hemos conformado con las explicaciones que ha dado las religiones occidentales y la ciencia, esto es, que nuestro destino es fruto de la casualidad o que es lo que Dios desea para cada uno de nosotros. Las personas conformistas, creyentes y poco razonadoras se conforman con estas respuestas sin querer pararse a razonar de su injusticia porque si, como dice normalmente la ciencia, procedemos de la nada y en la nada no existe nada y ni siquiera inteligencia (si la hubiera ya no podría ser nada) ¿Cómo podría existir el orden cósmico que hay y cómo demostraría la naturaleza la sabiduría que demuestra? Y si nuestro origen es Dios, ¿Qué motivos tiene Dios para hacer que haya tantas diferencias entre los hombres (pobres-ricos, saludables-enfermos, buenos-malos, etc.)

Lo cierto es que el cristianismo tuvo las respuestas en su origen, como cualquiera puede comprobarlo en las enseñanzas de Cristo si es que sabe y quiere buscarlas en el Nuevo Testamento. También algunos científicos comienzan ya a admitir que el origen del hombre y de los mundos no es la nada o una serie de circunstancias cósmicas sino que tiene que haber algo verdaderamente sabio y poderoso que tiene la evolución misma de todo lo existente. Pero ni la religión quiso hacer público lo que sabía ni lo puede hacer ahora porque no tiene las respuestas que satisfagan a las mentes razonadoras, ni la ciencia quiere admitir públicamente lo poco que intuye dado que no es comprobable según su forma de pensar. La respuesta más cercana de la ciencia es que existe una evolución que ha llevado al hombre a ser lo que es desde el estado animal hasta el razonador actual admitiendo que puede existir un Alma. La respuesta más cercana de la iglesia es que somos un espíritu creado por otro gran Espíritu llamado Dios, sin embargo, esto es suficiente motivo para la ciencia y para muchas personas para decir que ese Dios es injusto y malo al dar destinos tan diferentes a unos y a otros sin causa justificada.

Unamos dichas respuestas y ampliémoslas con las enseñanzas ocultas. Es cierto que el verdadero ser humano no es el cuerpo físico sino un Espíritu creado, o mejor dicho, separado de Dios, y también es cierto que todo ha sido creado por Dios con un fin o meta, o lo que es lo mismo, Dios tiene un Plan con el cual Sus hijos desarrollarán los poderes latentes del Padre haciéndose así a Su imagen y semejanza. Así es que el ser humano no comienza a evolucionar en cada nacimiento sino que lleva evolucionando millones de años a través de muy diferentes cuerpos físico, extrayendo así de cada vida unas experiencias (el Alma y Conciencia) que le permiten renacer en un cuerpo más perfecto y tener un mejor destino. El Espíritu desarrolla sus poderes (Alma) y esos poderes son los que le permiten tener (crear) un cuerpo físico (lo que nace) por tanto, es el Espíritu el que construye el cuerpo para utilizarle en beneficio propio, así, cuando ya no le es útil, le abandona (muerte) para extraer el beneficio o esencia de la vida y unirlo a la de las anteriores para ir formando lo que llamamos conciencia.

Es la vida de Dios la que anima las formas para que éstas evolucionen y sirvan para su propósito que no es otro que el propio Plan de Dios, o sea, alcanzar la perfección. Pero como la perfección no se alcanza en una sola vida, para eso existen las leyes de Renacimiento y de Consecuencia, las que nos facilitan un nuevo destino donde cosechamos los resultados de las anteriores vidas (bueno y malo) y donde nos facilitan la posibilidad de acelerar nuestro desarrollo evolutivo gracias a la voluntad y al libre albedrío. En principio esta sería la explicación más razonable y básica a las preguntas que nos hacíamos porque, lo mismo que una persona muy mayor ha utilizado muchos trajes para llegar a esa edad y para obtener sabiduría de sus experiencias, así el Espíritu utiliza muchos cuerpos para obtener sabiduría de sus experiencias y para desarrollar su potencial interno.

Ya hemos diferenciado, aunque mínimamente, lo real de lo irreal, pero el esquema evolutivo de Dios tiene como meta que, después de que lo real (EL ESPÍRITU) utilice para su propio desarrollo a lo irreal, (LOS CUERPOS) lo real desarrolle sus poderes y sea un Dios al igual que nuestros hijos se hacen adultos y desarrollan sus cualidades de adulto. Pero para conseguir eso la humanidad se vale de diferentes medios según va evolucionando. El hombre prehistórico tuvo que desarrollar la mente para cambiar la faz de la Tierra gracias al pensamiento pero eso no hubiera sido posible sin el poder del Espíritu que llamamos voluntad. Y cuando la voluntad y la razón del pensador (el verdadero Yo o Alma) se pusieron a experimentar conscientemente, las leyes de Renacimiento y de Consecuencia le enseñaron (como aún nos siguen enseñando) que debía utilizar su libre albedrio para el bien.

Lo mismo que el fuego tiene el poder de quemar, así el Espíritu tiene el poder de la voluntad (entre otros) que es el que actualmente más nos puede ayudar a progresar en el sendero espiritual. Pero, el Espíritu, además del cuerpo físico y la mente, creó un cuerpo de deseos o emocional donde radican también los sentimientos. Estos cuerpos no son materiales como todos sabemos pero han sido y son imprescindibles y enormemente valiosos para alcanzar la meta de la perfección. Todos los cuerpos son nuevos en cada vida, el cuerpo físico está compuesto de átomos como cualquier otro objeto material, pero el cuerpo de deseos y la mente son continuación de lo que consiguieron alcanzar en la última vida, por tanto, a mayor desarrollo espiritual en cada vida más perfección en los cuerpos y menos ataduras a las leyes de Renacimiento y Consecuencia. Con esta segunda ampliación de conocimientos podemos encontrar la explicación de que lo que somos, lo que tenemos y lo que alcancemos en un futuro, es y será efecto de lo que hagamos con nuestro cuerpo físico y según sean nuestros deseos, sentimientos y pensamientos. Por consiguiente, lo que extraemos como esencia de las experiencias de cada vida acumulado en forma de Alma, es lo que forma ese Yo superior o Ego siendo esta la razón por la cual cada uno de nosotros es diferente a los demás y tiene un destino diferente pero merecido según lo que haya sembrado con sus diferentes cuerpos.

El hombre tiene un destino físico según lo que haya hecho con su cuerpo físico en sus anteriores vidas, pero también tendrá un destino lleno de posibilidades, tendencias, problemas, luchas, carácter, etc., según hayan sido sus sentimientos, deseos y pensamientos. Y esto es así porque las leyes divinas tienen el deber de enseñarnos a diferenciar el bien del mal para guiarnos hacia el bien obrar de una forma voluntaria y consciente, valiéndose para ello de su sabiduría para que, además de darnos lo que merecemos, (bueno mal destino) utilicemos el discernimiento y la voluntad para buscar y desarrollar la parte real y espiritual que todos tenemos dentro.

Lo mismo que una maquina no funciona y no cumple su misión sin la fuerza que la ponga en marcha, tampoco el hombre puede adquirir conocimiento y evolucionar sin su voluntad, ya que es la voluntad puesta en actividad la que hace que la mente pueda discernir para elegir entre el bien o el mal. Cuando la voluntad utiliza la mente para desarrollar la parte real y espiritual del hombre, desarrolla más poder para controlar los deseos, sentimientos y emociones, llegando así a la conclusión de que el hombre alcanzará su meta de acuerdo al uso que haga de su voluntad y de su mente para elegir entre hacer el bien o el mal o en manifestar sentimientos y deseos buenos o malos para el progreso o degeneración de su Alma. Así es que, el grado evolutivo de nuestra voluntad, de nuestra mente y de nuestros sentimientos y deseos es lo que forma nuestro carácter, nuestra buena o mala voluntad y, en definitiva, nuestro destino, por eso, y no por otra cosa, cada uno manifiesta más parte de su realidad interna que otros y por eso cada persona es diferente a otra y tiene un destino tan distinto.

La humanidad llegó a nacer como tal en una misma época como ocurre con los niños que comienzan en una misma clase y en determinado año. Por tanto, es el esfuerzo, la adaptación, el sacrificio, el deseo, etc., lo que hace que un Alma (como cualquier niño en el colegio) progrese más rápidamente que otros, viendo así en los tiempos actuales como unas personas están muy evolucionadas espiritualmente mientras que otras aún viven como hace muchos siglos lo hacían otros en sentido de los crímenes y barbaries que cometen. Lo mismo que un estudiante aplicado puede adelantar a otros que se han quedado rezagados por su falta de voluntad y esfuerzo, así, parte de la humanidad tiene mejor destino en todos los sentidos porque en sus últimas vidas se han preocupado y esforzado por hacer el bien en su entorno y en la sociedad. Por esta razón debemos pensar que las diferencias existentes entre un destino y carácter de una persona y otra están basadas en el desarrollo obtenido (espiritualización de sus cuerpos) desde que comenzaron sus andaduras como humanos hasta ahora y no desde que nacen como un cuerpo físico. Dicho de otra manera, cuanto más desarrollo de lo real, del Alma espiritual, mejor destino y más posibilidades de progreso; cuanto menos desarrollo espiritual más atados a las leyes de Renacimiento y Consecuencia y menos libertad de elección ante el destino.

Las leyes de Dios, Sus fuerzas, no son injustas ni tienen favoritismos con nadie ni con nada, todos partimos del mismo seno y todos tenemos que volver a él con los poderes del Espíritus desarrollados, así es que, en realidad, no hay personas más desgraciadas o beneficiadas que otras, sino que sus diferencias son como resultado del mal uso de su libre albedrío y de su voluntad y de no esforzarse por discernir para progresar por el camino que lleva a la perfección del Espíritu. En el pasado, cuando, casi como animales, nos movíamos por instintos, teníamos más disculpas porque éramos ignorantes de muchas verdades y no teníamos la capacidad de razonar. Pero en la etapa actual (sobre todo en occidente) pocas personas pueden decir que no están capacitados para discernir y elegir entre hacer el bien y el mal en cada momento de su vida. La observación de todo lo que nos rodea y de las circunstancias de cada momento unida a la autoconsciencia (esfuerzo voluntario por ser el verdadero Yo superior) debería llevarnos a utilizar la voluntad segundo a segundo, como si nos expresáramos como el propio Espíritu, es decir, actuar como observadores silenciosos que dejan que el Espíritu se exprese a través de su voluntad y el discernimiento. Cuando una persona llega a utilizar de esta forma sus cuerpos, no cabe la menor duda de que se está construyendo un destino y un carácter que será muy diferente del común de la humanidad. Es, por tanto, el esfuerzo y sacrificio de la persona en cada vida por elegir el camino del bien, de la compasión, del amor al prójimo, y del servicio, los que hacen que una persona sea diferente a otra. No podemos seguir admitiendo las respuestas de muchas religiones ni de la ciencia cuando vemos a personas malvadas que viven rodeados de lujos desde que nacen o personas buenísimas que llevan una vida de pobreza, hay que admitir que es mucho más razonable y lógico lo que en estas líneas se está explicando. No podemos aplicar esas teorías absurdas a una sola vida puesto que vemos que en el universo hay orden y sabiduría y, si todo evoluciona gracias a fuerzas invisibles a nuestros ojos ¿porqué no va a evolucionar la humanidad gracias a la fuerza del Espíritu que renace para experimentar en cuerpos cada vez más perfectos?

Algunas personas afirman que no deberíamos ser tan diferentes puesto que, después de la muerte, la personalidad muere y ya no queda nada que pueda manifestarse en la próxima vida. Eso es un error, la muerte no cambia a la persona, ésta sigue siendo la misma durante unos cuantos años aunque no esté en su cuerpo físico. Después de deshacerse del cuerpo físico, existe con su cuerpo de deseos en el mundo que corresponde a la clase de materia de la que está hecho dicho cuerpo y ahí está hasta que extraiga todo el beneficio de su vida pasada, tanto para no volver a hacer el mal como para esforzarse para hacer el bien. Cuando se anula la personalidad y extrae, por último, el beneficio del uso que haya hecho de su mente, es cuando ya no queda nada de lo que fue excepto la quintaesencia de la vida pasada que se unirá a todas las anteriores quintaesencias para manifestarse como voluntad, intuición, sabiduría, libre albedrío y voz de la conciencia. Por tanto, cuando esa Alma renace, lleva consigo dicha quintaesencia que es en lo que se basan los Ángeles para formar su destino y sus tendencias y posibilidades respecto al carácter, moralidad e inteligencia.

Esta quintaesencia, que bien podríamos llamar Yo superior, es la que hace que una persona sea diferente a otra y que tenga un destino tan diferente a otro. Si la muerte anulara todo, podríamos pensar que una persona de buena voluntad y gran desarrollo espiritual es igual a un malvado terrorista, violador o asesino. Es el desarrollo obtenido a través del renacimiento el que hace que una persona de buena voluntad no sea a la vez un asesino; es ese desarrollo del Alma, la fuerza del Espíritu, quien marca la diferencia como ocurre con el estudiante universitario respecto al colegial; es el desarrollo espiritual (como resultado de la búsqueda y práctica del bien) el que impide que una persona practique la ley de ojo por ojo y diente por diente; es esta fuerza la que impide la venganza, el odio, la injusticia, etc. Esta fuerza y poder espiritual que ha desarrollado el hombre renacimiento tras renacimiento, es una fuerza que le hace vivir cada vez más en la realidad y aborrecer lo físico y material para centrarse en los asuntos de Dios.

Lo mismo que el oro se purifica por medio del fuego, también el hombre construye su Alma, se purifica, gracias a las experiencias de cada vida. Pero esto tampoco nos debe hacer pensar que somos algo físico e insignificante, el cuerpo físico es el vehículo del Espíritu y bien haremos en cuidarle y en mantenerle sano (o no hay también diferencia entre las personas que ponen empeño en cuidar su cuerpo y otros que le intoxican a diario con tabaco y alcohol? Somos inmortales pero necesitamos nuestros cuerpos y por eso debemos cuidarlos como lo que son: pensamientos, sentimientos, deseos, emociones y acciones. Cuanto más progresemos en Espíritu más cerca estaremos de la liberación de dichos cuerpos y, entonces, aunque tuviéramos que utilizar alguno, lo haríamos como lo hace el propio Espíritu, es decir, sin sentirse parte de ellos; y digo yo ¿por qué no probar ya a utilizar los cuerpos de esa manera? Meditar y poner en práctica esto puede sorprender a muchos.

Nuestra meta próxima es la liberación del ciclo de renacimientos, y para ello nos valemos (sobre todo los que estamos en el ocultismo y similares) de meditaciones, técnicas mentales y espirituales, etc. Esto está muy bien para unos o para otros, pero estas prácticas sin el conocimiento de las leyes divinas y sin la observación de uno mismo desde el punto de vista del Espíritu sobre sus cuerpos, no sirve de mucho. Todo el que conecta con estas enseñanzas y medios de desarrollo es porque su propio Yo superior le incita a ello, en realidad la mayoría de nosotros estamos volviendo a hacer lo que ya hemos hecho en el pasado y si no nos esforzamos en hacer algo nuevo poco más vamos a adelantar. Son las experiencias espirituales del pasado las que nos impulsan a que sigamos esforzándonos en esa misma línea, pero los conocimientos que obtengamos o que estemos rememorando, nos tienen que llevar a sacrificarnos por conseguir identificarnos con nuestro Yo superior a la vez que nos desapegamos de los placeres y del materialismo.

Actuando así estaremos preparados y alertas para aprovechar las nuevas oportunidades que los Ángeles nos faciliten; actuando así tendremos la posibilidad de ver nuestro karma más claramente para así poder superarlo y eliminarlo; actuando así estaremos en la paz del Espíritu desde donde, separado de sus cuerpos, observa al hombre y sus circunstancias adaptándose a ello y asimilando directamente sus frutos; actuando así, será la propia vida la que señale los objetivos a conquistar y a desarrollar. En nosotros está actuar como personas o como nuestro verdadero Yo superior, pero si elegimos actuar desde el nivel de nuestra Alma seguro que, desde este mismo momento, nos diferenciaremos mucho de las personas normales que nos rodean y de lo que hemos sido hasta ahora.

Francisco Nieto