jueves, 19 de abril de 2012

Kabbalah Extática y Tseruf, de Georges Lahy

La Kabbalah tiene diversas orientaciones: especulativas o prácticas, místicas o mágicas. Entre estas diferentes direcciones, se encuentra una vía de práctica espiritual que ha sido descrita por un cabalista español del siglo XIII, Abraham Abufalia, que aportó a los cabalistas unos ejercicios espirituales basados en combinaciones particulares de las 22 letras del alfabeto hebreo, abriendo así la vía a una Kabbalah del lenguaje, cuya práctica conduce al éxtasis místico. El éxtasis del cabalista es una apertura de la consciencia durante la cual se encuentra con el profeta que duerme en él. Durante esta unión, el ser común, cargado con el recuerdo de su pasado, se encuentra con el profeta iluminado por el “recuerdo” de su futuro. La Kabbalah extática, mediante una combinación de letras, abre la posibilidad de comunicar con el universo interior y la creación que lo envuelve. Las combinaciones de letras sustentan técnicas de vocalizaciones, de respiraciones y de movimientos del cuerpo, favoreciendo la unión entre cuerpo, aliento y espíritu.
Durante mucho tiempo los estudiantes de Kabbalah han estado esperando que las excelsas enseñanzas de grandes maestros de este arte milenario, como Abulafia, fueran rescatadas y, bien traducidas, puestas al alcance de todo buscador de Luz. Georges Lahy está cumpliendo esta inmensa tarea a la perfección. Ahora, gracias a él, disponemos de este trabajo inédito, lo que es un privilegio que ningún cabalista debería dejar escapar.Este libro es un verdadero manual, teórico y práctico, de Kabbalah combinatoria. Contiene los ejercicios sonoros esenciales, respiratorios y corporales, que favorecen la apertura de las 231 puertas del espíritu. Quizá un poco caro, para los tiempos que corren, pero sin duda... ¡Una verdadera joya!

Más información: http://www.emisterios.es/blog/editorial/novedad-editorial-kabbalah-extatica-y-tseruf-de-georges-lahy/

martes, 10 de abril de 2012

La Alquimia Eterna y la Gnosis por Jacob Böhme

Jacob Böhme es, sin duda alguna, uno de los más grandes Gnósticos Cristianos. Utilizamos este término para describir una sabiduría basada en una revelación directa y expresada por mitos y símbolos más bien que por conceptos. Tal sabiduría es más bien de tipo contemplativo que discursivo, es filosofía religiosa, es una teosofía.

Este jarro de estaño, símbolo arquetipo de la iniciación, símbolo de la copa del Santo Grial, del Caldero mágico o de la Piedra consagrada, le permite adquirir en adelante esta mirada que penetra los arcanos escondidos de la naturaleza, la firma ocultada de las cosas, las intenciones profundas de la Voluntad cósmica, porque el ser de Jacob ya se baña en una comunión íntima con el Divino.

En 1612, Jacob Böhme comienza a redactar “La Aurora Naciente” para recordar su experiencia espiritual. Pero el pastor protestante calvinista de Görlitz, Martin Moller, miembro de la Rosa-Cruz, que reunió simpatizantes en torno al teósofo no es ya el“Pastor Primarus” de la ciudad. Dejó el lugar a Grégor Richter desde 1606. Éste es un fanático dogmático que va a desencadenar sobre Böhme los rayos de su intolerancia.

Como ocurre a menudo en la historia, el conservadurismo teológico se opone violentamente a las audacias del verdadero pensamiento místico. Con todo, por el ruido del escándalo y la calumnia, el pastor calvinista, queriendo al mismo tiempo denunciar la obra teosofíca de Jacob Böhme va realmente a ser el instrumento principal de la propagación de su mensaje. La obra literaria de Böhme cumple ocho volúmenes, siete escritos los últimos años de su vida: “Los

Tres Principios de la Esencia Divina”, “La Signatura de Todas las Cosas”, “Misterio Magnum”, “Sobre la Eleccíon de la Gracia”, “Cuarenta Preguntas sobre el Alma”, “El Camino hacia Cristo”, “La Triple Vida del Hombre”

Los siete grados de la teología de Jacob Böhme

La teología de Jacob Böhme es una teología del nacimiento de Dios."Yo (ALLAH) era un tesoro escondido, y quería ser conocido, entonces cree a el universo esto para que se Me conociera.", dice la tradición islámica. El nacimiento del Maestro Jesús es, en efecto, un maravilloso símbolo puesto que este nacimiento es a la vez una revelación y una buena noticia. Dios se revela al hombre por su hijo y, según Böhme, el hijo revela el Amor que en el Padre era desconocido. El Avatar manifiesta el deseo del Padre. El Dios que el Hijo revela es en desarrollo de un futuro prometedor, separado de la deidad pura y eterna del Principio. Este Dios se hizo carne en su creación para encontrarse en el consumo del tiempo consciente de sí mismo.

Es en cada uno que debe ahora realizarse esta Gnosis, este nacimiento del Cristo para que se realice el paso de la Nada al Ser, de la Trascendencia absoluta a la Inmanencia. Somos herederos del deseo de autoconciencia de Dios a través del sensible. Y ello, la mística lo realiza por el desarrollo de sus sentidos espirituales y la espiritualización del mundo, para que el Alma Eterna y la Naturaleza Eterna sólo hagan Uno.

Para Böhme, Dios se presenta y se desarrolla según un ciclo septenario que es el ciclo de la manifestación divina. Por ejemplo, encontramos este ciclo septenario en la cosmología de Sri Aurobindo.

Los tres primeros grados del ciclo de la naturaleza eterna se colocan bajo la señal de la cólera de Dios.

En primer lugar la pura deidad sale de sí mismo y aparecen entonces inmediatamente las tinieblas, frutas del deseo. El alma eterna, en primer lugar una respiración, es capaz de sensación.

Es el tercer grado del ciclo septenario, el “gabinete de la angustia”, tiempo de la pendiente a los infiernos de la Pasión o prefiguración de la Pasión del Cristo, que ve el lugar de confrontación de las fuerzas cohesivas y repulsivas, y nos significa que todo nacimiento es, en realidad, un renacimiento y en primer lugar una muerte.
Luego nace la materia del deseo condensado, petrificado, y nace nuestro mundo, Verbo cristalizado. No es el tiempo del Amor, el que triunfará mas adelante con la suavidad.

El cuarto grado de la naturaleza eterna representa la dualidad del Padre y el Hijo.

El séptimo grado reúne la totalidad de la emanación. A este término, los grados no se suceden ya, son simultáneos. Eso significa que se unen el Padre y el Hijo.Entonces, el Hijo enciende la profundidad del Padre. Cuando el ciclo se acaba, que la Luz ilumina la criatura, todo nos parece simultáneo. Es en esta simultaneidad, que esta la imagen de la eternidad, que se manifiesta la unidad de Dios.

Síntesis de la teología de Jacob Böhme

Para sintetizar estos siete grados que conduzcan desde la Nada hasta la Iluminación, podemos decir que toda la teosofía de Böhme explica cómo el fuego se transforma en Luz. El fuego es en primer lugar tenebroso, encerrado en la piedra. Para quemar realmente y proyectar una claridad, es necesario que sea liberado. Y es el relámpago que le permite surgir. Relámpago como el Verbo de Dios (la estrella flamígera en las Logias simbólicas) o un rayo de sol reflejándose sobre un jarro en estaño.

Este fuego devora, absorbe la materia. Es el símbolo del deseo voraz, similar a Cronos que come a sus propios niños. Es un fuego negro, frío y hirviendo como la fiebre que consume el cuerpo.

Al contrario, hay la Luz que se entrega sin compensación y por eso es símbolo de la verdadera vida. La Luz que se da, que se ofrece, simboliza el verdadero deseo, el deseo de Dios. Es la llama de Amor que se eleva hacia Dios y que alimenta la donación total de sí.

El fuego que devoraba se transformó en Luz y el deseo voraz se cambió en este deseo de Amor que es la senda hacia Dios. La aventura del deseo se repetirá en el segundo nacimiento de la criatura.

El nacimiento del Dios de Luz en el ciclo del alma eterna es el modelo del nacimiento de Dios en el hombre. Lo que precedió la teofanía en la esfera de la naturaleza eterna es como una gestación en las tinieblas de una matriz original. Era una fermentación. Ahora bien para Böhme, como para los alquimistas, la muerte es una fermentación, es
decir, una putrefacción que produce la vida. Dios nace como en la obra química.

Los Poderes latentes en el ser humano

He aquí el tema que ocupa la mayor parte de la enseñanza de Jacob Böhme, es el tema privilegiado que eligió tratar y que lo conduce hasta el adelantamiento de los límites del lenguaje. Va bien más lejos que el axioma de la contradicción. Todos los seres se crean en y por el Verbo de Dios y se encuentran reflejados en la palabra humana. Cada cosa posee un “Kraft”, que se traduce en español por un “Poder” o una“Energía”, que está en constante paralelo con el “Kraft” que reside por encima de toda cosa, es decir el Verbo de Dios.

La iluminación de Jacob Böhme

La iluminación de Jacob Böhme se desarrolló en cuatro etapas, durante su vida entera:

A la edad de veinticinco años, se sienta en su habitación y el reflejo del sol sobre un jarro en estaño pulido lo hace caer en éxtasis. Le parece entonces que entiende el fundamento de las cosas. En las plantas y en toda la naturaleza, detecta una divina armonía.

El mismo año, esta primera experiencia se confirma y recibe Luz y conocimiento divino por la observación de la naturaleza sobre la esencia y la virtud de las cosas. Escribe “de SIGNATURA RERUM”. Da las gracias para la alegría de estas experiencias y guarda el secreto.

A treinta y cinco años, su iluminación se continúa, gana en precisión en sus visiones que le dan una impresión de maravillosa Unidad en el Todo. Reconoce su misión de portavoz del divino y escribe para comunicar su Gnosis.

La cuarta etapa es la de su iluminación definitiva y he aquí cómo él mismo la describe: “Yo vi al Ser de todos los Seres, la Superficie y el Abismo; vi también el nacimiento de la Santa Trinidad; el origen y el primer estado del mundo y de todas las criaturas. Vi en mi mismo los tres mundos — el mundo angélico o Divino; el mundo de las tinieblas, el origen de la Naturaleza; y el mundo externo, como una substancia manifestada de los dos mundos espirituales.... En mi interior vi esto muy bien, como en una gran profundidad: pues lo vi directamente en el caos donde todo permanece envuelto, pero no pude hacer revelación alguna. De tiempo en tiempo todo esto florece en mí como el crecer de una planta. Por doce años guardé todo conmigo, antes de poder manifestarlo de alguna forma externa. Hasta entonces, esto se abatió sobre mí, como una carga que mata o que alcanza. Escribí todo lo que pude exteriorizar. La obra no es mía. No soy más que un instrumento del Señor, con el cual Él hace lo que desea”.

Por Michel Gavanier

Extraido de: http://www.scg33esp.org/index.htm

lunes, 26 de marzo de 2012

El fuego y la cruz

Este trabajo pretende hacer una aportación –una más– sobre dos elementos esenciales de nuestro Grado: el fuego y la cruz, y lo haré desde la perspectiva iniciática o hermética, que viene a ser lo mismo; son nombres diferentes para designar el misterio de la regeneración del hombre en este mundo, tan magníficamente expuestos en el Ritual de Caballero Rosa Cruz.

Comenzaré con una cita de san Pablo ( Romanos 6, 5):

«Sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado».

A mi entender es por dos razones básicas, aunque hay más. La primera es porque un hombre con los brazos abiertos que se ofrece al Fuego del Altísimo para ser sacrificado en la muerte iniciática forma una cruz. La segunda es que la madera de la cruz simboliza la naturaleza divina oculta en el cuerpo animal. Madera en latín es lignum , y de este vocablo procede ‘linaje', por lo que esta madera alude al linaje humano, que es de origen noble y debe volver a su estado primero. Nuestro linaje proviene del otro mundo, y allí tienen origen los linajes de este mundo, donde se aplica la sabia sentencia popular: «de tal palo, tal astilla».

Así, todos llevamos nuestra cruz, pero no de la misma manera ni con el mismo objetivo. El hombre que sólo aspira a vivir la vida presente jamás conocerá el perfume de la Rosa alquímica que emana de nuestra cruz y morirá para siempre. El hombre que busca la Palabra perdida en su cruz tiene la oportunidad de encontrarla en esta vida, y vivirá para siempre. A éstos últimos el Evangelio dice ( Mateo 16, 24):

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame».

Al caer en este mundo de exilio, hemos sepultado a Dios en nuestro cuerpo y vivimos de él, por lo que somos usurpadores que han ocupado un trono que no nos corresponde, por eso debemos ceder el paso al Dios que dormita en nuestra cruz. Él es como el fuego que está oculto en la madera, que cuando toma contacto con el fuego exterior, se enciende. Este es el objetivo de toda vía iniciática y comienzo de la Obra de regeneración.

¿Y quién enciende esta cruz humana para regenerarla? Ya sabemos que es el fuego de INRI (3): Igne Natura Renovatur Integra, es decir, ‘Por el Fuego, la Naturaleza es renovada íntegramente'. Naturaleza es otro de los nombres del fuego en su cruz.

En la narración evangélica de la crucifixión está magníficamente oculto este misterio bajo una forma que el literalismo y el historicismo han desdibujado a lo largo de los siglos, dando lugar a penosas formas de idolatría.

Pero la tradición hermética siempre recupera el sentido primero de la historia sagrada, de sus imágenes, narraciones y símbolos, y nos revela que INRI es el fuego celeste que viene en auxilio del hombre caído y se clava en su cruz, como sacrificio del «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» ( Juan 1, 29).

El Dios Altísimo se sacrifica para salvar al hombre, y en esta química sagrada, también seremos sacrificados para que de nuestra muerte iniciática renazca la vida restaurada en su totalidad.

El alquimista Louis Cattiaux escribió a sus amigos en una ocasión: « Creo que debemos consumir nuestra cruz y luego lavarla para extraer de ella la sal».(4) Así pues, de las cenizas herméticas de la cruz se extrae la sal de la vida, que es un cuerpo puro, libre de las impurezas que la invadieron a raíz de la caída, y ésta es la sal de la Sabiduría , llamada «espejo sin mancha de la actividad de Dios» ( Sabiduría 7, 26). He aquí la naturaleza de la cruz humana íntegramente regenerada por el fuego de INRI (5). Todo ha sido consumido, y todo ha sido consumado.

Termino recordando que el fuego siempre está presente en todo lo referido a la divinidad, y en el caso que nos ocupa ello es evidente, pues nuestra regeneración es una operación del fuego divino sobre el humano, como está expresado en El Mensaje Reencontrado de Louis Cattiaux (VIII, 54'):

«El fuego de Dios edifica la vida. El de los hombres la consume. No obstante, la suavidad del segundo puede mani­festar la virtud del primero».

Por esa razón los caballeros Rosa Cruz podemos afirmar: Emmanuel , ‘Dios (está) en nosotros como una primicia que anuncia la edad del hombre nuevo.

Pere Sánchez Ferré

1- Marsilio Ficino, De Amore , Tecnos, Madrid, 1994, p. 68.
2- Douzetemps, Le Mystère de la Croix , Sebastiani, Archè, Milano, 1975, p. 78.
3- INRI, iniciales de Iesus Nazarenus, Rex Iudaecorum , figura en Juan 19, 19-20 (Vulgata).
4- Louis Cattiaux, Florilegio epistolar , Arola editors, Tarragona, 1999, p. 74.
5- Sobre el fuego de INRI, véase Emmanuel d'Hooghvorst, El Hilo de Penélope , vol. I, Arola editors, Tarragona, 2000, pp. 154, 202 y 215.

Trabajo extraido de la revista Zénit del Supremos Concejo del grado 33 para España : http://www.scg33esp.org/zenit


martes, 20 de marzo de 2012

La reencarnación, la Llave Maestra

¿Se ha puesto usted a pensar por qué algunas gentes son pobres, algunas ricas; algunas deformes, otras hermosas; algunas infortunadas, otras con mucha suerte; algunas enfermas y otras con salud cabal? ¿Ha tratado usted de encontrar una razón para esta falta de igualdad que es manifiesta por doquier en el mundo? ¿Le sorprende el porque qué algunos de los miembros de la familia humana están habitando en cuerpos negros, otros en Cuerpos morenos y otros hasta ahora en color blanco? ¿Alguna vez ha tomado en cuenta la existencia de los hombres de los bosques de Australia los pigmeos de Africa, los esquimales de Groenlandia o los indios salvajes de primitivos de la Patagonia?

Se le han presentado a usted estos enigmas y otros innumerables para su solución? Si así es, ¿cuál es la contestación de usted?

¿ Por qué hay gente pobre y otra rica; unos enfermos y otros en salud completa; unos con mente común y corriente y otros con mentalidades brillantes? Y entonces. se ha detenido usted a pensar el porqué estamos todos aquí, cuál es el significado de la vida fugaz de por si? Supongamos que hace usted estas preguntas a sus amigos, tabula sus contestaciones y las compara. Sería un experimento interesante. Algunos dirían que los pobres son gente desamparada y los ricos gente económica. Otros le contestarían a usted que los pobres son natural y justamente gente sin suerte y los ricos afortunados.

Otros le dirán que no es correcto preguntar sobre las condiciones que hay en el mundo de Dios; que el Creador en sabiduría ha ordenado tales cosas y que por naturaleza ellas deben de estar correctas; y todavía otra explicación podría ser dada, de que Dios es responsable por todo lo que es bueno, y un ser reprensible conocido comúnmente como el diablo es la causa de todo lo malo. Muchos hay que lo mirarían a usted con ojos cansados y le dirían que no saben nada; que los problemas de la vida son muy profundos y demasiado complicados para que ellos los resuelvan; que los Cristianos ortodoxos no satisfacen su sentido de la razón; que las conclusiones de los ateos los tienen horrorizados; y consecuentemente deben ser arrojados al mar, no conociendo que camino tomar- Si Dios es justo, ¿por qué favorece a algunos de Su creación y a otros no? si no es justo, entonces ciertamente no es Dios. Por otro lado si no hay Dios, entonces, ¿cómo vino el mundo en existencia, y todo lo que hay en él?

¿Hay una contestación a estos variados problemas que se presentan de por sí a las mentes de los hombres pensadores lo mismo que a las mujeres de hoy en día, una contestación que es lógica, que aguanta la prueba de la razón? Con certeza que hay una contestación.

La teoría materialista como es postulada por los ateos nunca puede ser satisfactoria a la humanidad. Cuando la mente humana ha agotado la ciencia, el laboratorio y las retortas químicas en su anhelo de buscar ese algo intangible que anima a la forma humana, y no habiéndolo descubierto, por despecho declara que eso que con tanta diligencia se busca es algo ilusorio y que se trata nada más que de ciertas correlaciones de la materia, designada como mente, y que perece cuando el cuerpo se desintegra. El porqué algunos individuos poseerían una mejor calidad de esas 'ciertas correlaciones'' (mente) que otros, esta teoría no trata de explicar.

La teoría postulada por los ortodoxos teólogos es un poquito mejor. Asegura que todas la cosas vivientes fueron creadas por Dios y que tienen sólo una vida terrestre por vivir y que sólo el hombre fue dotado con un Espíritu que es inmortal; que sin tomar en cuenta la condición en que nació, es responsable por las deudas contraídas durante la vida, y que su felicidad o miseria, después de la muerte, por toda la eternidad, está determinada por sus acciones durante el corto período de vida que transcurre entre el nacimiento y la muerte. Los animales. las plantas, en fin todo lo que existe, se supone ha sido creado por su expresa conveniencia y uso.

¿Es de extrañar de que el hombre que realmente piensa rechaza ahora esta teoría también, y finalmente decida entregarse por ahora a todas las cosas placenteras que le ayudan a olvidar de que alguna vez tendrá que encontrarse cara a cara con la muerte, que a lo mejor es una zambullida en la oscuridad?

Afortunadamente hay otra teoría, una teoría que está fundada en la verdad. Se le conoce con el nombre de Renacimiento o Reencarnación. La doctrina del Renacimiento postula un proceso lento de desarrollo conseguido con una firme persistencia a través de repetidas encarnaciones en formas o cuerpos de mayor eficiencia. Por medio de estos procesos, todos los seres creados, en un tiempo desarrollarán sus potencialidades latentes en poderes como de dioses.

El Dios de nuestro universo creó oleadas de vida, y los seres pertenecientes a cada oleada de vida particular no cruzan con los de otras. La oleada de vida con la que estamos más familiarizados es la mineral, la vegetal, la animal y la humana. Cada oleada de vida está compuesta de un largo número de espíritus virginales dotados en potencia con todos los poderes de su divino Creador, y los seres de cada oleada de vida al final alcanzaran la divinidad. Cada oleada de vida se desarrollará deacuerdo con su naturaleza inherente. Los seres que pertenecen a la oleada de vida angélica nunca vendrán a ser arcángeles. Alcanzarán la divinidad trabajando a lo largo de una línea diferente de desarrollo. Nuestra humanidad nunca vendrá a ser ángeles; nuestro desarrollo será enteramente diferente. Los animales nunca serán seres humanos tales como lo somos nosotras aunque pasarán a través de un estado humano.

Nosotros nunca hemos sido animales y sin embargo hemos pasado por un estado como de animales. De la misma manera, las plantas pasarán a través de un estado animal en un período posterior, y los minerales alcanzarán el estado de las plantas. En ningún caso, no obstante, serán del mismo tipo que nuestros animales y plantas de hoy. Cada ola de vida tiene su método separado y distinto de desarrollo; sin embargo al final los espíritus virginales que componen esta oleada conseguirán la perfección, puesto que esto es el único objeto de la evolución.

Ahora veamos como la teoría del Renacimiento contesta a los problemas de la vida:

¿Por qué son algunas gentes ricas y otras pobres? Cada vida es un día en la gran escuela de Dios. Algunos de nosotros estamos aprendiendo una clase de lecciones y algunos están aprendiendo otras. Aquellos que son pobres en una vida, están aprendiendo lecciones referentes al valor real de ciertas comodidades; lecciones de inventiva que enseñan de la mejor manera como conseguir la mayor cantidad de beneficio a cambio de la menor cantidad de esfuerzo. Están aprendiendo cómo planear y apreciar cada cosa que poseen.

Aquellos que tienen riquezas están aprendiendo cuál es el valor real de ellas. Están aprendiendo su poder real de adquisición; ya pueda esto traer felicidad o dolor, así como pueda exaltarlos o degradarlos; sea esto una bendición o una maldición. Están aprendiendo que las riquezas pueden a veces comprar el honor del hombre y la virtud de la mujer; que pueden resultar para su propia caída, pero que nunca pueden comprarse las cosas que son en realidad de valor para el Espíritu. A la postre toda la gente confiada en el valor del dinero debe aprender la lección que son solamente administradores de sus posesiones y que les corresponde usar sabiamente y bien lo que se les ha confiado.

¿Por qué algunos tienen deformes el cuerpo físico? Generalmente hablando, ningún Espíritu puede habitar un cuerpo mejor que el que ha aprendido a construir durante sus vidas previas; pero lo siguiente es la excepción de la regla; con respecto a las anormalidades físicas y deformidades, la regla parece ser que la indulgencia en las pasiones durante una vida, reacciona en el estado mental en una existencia posterior; y el abuso de los poderes mentales durante una vida lleva a impedimentos en existencias posteriores. Por otra parte, una forma bella denota que su propietario ha hecho un trabajo experto en la construcción del cuerpo durante las vidas previas; algunas veces con detrimento de los procesos mentales Gente desafortunada son aquellos que voluntariamente han tenido negligencia para sus oportunidades en las vidas previas. Ahora se ven privados de todas las cosas que obtuvieron una vez fácilmente, para enseñarles a apreciar las ventajas cuando estas se presentaren de nuevo. El hombre o la mujer afortunada en una vida, ha aprendido que lo que parece le vino a él o ella de la manera tan facil en esta vida, es en realidad un premio al mérito.

El individuo cuyo cuerpo físico es enfermo, ha quebrantado las leyes de la naturaleza tanto en esta vida o en cualesquier otra pasada y está pagando el castigo. El hombre sano o la mujer sana ha puesto mucha atención en la formación perfecta de sus órganos durante el pasado.

Todas las razas son el producto de la evolución. En el muy lejano pasado cuando todos habitábamos en cuerpos negros, vivimos en un continente que existió en lo que es ahora el Océano Indico. A través del proceso del desarrollo evolucionario las diferentes razas vinieron a la existencia negra, moreno, caoba, moreno obscuro, color de cobre, amarillo y finalmente blanco. Con la excepción de algunas grandes almas, que encarnaron voluntariamente en cuerpos de razas inferiores con objeto de ser profesores de tales razas! el color de la piel marca el progreso que el individuo ha hecho en la escala de la evolución. Esto es aplicado también a los cuerpos inferiores de los Bosquimanos, los Pigmeos Esquimales, Patagones y otras gentes primitivas. Los Egos que habitan estos cuerpos son rezagados que no se mantuvieron en sus grados en la gran escuela de la vida y sirven como un pasmoso ejemplo de lo que puede suceder a un perezoso en el camino de la evolución.

El renacimiento responde inteligentemente a todas las desigualdades en la vida. Las condiciones en las cuales encontramos a muchos son el resultado compuesto de nuestros esfuerzos pasados o la falta de estos. Cada hombre o mujer es una suma exacta de todas sus actividades pasadas y no la víctima de un Dios caprichoso o de un planeador de maldades. No tenemos a nadie a quien culpar sino a nosotros mismos si es que hemos hecho un revoltijo de cosas. Si no estamos satisfechos con la vida que encontramos, ahora es el tiempo para principiar a preparar un medio ambiente mejor para las futuras vidas; y si en realidad estamos al final bien despiertos y de veras con anhelos, nos será posible modificar nuestro medio ambiente en la presente encarnación.

El hombre o la mujer inteligente hoy día no están más satisfechos con trivialidades cuando buscan la verdad en relación con la vida. Por lo tanto, pedimos a cada lector que está buscando una solución a los muchos problemas que la vida nos presenta. el aplicar esta llave maestra, Renacimiento, y pruebe por si mismo la eficacia de su verdad.
Extraido de la Fraternidad Rosacruz (Max Heindel)