El origen de estas narraciones se
pierden en la noche de los tiempos, se las conoce por doquier y cuando los
medios de comunicación no existían servían de vehículo social para explicar la
vida, los procesos o los estados del alma a los grupos. martes, 20 de noviembre de 2012
ORIGEN ESPIRITUAL DE LOS CUENTOS DE HADAS
El origen de estas narraciones se
pierden en la noche de los tiempos, se las conoce por doquier y cuando los
medios de comunicación no existían servían de vehículo social para explicar la
vida, los procesos o los estados del alma a los grupos. lunes, 30 de enero de 2012
EL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL por Rudolf Steiner
| La caída de las potencias ahrimánicas al reino humano | |
(Tercera conferencia del ciclo de seis sobre el tema general de
Así, mas o menos, sucede con todos los bellos ideales de los que, hoy día, tan a menudo se habla. No sólo suenan a bellos, sino que efectivamente son valiosos, pero nuestra época no trata de explorar debidamente las condiciones reales de la evolución. De ahí que, en las más extrañas sociedades, se formulen, se propugnen y se postulen toda clase de ideales, pero sin resultado. En verdad, a principios de nuestro siglo XX, han abundado las sociedades idealistas, sin que se pueda afirmar que los últimos tres años hayan estado a la altura de su cumplimiento. Ese amargo hecho podría conducirnos a una enseñanza, como a menudo he sugerido en el curso de nuestras pláticas. El domingo pasado {véase la 1a. Conferencia del ciclo), les tracé un bosquejo de la evolución espiritual de las décadas recientes; y les rogué que tuvieran en cuenta que lo que acontece en el plano físico, por tiempo prolongado se prepara en el mundo espiritual, y señalé algunos aspectos muy concretos: que, en los años 40 del siglo pasado, empezó, en el mundo superior inmediato al nuestro, una lucha que fue metamorfosis de las pugnas a las que, desde siempre, se ha aludido con el viejo símbolo de ¿Donde está ahora? Fijémonos bien: los adeptos de Ahrimán que, desde 1841 hasta 1879, libraban una batalla decisiva en el mundo espiritual, fueron echados al reino de los hombres: y desde entonces, y particularmente en nuestra época, tienen su baluarte, su campo de acción, en el pensar, en el sentir y en los impulsos volitivos del hombre.
Observen lo siguiente: como miembros de Prejuicios, ignorancia, temor a la vida espiritual. La gente de hoy día, en grandes masas, vegeta como dormida e irreflexiva, sin prestar atención a lo que ocurre a su lado, y a veces en amplios círculos. Al respecto, la gente se entrega a grandes ilusiones, y con cuánta naturalidad exclama: qué magnifico es nuestro sistema de comunicaciones: ¡cómo acerca a los hombres, los unos a los otros! ¡cómo cada uno se entera de los demás! ¡Qué diferente es esto de los tiempos pasados! Recuerden todo lo que se dice al respecto: basta con analizar, de acuerdo con la sana razón, los diversos hechos, y se encontrará que nuestra época adolece de síntomas muy peculiares. A título de simple ilustración, permítanme preguntar lo siguiente: ¿Quién no cree, hoy día, que las novedades literarias reciben la más amplia difusión por medio de la prensa que sabe de todo, y que en todo se mete? ¿Quién creería que semejantes novedades significativas, memorables e incisivas, pudieran permanecer desconocidas? De alguna manera, uno se entera! Ahora bien, ya en la segunda mitad del siglo XIX, la respetable prensa se encaminó para convertirse en lo que ella hoy es y, no obstante, pudo suceder que cierta novedad literaria fuera más memorable e incisiva para toda Mencioné esto a título de ejemplo, para que se den cuenta de que, efectivamente, es posible que la mayoría no sepa nada de ciertos hechos que no dejan de ser trascendentales, y que ocurren a su lado. Les aseguro que, aunque algunos de ustedes no hayan leído el libro de referencia, han encontrado a tres o cuatro personas que sí lo habrán leído. Y es que hay paredes divisorias entre los hombres, que les impiden hablar de las cosas más importantes, incluso entre amigos cercanos: no hay comunicación; incluso entre personas de mentalidad afín, se callan los temas más importantes. Y así como sucedió con esta menudencia (pues lo que mencioné no pasa de menudencia dentro de la evolución histórico-universal), así pasa también en lo grande: hay sucesos y procesos en el mundo, que la mayoría no advierte. Similarmente, sucedió en el siglo XVIII, que cierta sociedad gestaba ciertos pensamientos y pareceres que habrían de anidar en los ánimos de la gente para convertirse en fuerzas efectivas en el área de interés de tales sociedades, y luego infiltrarse en la vida publica y determinar el comportamiento mutuo de las personas. No saben de donde proceden los estímulos que laten en sus emociones, sentimientos e impulsos volitivos, pero los que conocen los procesos que subyacen en la evolución, saben cómo espolear los impulsos y emociones. Así fue, no precisamente con el libro, pero sí con las ideas que en él subyacen, lanzado por una de esas sociedades del siglo XVIII, en que se describe la participación que tiene la entidad ahrimánica en los distintos animales. Como es natural, a esa entidad se le llama diablo, y se describían las diversas particularizaciones de lo diabólico en las diferentes especies animales. Ya saben ustedes que, en el siglo XVIII, tenía su peculiar auge el racionalismo; continúa floreciendo hasta nuestros días, por lo que los supersabios de entre quienes se recluta el gremio de los periodistas, recurren a la burla, diciendo: por ahí, ha habido alguno de ésos, que escribió un libro afirmando que los animales son diablos. Sin embargo, el propagar tales ideas en el siglo XVIII, de modo que anidaran en muchas mentes humanas; el propagarlas con observancia de las reales leyes evolutivas de la humanidad: esto tuvo efectos, efectos reales. Fíjense en el extraño acorde entre por un lado, la emerqencia del darwinismo en el siqlo XIX, esto es, la generalización de la idea de que los hombres han ido evolucionando, en ascenso, de los animales y, por el otro, la idea de que los animales son diablos. ¡Todo esto existe! Pero los hombres se limitan a escribir historias que contienen gran variedad de temas, con exclusión de las verdaderas energías activas. Téngase presente lo siguiente: así como el animal sólo medra en la atmósfera, no bajo el recipiente evacuado de la bomba neumática, asimismo las ideas e ideales sólo pueden prosperar si los hombres se sumergen en la atmósfera real de la vida espiritual. Para ello es necesario, sin embargo, que esta vida espiritual salga a nuestro encuentro en su realidad. Pero la gente de hoy ama, mas que nada, las generalidades. Y así, fácilmente, queda inadvertido el hecho de que, desde el año de 1879, las potencias ahrimánicas tuvieron que descender del mundo espiritual al reino de los hombres, impregnar la intelectualidad, el pensar, el sentir y la visión humanos. Tampoco es adecuado para lograr la correcta relación con esas potencias, que se plantee simplemente la fórmula abstracta: hay que combatir esas potencias. Eso equivaldría a exhortar la estufa a que dé calor, sin ponerle leña, ni prenderla. Hay que saber, ante todo, que ahora, descendidas esas potencias a nuestra Tierra, hemos de vivir con ellas, y no cerrar los ojos ante ellas, pues, de hacerlo, adquirirían el máximo poderío. Insisto: las potencias ahrimánicas que han invadido el intelecto humano, adquieren el máximo poderío, si uno se niega a enterarse de su existencia y función. La antigua ciencia del futuro y la moderna ciencia del pasado. Si se pudiera lograr el ideal de buen número de personas, que consiste en estudiar únicamente las ciencias naturales, y erigir las leyes de Importante ayuda para las potencias ahrimánicas se alcanzaría ofreciendo una religión enteramente naturalista. Si Strauss hubiera podido realizar plenamente su ideal de fundar esa religión filistea, fustigada- por Nietzsche en su libro "David Friedrich Strauss, profesante y filisteo", las potencias ahrimanicas se sentirían hoy a sus anchas, incluso mucho más de lo que, de todas maneras, se sienten. Pero eso no es sino un aspecto, pues esas potencias pueden prosperar óptimamente aun de otra manera, a saber, si se cultivan los elementos que ellas particularmente quieren difundir entre los hombres del presente: el prejuicio, la ignorancia y el temor a la vida espiritual. Nada beneficia tanto a las potencias ahrimánicas como esos tres vicios: el prejuicio, la ignorancia, y el temor a la vida espiritual. Y ahora pasen ustedes revista de cuántos personajes se imponen, en verdad, la tarea de cultivar dichas tres lacras. En mi conferencia pública que pronuncié ayer en Basilea, dije que no fue hasta 1822 que quedaron sin efecto los decretos contra Copérnico, Galilei, Kepler, etc. Hasta A la afirmación que acabo de hacer, tendría que agregar otra, para que fuese completa. Sin embargo, esta segunda afirmación todavía no puede pronunciarla nadie que realmente esté iniciado en estos asuntos. No obstante, si ustedes intuyen lo que se halla inmanente en los substratos de semejante afirmación, quizá vislumbrarán, aunque tenuemente, a que me refiero. La concepción científico-natural del mundo es una empresa puramente ahrimánica, y no se la combate pasándola por alto, sino elevándola al nivel de la conciencia, conociéndola lo mejor que se pueda. El mejor servicio que se rinde a Ahriman, consiste en hacer caso omiso de los conceptos científicos, y de luchar insensatamente contra ellos; el que ejerce insensata crítica a los conceptos científico-naturales, no combate a Ahrimán, sino que le propicia, porque extiende engaño y turbiedad sobre un campo en que debiera difundirse la luz. Poco a poco, los hombres tienen que encumbrarse a la comprensión de que todo tiene sus dos lados. Ya saben ustedes que la gente del presente es abrumadoramente inteligente, y por eso se les ocurrió afirmar: "en la cuarta época postatlante, la greco-latina, existía todavía la superstición de que, por el vuelo de las aves y por las vísceras de los animales y otros indicios, se podía vaticinar el futuro. Quienes hacían tales cosas, eran, desde luego, mentecatos". Nadie de nuestros contemporáneos que sermonean contra esas antiguas prácticas, sabe cómo se hacía; ningún coetáneo habla en forma distinta al ejemplo que les di el otro día, cuando uno de esos señores inteligentes tuvo que admitir que se había cumplido una profecía onírica, y, sin embargo, dijo: "así lo quiso el azar". La verdad es que, de acuerdo con las condiciones fundamentales de la cuarta época postatlante, había efectivamente una ciencia que algo tenía que ver con la premonición. En aquellos tiempos, no se creía que fuera posible intervenir eficazmente en el devenir social, por medio de máximas como las que hoy se aplican. Si, entonces no hubiera existido cierta futurología, no se habrían encontrado las magnas perspectivas de índole social, de abarcante proyección en el tiempo, no importa que estemos o no de acuerdo con ella. Créanmelo: lo que los nombres logran hoy en la vida social y de la política, arraiga todavía en aquella antigua futurología. Mas esta ciencia del futuro jamás puede obtenerse mediante la observación de lo que ofrecen los sentidos externos, jamás obtenerla según el modelo de las ciencias naturales, pues lo que observan los sentidos externos, es ciencia del pasado. Permítanme ahora que les revele un secreto del universo, muy importante y muy substancial: si observan el mundo tan sólo a través de los sentidos, como lo hace el moderno estudio científico, no tienen en cuenta sino leyes pasadas que aún persisten propiamente, no observan sino el cadáver universal del pasado. La ciencia natural estudia la vida que ha muerto. Supongamos que éste (véase dibujo, blanco) fuera nuestro campo de observación, lo que se extiende ante nuestros ojos, oídos y demás sentidos. Supongamos que aquí (véase dibujo, amarillo) estuviera la totalidad de todas las leyes científico-naturales habidas y por haber; entonces esta totalidad de leyes ya no representa lo que está dentro, sino lo que alguna vez estuvo dentro, perdurando como remanente entumecido. Además de estas leyes, hemos de escrutar lo que los ojos no pueden observar, ni los oídos oír: un segundo mundo de leyes. Este segundo mundo o conjunto, hállase contenido en la realidad, y apunta hacia el futuro. Sucede en el mundo lo que con la planta: la planta tal y como se presenta a nuestra vista, no es la verdad; misteriosamente entraña algo que todavía no puede verse, y que sólo se revelará el año entrante: el sistema germinal. ¡Ya está ahí, pero es invisible: Así, en el mundo que se extiende ante nosotros, yace contenido, invisible, todo el futuro, en tanto que lo pasado se halla en forma marchita, desecada, muerta; es cadáver. El estudio de ¿Como es posible que la gente, por un lado, estatuye la teoría de Kant-Laplace y, por el otro, habla como el profesor Drews que construye un fin del mundo, es decir, cuando la gente pueda leer el periódico a centenares de grados bajo cero, con paredes barnizadas de albúmina luciente; la leche sólida? Sería curioso saber cómo se pueda ordeñar, siendo sólida. Todo eso, son conceptos imposibles, como lo es toda la teoría de Kant-Laplace. Tan pronto como se rebasa con esas teorías el campo de observación inmediata fallan. ¿Por qué? Porque son teorías de cadáveres, de lo muerto. Nuestra intelectualidad afirma: los sacerdotes verificadores de Grecia y de Roma, han de haber sido rufianes truhanes o supersticiosos, pues ninguna persona "sensata creerá que, del vuelo de las aves o de las tripas de animales sacrificados, se pueda deducir algo referente al futuro. En analogía, la humanidad del futuro, si se siente inteligente como nuestra generación se siente frente a inmoladores romanos, podrá mirar con aún mayor desdén, las ideas de que hoy se enorgullece la gente. Y dirá: ¡Teoría de Kant-Laplace! ¡Drews! ¿Qué ideas más supersticiosas tuvieron! Observaron unos pocos milenios de la evolución terrestre y, de ahí, dedujeron los estados inicial y terminal da Significados de los mitos ¡Cuán egregios son, hoy día, los hombres que se han empapado cabalmente del espíritu y actitud mental del actual pensar científico-natural! ¡Con cuánto desprecio miran los antiguos mitos y los cuentos de hadas! ¡Edad infantil de la humanidad, cuando los hombres se divertían con sus sueños! Nosotros, en cambio, hemos alcanzado el auténtico progreso: sabemos que cierto principio de causalidad lo domina todo; hemos llegado a la cúspide del saber.
Lo que los hombres de hoy justificadamente piensan; lo que, en verdad, les confiere cierta estatura en nuestra época, deriva precisamente de la circunstancia de que, en la época griega, floreció la mitología griega. Para el hombre racionalista del presente, nada habría más encantador que poder imaginarse: pobrecitos los griegos; ¡Que felices habrían sido si hubieran poseído nuestra actual ciencia! - Pero de haberla tenido, no habría existido lo que constituye su patrimonio cultural: el conocimiento de los dioses griegos, el mundo de Homero, de Sófocles, de Esquilo, de Platón, de Aristóteles. Y entonces, Wagner, el célebre fámulo de Fausto, sería un auténtico Fausto en comparación con los Wagneres gue hoy andarían ante nosotros: enjuto, degenerado, yermo; así sería todo el pensar humano. En efecto, toda la fuerza vital de nuestro pensar se debe a su raigambre en el mito griego, mejor dicho, en el mito de la cuarta época postatlante en general; y quien cree que el míto era una equivocación y que el pensar actual es lo correcto, se parece a quien considere que se puede tener un ramo de rosas sin cortarlas primero del rosal, ¿por qué las rosas no podrían nacer directamente? Precisamente los hombres que hoy día se estiman más iluminados, se mueven entre los conceptos más irreales, El modo de pensar propio de la cuarta época postatlante, con su figuración de mitos e imágenes que, para los hombres de hoy, parecen sueños más que conceptos científicos nítidamente perfilados, es la base de lo que somos. A su .vez, lo que hoy pensamos y elaboramos, será la base de la próxima época cultural, pero el que lo sea, depende de que se desarrolle, no tan sólo hacia una desvitalización, sino también hacia el lado de la vida: ¿cómo se le insufla la vida? Tratando de llevar al nivel de la conciencia lo que existe, y reconocer lo que nos da la conciencia despierta, lo que nos convierte en personalidad vigilante.
Entre nosotros, los antropósofos, lo expresamos en nuestra terminología, y nos referimos a potencias ahrimanicas, termino de mucho significado para nosotros. En público, ante personas del todo impreparadas, no es posible hablar en esta forma: he ahí una de las paredes divisorias. Con nuestro lenguaje, no alcanzamos el público: pero existen, desde luego, recursos y caminos para transmitirles la verdad. Si no hubiera ningún recinto donde se pudiera decir la verdad, tampoco habría posibilidad de instilarla en la profana ciencia externa. Es imperativo que existan, por lo menos, algunos sitios singulares donde la verdad pueda ser expresada en forma original y genuina. Solo que no hemos de olvidar que los hombres modernos, aun cuando afiliados a la ciencia espiritual, tropiezan, a menudo, con dificultades insuperables para tender el puente hacia la ciencia ahrimánica. He conocido a varios personajes versados en una u otra área de la ciencia ahrimánica: buenos naturalistas, buenos orientalistas, etc., que luego se vincularon a nuestra investigación espiritual. Puse gran empeño en inducirles a tender ese puente. ¡Cuál habría sido el impacto si un fisiólogo o un biólogo, con todo el conocimiento especializado que actualmente puede adquirirse en sus campos, hubiera remodelado su fisiología o biología con enfoque espiritual! Hice el intento con algunos orientalistas, pero me encontré con que, por un lado, son buenos antroposofos, mas por el otro, siguen siendo orientalistas, fieles a su gremio, sin estar dispuestos a tender el puente de lo uno hacia lo otro, eso nuestra época necesita con tanta premura. Como ya dije, potencias ahrimánicas se sienten muy a gusto con que se ejerza la ciencia natural como si fuera imagen del mundo Externo, y se sienten muy incómodas si uno avanza con la ciencia espiritual y la actitud mental que de ella dimana. ¿Por qué? Porque la ciencia espiritual abarca al hombre entero y gracias a ella, cambia nuestro sentir, nuestro querer, nuestra manera de enfocar el mundo.
¡Compenétrense de estas ideas, de estos sentimientos, modo para mantenerse alertas a lo que sucede en el mundo externo, y observarlo! En el siglo XVIII, se extinguieron los últimos remanentes de la antigua ciencia atávica. Los seguidores del desconocido filósofo Saint-Martín, discípulo de Jacobo Bohme, poseían restos de esa sabiduría, así como un notable saber anticipado de lo por venir, y lo que, en nuestra época, ya ha venido. En aquellos círculos, se mencionaba a menudo que, del último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX, irradiaría un tipo de conocimiento que tiene sus raíces en el mismo suelo en que arraigan determinadas enfermedades humanas - a ellas me referí el domingo pasado - y que prevalecerían concepciones derivadas de la mentira, así como sentimientos arraigados en el egoísmo. Sigan ustedes con ojo vidente, vidente gracias a los sentimientos a que hoy nos referimos, lo que pulsa y palpita en nuestra época. Muchas de las impresiones que así recojan, les lastimarán el corazón. Pero eso no importa, pues el conocimiento claro, aunque duela, rendirá los buenos frutos que la humanidad necesita para salir del caos en que se halla metida. Ciencia de la educación
Esto tiene que sistematizarse en educación. Para la educación del porvenir será veneno, el que los hombres, en edad madura o avanzada, sólo recuerden los sinsabores de los años escolares; el que prefieran no acordarse de ellos, y el que los años escolares no les sean un manantial del que, una y otra vez, y siempre de nuevo, pueden aprender, aprender y aprender. En cambio si, de niño, ya extrajeron de la materia todo lo que ella puede rendir, nada queda para años posteriores. Reflexionen sobre todo esto, y dense cuenta de cuán distintamente de la manera hoy considerada correcta, ciertos principios fundamentales habrán de convertirse, en el futuro, en directrices vitales .Le convendría a la humanidad no pasarse dormida las tristes experiencias del momento presente, sino aprovecharlas familiarizándose con el pensamiento: mucho habrá de cambiar- Recientemente, la humanidad se ha mantenido demasiado satisfecha de sí misma, y así no ha podido sondear este pensamiento en toda su hondura y, ante todo, en toda su intensidad. Rudolf Steiner | |
domingo, 26 de diciembre de 2010
LOS CUENTOS DE HADAS. Origen y significado.
Los Cuentos de Hadas o tradicionales tienen su origen en la noche de los tiempos, existen en todas las culturas y casi siempre comparten una serie de elementos comunes. Entre estos elementos están el ritmo, la línea argumental y una serie de alegorías y símbolos que sólo son igualados por los sueños. La relación entre los sueños y este tipo de cuentos es más estrecha de lo que se supone, para muchos es del mundo onírico de donde han salido a la luz dichas historias. Para otros son reminiscencias de los antiguos mitos como los de Isis y Osiris, Mitra, Krisna, etc., incluso de mitologías y religiones que han desaparecido. También se apunta su relación con la psiquis, tal como afirmaba el psiquiatra infantil Bruno Bettelheim o el analista Carl G. Jung, y que tan bien ha trabajado su discípula María L. Von Franz. En cambio otros sólo quieren ver meras fábulas cargadas de moralidad y cuyo objetivo era mantener el miedo y la prevención entre quienes las escuchaban, una forma de contingencia moral para mantener los grupos sociales dentro de los linderos de la sociedad. Los menos afirman que son narraciones que reflejan la historia del alma humana y sus procesos, que nos hablan del desarrollo del espíritu que sale del Gran Todo, participa de la creación y regresa a su morada original con algo nuevo.
Todas estas afirmaciones son ciertas, como en la historia sufí del elefante y los ciegos, cada cual ve sólo una parte. Los cuentos de hadas son todo eso y mucho más, son de una naturaleza que permiten emitir todos los registros antes descritos en diferentes sustratos, actuando en la mente y en el alma humana a diferentes niveles según las necesidades de cada cual.
Pero es en la vida infantil cuando vemos que existe hacia éstas una mayor simpatía, una mayor atracción. Si bien la mayoría de educadores sólo quieren ver que esto se debe a que son historias sencillas, con un comienzo y final consecuente, esto sería ver solo una parte de esta verdad. Desde una óptica espiritual, este fenómeno se debe a que el niño siente de manera inconsciente añoranza de su origen espiritual, ya que aún las emociones y la mente no le han anestesiado del todo de su origen prenatal, y los cuentos le hablan de esa vida que dejó atrás y de la que sólo le quedan ecos. Además éstos son para la psiquis y su alma en formación, lo que la comida a su cuerpo, un auténtico alimento, que lo nutrirá en un desarrollo armónico de su personalidad.
Sin embargo, debemos conocer y saber cómo deben ser contadas estas historias, de qué manera, a qué edades, incluso qué cuentos, dependiendo la época del año. Sobre esto hablaremos más adelante. Incluso volveremos a tocar el origen y la naturaleza de tan singulares historias en posteriores oportunidades.
Como indicamos, el origen de estas narraciones se pierde en la noche de los tiempos, se las conoce por doquier y cuando los medios de comunicación no existían servían de vehículo social para explicar la vida, los procesos o los estados del alma a los grupos.
Pero si queremos dar una respuesta más concreta sobre su nacimiento, tendríamos que hablar de aspectos relacionados con el origen esotérico, oculto del ser humano y de la humanidad misma.
Hubo un pasado muy remoto, más de lo que los historiadores podrán suponer, en el que los hombres estaban aún en contacto con lo divino, con los mundos espirituales. Era una época en la que no hacía falta la escritura, pues la memoria y la percepción de la vida interior, de los procesos psíquicos, se encontraban en su máxima expresión. Pero conforme la humanidad fue perdiendo esas capacidades se hizo necesario que se pudiera transmitir esas verdades interiores a las generaciones que iban llegando, ya que no tenían ese acceso a la vida psíquica y espiritual como sus ancestros, pues conforme perdían esta visión interior ganaban en percepción sensorial e intelectual, en la capacidad de experimentar la vida externa y razonar, así el hombre se olvidó de su origen y, por lo tanto, de su destino. Este proceso dio como origen a los mitos que encontramos en las distintas religiones, como es el caso del Génesis Bíblico, la salida del Edén, la pérdida del estatus de semidioses. Este mito se repite en distintas culturas, incluso hoy se ha podido descubrir como el mito de Adán y Eva tiene su origen en culturas anteriores a la hebrea, tomándola éstos de esas culturas anteriores a ellos y seguramente a su vez las tomaron de otras, pues la realidad es que nunca se han dejado de repetir y han pasado de cultura en cultura, de civilización en civilización.
Así es como nacieron los mitos, las leyendas y los cuentos de hadas. La diferencia es que estos últimos permanecieron en la tradición oral, no formaron parte de ningún cuerpo de doctrina, ni del complejo mitológico, tan sólo fueron patrimonio del pueblo llano, manteniendo esa sencillez, esa candidez alejada de la sofisticación, la erudición y de traducciones e interpretaciones interesadas.
Es por ello que vemos un gran parecido entre mitologías, sagas y textos religiosos, y con todos ellos entre sí, incluyendo a los cuentos de hadas. Pues si bien se revisten de elementos distintos, su esencia, su mensaje profundo, es el mismo. Todos contienen mitos que resuenan en nosotros y evocan principios de nuestro interior.
En el niño, entre los tres y siete años, estos arquetipos activan en su mente infantil estos mismos principios, más allá de las formas o circunstancias del cuento, sirviendo de base para su desarrollo psíquico, lo cual le ayudará a una vida adulta más armónica.
Zeraus Tador
Extraído del libro Cuentos de Hadas para niños. Ed. Creación: http://www.editorialcreacion.com/cuentos-de-hadas-para-ninos-p-89.html?osCsid=a3gf12hl4djpd33fklv6fkaev4
martes, 21 de septiembre de 2010
Libro CUENTOS DE HADAS PARA NIÑOS
Los cuentos de hadas han existido en todas las tradiciones y civilizaciones, sirviendo de base para la transmisión de valores, cultura, hábitos, y, sobre todo, para perpetuar el saber ancestral, aquel que nos puede ayudar a comprender el mundo y la vida. Desde hace poco, la pedagogía convencional ha vuelto su mirada sobre ellos, descubriendo su alto valor educativo, ya que éstos influyen en diferentes aspectos cognitivos y emocionales, desde la percepción temporal al reconocimiento de roles, el lenguaje, la resolución de conflictos, la representación mental o el desarrollo de la imagen personal, entre otros, abarcando también aspectos sociales, artísticos, naturales, etc.A través de este libro podrá conocer más sobre el origen incierto de los cuentos, diferentes tipos, su relación con la mitología, sus símbolos ocultos, cómo actúan en la mente infantil, su función, su estructura y aplicación. Cómo narrarlos, cuáles son más adecuados para cada periodo de la infancia, cuáles para las diferentes épocas del año, cómo aprovechar la narración para otras actividades. Incluso se ha dedicado una parte al uso de cuentos para el adulto y cómo éstos pueden ser trabajados para el desarrollo personal y el autoconocimiento.
Además, se ha hecho una selección de narraciones tradicionales, divididas por edades, estaciones del año, etc., facilitando al lector un uso adecuado de las mismas, tanto en el ámbito familiar como en el escolar.
Una obra única en castellano que aúna diferentes aspectos de un tema tan maravilloso como son los cuentos de hadas.
Más información en: http://www.editorialcreacion.com/product_info.php?products_id=89&osCsid=oacqt3rlk6a75q88tpfdskfbk4