martes, 26 de julio de 2011

A Los que Lloran a Sus Muertos

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mateo 5:4)


Estas palabras del Gran Confortador que visitó la Tierra hace dos mil años, vienen a la mente de todos durante la fiesta de Pascua, que trae alegría a millones, ya que la Humanidad está despertando, cada día más, a su verdadero significado.


La Pascua, que se celebró una vez por unos pocos cristianos, ya no es sólo una festividad cristiana. Ya no está reservada a los que aceptan el pan y el vino consagrados de las manos de sus sacerdotes. Se ha convertido en un gran día de alegría para los pueblos de todas las naciones y para los seguidores de todas las religiones; incluso para los que nunca pisan una iglesia.


Se ha convertido en costumbre que, tanto las gentes de los distritos rurales como las de las ciudades, elijan una colina para colocar allí una cruz y, en el alegre día de Pascua, se reúnan fraternalmente y adoren en comunidad, sin discriminaciones por razón de raza, credo o color; y, en nombre del más grande Espíritu que jamás haya habitado un cuerpo físico, adoren al Espíritu Universal, ofreciendo alabanzas y agradeciendo la vida y la luz que fueron su tarea en el gran esquema de Dios. Este espíritu universal de la alegría se expresa, precisamente, un día que nos trae a la memoria un hombre clavado en una cruz, que muestra a la Humanidad un rostro contraído por el dolor, y un cuerpo humano experimentando la agonía de la muerte. ¿Por qué se ha de regocijar la Humanidad en un día conectado en la memoria con un acto tal de brutalidad sucedido hace dos mil años?


Cristo Jesús


El hombre, en su ausencia de conocimiento, y en su vaga comprensión de la justicia de un Padre amoroso, ha convertido la tumba en un sepulcro sombrío, algo que produce temor, y en un final para todas sus aspiraciones y ambiciones. Durante edades, ha temido este final de la existencia física y ha hecho de ello un tiempo de intenso duelo, un período repleto de lágrimas. Pero, ese gran Espíritu que tenía poder sobre la vida y la muerte, permitió ser crucificado. Vino a la Tierra con ese fin. Puede, por tanto, surgir la siguiente pregunta: si afirmamos que Jesús el Cristo tenía poder sobre Su vida, ¿por qué permitió que se perpetraran contra él aquellas grandes indignidades y crueldades y por qué no se libró a sí mismo de aquella muerte indigna y cruel?


En la parábola del redil, en Juan 10, Jesús dijo a sus oyentes: “ Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas… Por eso mi Padre me ama, porque yo me desprendo de mi vida para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita. Yo la doy voluntariamente. Está en mi mano desprenderme de ella y está en mi mano recobrarla. Éste es el encargo que me ha dado el Padre”. Hay otra afirmación hecha por Cristo, después de la crucifixión, tras haber experimentado la muerte en la cruz, cuando regresó de los mundos espirituales para reunirse con sus discípulos. En el capítulo 28 de Mateo, versículo 18 , de nuevo proclama tener ese poder: “Y Jesús llegó y les dijo: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la Tierra”.



Vida después de la vida


Cristo vino a la Tierra a impartir a los hombres una lección especial y, estando destinado a ser el Salvador de la Humanidad, la lección más importante que podía enseñar era la de la fe. Fe en Su Dios y la fe en una vida tras la muerte. Con su misma muerte debía traer al hombre la fe y la creencia en una vida después de ella. Predicó la inmortalidad y, para imprimir ese hecho en la Humanidad, debió pasar por los dolores de la muerte para volver a la vida y traer al hombre la prueba de una existencia post mortem. Y, para completarlo, se apareció a sus amados discípulos en su cuerpo espiritual. En I corintios, dice Pablo: ”Después se apareció a más de quinientos hermanos juntos; de los cuales, muchos viven aún y otros han muerto”. Anduvo y conversó con ellos para que creyeran que lo que les había predicado, la inmortalidad del alma, era un hecho y que, cuando el hombre abandona su cuerpo físico, sigue viviendo en un cuerpo más sutil y etéreo.


Pablo trae también al hombre mucha esperanza en una vida tras la muerte en el quinto capítulo de II Corintios, versículos 1 y 2: “Es que sabemos que, si nuestro albergue terrestre, esta tienda de campaña, se derrumba, tenemos un edificio que viene de Dios, un albergue eterno en el cielo, no construido por hombres; y, de hecho, por eso suspiramos, por el anhelo de vestirnos encima la morada que viene del cielo.


En el capítulo quince de I Corintios, de nuevo predica a los que no creen en la vida después de la muerte. Este maravilloso capítulo se emplea por la mayor parte de los sacerdotes para proporcionar fe y consuelo a quienes se sienten despojados por la pérdida de un ser querido.: “Se siembra un cuerpo animal; resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo animal, lo hay también espiritual.”


Durante la Antigua Dispensación, y a través de todo el Antiguo Testamento, el hombre tenía muy poca esperanza en una vida tras la muerte. Para él, la tumba ponía fin a todo. Se comprueba esa desesperanza cuando se lee el noveno capítulo del Eclesiastés, versículo quinto, donde se afirma: “Los vivos saben … que han de morir; los muertos no saben nada, no reciben un salario cuando se olvida su nombre”.


Hecho a imagen de Dios


Las enseñanzas rosacruces proclaman que el hombre es un espíritu inmortal hecho a imagen de Dios. Porque, ¿no se nos ha dicho, en el versículo 26 del capítulo primero del Génesis, que Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen?” Por tanto, si Dios es espíritu y el hombre está hecho a su imagen, ¿podemos seguir negando que el hombre no puede morir o que si muriese moriría una parte de Dios? ¿Puede alguien imaginar a un Gran espíritu que crease un ser como el hombre, a su propia imagen, y luego le permitiese morir? ¿Podría tal hombre llegar a ser él mismo un creador, como Dios lo destinó a ser, si una vida terrestre constituyese toda su existencia y si, cuando hubiera vivido sus setenta años saliese de la misma sin ninguna posibilidad de llegar a ser perfecto como su Padre celestial? Si uno se detiene a reflexionar sobre esta materia, se convence de que el hombre también ha de seguir evolucionando, aprendiendo, con el fin de llegar a ser omnisciente como su Padre en el cielo lo es, y de que eso no puede lograrse en una cota vida de unos cuantos años. Para aprender esas lecciones en la Tierra, sobre la que Dios le dio poder, el hombre ha de volver una y otra vez y, en cada encarnación, ha de cargar con su cruz de materia, su cuerpo físico.


El hombre ha de aprender, mediante su cuerpo físico, a convertirse en un creador como su Padre en el cielo. Ésa es la herramienta que utiliza en sus esfuerzos por aprender las numerosas lecciones de vida, con el fin de ser reconocido como hijo por su Padre celestial. Pero esa herramienta, el cuerpo físico, se cansa y se agota; y es necesario darle al espíritu un tiempo para poder digerir y asimilar toda la experiencia adquirida en la Tierra. Por eso Dios ha dispuesto que el espíritu salga de su vieja vestimenta desgastada y funcione en su cuerpo espiritual.


Cuando eso ocurre, el hombre, con su limitada visión, se aflige por el cambio; y le parece la despedida final el hecho de que se desintegre el viejo y desgastado vestido de un ser querido, y pueda funcionar en un traje o cuerpo más etérico, en el que no esté limitado por la distancia, ni sea la materia física una barrera infranqueable para su desplazamiento. Éste es el cuerpo espiritual del que habla Pablo en II Corintios, un edificio no hecho por las manos de los hombres, eterno en los cielos. En ese vehículo, nuestros seres queridos pueden visitarnos y, aunque, en nuestra ceguera, no disponemos de la vista espiritual para percibirlos, no por eso están menos cerca de nosotros. Ellos siguen interesados en nuestro bienestar y, cuando los necesitamos, no nos fallan; nos animan y ayudan mucho más de lo que creemos, aunque con nuestra aflicción podamos obstaculizar su progreso en esa nueva vida a la que se les ha llamado.


Cuando un hombre cae en profundo sueño y su cuerpo físico queda inerte sobre el lecho, está despierto y activo en el reino del espíritu. El cuerpo físico ya no es un obstáculo. Sin embargo, está unido a él mediante el Cordón de Plata, que lo conduce de vuelta a su cuerpo al despertar. Durante la inconsciencia del sueño, está en el país de los muertos que viven y, si lo desea, puede comunicarse con sus seres queridos, que están siempre cerca.


El estudiante de la Fraternidad Rosacruz tiene la certeza de la cercanía de los que han pasado al mundo invisible en lo que, comúnmente, se denomina muerte, y no se aflige como los que no tienen esperanza. Sabe que sus seres queridos no se han alejado, sino que, como dice John McCreery en su poema “No hay muertos”: “No están muertos. No han hecho sino pasar más allá de las nieblas que aquí nos ciegan, a una nueva y mayor vida en una esfera más serena”


Vida inmortal


El conocimiento adquirido por los estudiantes de estas enseñanzas avanzadas ha hecho desaparecer el aguijón de la muerte, pues ellos saben que quienes han abandonado sus cuerpos mortales no están muertos, sino que están disfrutando la libertad de la vida en los mundos espirituales. Están convencidos de que Dios no hizo el hogar del alma humana ni inspiró al espíritu humano con la fe y el amor, para precipitarlo en la muerte, para destruir la obra de sus propias manos. El hombre es la obra maestra de Dios y, como tal, esta chispa de la divinidad, hecha a Su imagen, no puede morir. De otro modo sería destruída una parte de Dios.


Cristo vino voluntariamente a la Tierra para encerrarse en un cuerpo físico, sabiendo que el resultado seria proporcionar esperanza y fe a la Humanidad. Debió morir y resucitar para demostrar al hombre que la muerte es sólo una manifestación física, una liberación de un espíritu divino. Vino a una Humanidad cegada por el miedo a la tumba y para la que ésta era un abismo que engullía y hacía desaparecer al espíritu. Se encontró con la muerte como el rey de los temores y supo que sólo Él podría devolver al hombre la fe en una vida inmortal y proporcionarle la certeza de que es un espíritu glorificado. Dejo estas palabras confortadoras, que traen solaz y fe a quienes creen en Él:


“No estéis agitados; fiaos de Dios y fiaos de mi. La casa de mi padre tiene muchos aposentos. Si así no fuera, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os lo prepare, volveré para llevaros conmigo; así, donde esté yo, estaréis también vosotros.”(Juan 14: 1-3).

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miércoles, 20 de julio de 2011

Retraso Mental

El retardo o retraso mental es uno de los más trágicos y el menos comprendido de los problemas sociales. Años pasados, a los retardados mentales se los consideraba fuera de toda ayuda, siendo observados simplemente como una horrible y deplorable condición y se los dejaba vegetar fuera de la vista de la gente 'Respetable", recientemente con el progreso se ha hecho más caridad con el trato de estos infortunados individuos, y la actitud pública general les está permitiendo convivir como miembros reconocidos por la sociedad, a menudo actuando provechosamente dentro de su limitado campo de posibilidades.


De cualquier manera el progreso no suprime el dolor experimentado por los padres y familiares de estos tristemente afectados individuos. Si la causa del retardo mental fuera conocida, los conflictos y torturas experimentados por estas personas podrían suprimirse mejor y la humanidad comenzaría a actuar para dar una eventual solución al problema.


El retardo mental es considerado como una enfermedad, como cualquier otra sufrida por el individuo, engendrada solamente por su comportamiento durante la presente, o anteriores encarnaciones. Bajo la ley de consecuencia, debemos cosechar aquello que precisamente sembramos, y si nuestra conducta fue depravada o nuestro comportamiento incorrecto en cualquier sentido, debemos pagar esa deuda en nuestra encarnación física para así poder luego evolucionar.


Las aflicciones que afectan a la humanidad se pueden dividir en dos categorías: Mentales y Físicas. Las perturbaciones mentales son particularmente atribuibles al abuso de la función creadora. Así como el Espíritu Santo es la energía creadora en la naturaleza, la energía sexual es su reflexión en el hombre y el abuso de esta fuerza es la transgresión que debemos pagar en detrimento de nuestros vehículos hasta que comprendamos la parte Santa de la fuerza creadora. Las enseñanzas ocultas nos dicen que esta fuerza no debe ser usada para la gratificación sensual sino solamente para la propagación. El despilfarro de esta energía creadora podría ser transmutada en energía espiritual y usada en los planos superiores como agente de la Epigénesis (la habilidad de crear cosas nuevas).



La ciencia oculta también enseña que el cerebro y la laringe fueron construidos por los Angeles con la mitad de la fuerza creadora del hombre, quien antes de la adquisición de estos órganos, era bisexual y capaz de crear por sí mismo sin la cooperación de otro; pero dicha facultad se perdió cuando estos órganos fueron creados, y ahora es necesario la cooperación de otro ser del sexo opuesto para la generación de nuevos cuerpos para los espíritus que desean renacer. Hay todavía una interna conexión entre la actividad mental y sexual y el poder de la palabra. La evidencia de este afirmacion está en el caso de los maniáticos del sexo, quienes terminan idiotas incapaces de pensar correctamente porque están continuamente ocupados en enviar al exterior no solamente la parte de la fuerza sexual que es normalmente usada para la propagación, sino que también gran parte de la fuerza que podría ser usada para la construcción del cerebro, haciéndolo así capaz de producir pensamiento.


La visión espiritual revela que cuando el hombre estaba todavía en formación había una corriente de deseos donde quiera que ahora hay un nervio; la mente y la laringe mismas fueron hechos primero de sustancia de deseos. El deseo enviaba primero un impulso a través de la mente y creaba estas corrientes nerviosas, que hacían posible el movimiento del cuerpo y obtenía la gratificación indicada por el deseo. La palabra también es usada con el propósito de obtener un objeto deseado o un fin; a través de estas facultades el hombre ha obtenido cierto dominio sobre el mundo.


No obstante bajo la ley de consecuencia, él toma para sí un nuevo cuerpo, órganos y facultades que son similares a los que abandonó en la anterior oportunidad. Cuando la pasión ha arruinado el cuerpo en una vida, ésta se estampa en el átomo simiente. En el próximo descenso al renacimiento le es imposible al Ego tomar buen material con el cual pueda construir una sólida mentalidad.


El nace usualmente bajo uno de los signos comunes del Zodíaco, y por lo general los cuatro signos comunes están colocados en los ángulos para que los deseos pasionales encuentren dificultad de expresarse. Vemos pues que el poderoso impulso que antes regía en su mente, el cual debería ser usado para el propósito de la regeneración, está ausente; a él le falta la iniciativa en la vida y por ende viene imposibilitado y a menudo demente.

Como quiera que sea el espíritu no es demente, el ve conoce y tiene un vehemente deseo de usar el cuerpo, aunque sea un imposible, pero a menudo no puede enviar siquiera un simple impulso a través de los nervios, y los músculos del rostro y del cuerpo por consiguiente no están bajo el control de su voluntad. Este fenómeno de la falta de coordinación es el que hace del afligido un hecho lastimoso a la vista. De este modo es como el Espíritu aprende una de las mas duras lecciones de la vida: que es peor que la muerte el estar atado a vivir en un cuerpo inhábil sin encontrar expresión a través de él, porque la fuerza necesaria de deseos que acompaña al pensamiento, palabra y movimiento, ha sido consumida por un vivir incorrecto en las vidas anteriores y regresa el Espíritu sin la energía necesaria para manifestarse en su instrumento carnal.


Hay una notable excepción a la regla general de que los mentalmente retardados sean por el abuso de la función creadora en una vida pasada. Cuando un Ego desciende para el renacimiento, ve enteramente el panorama de su próxima vida y si a él le parece particularmente dura, procura salir fuera de la "escuela de la vida". Para esta época la conexión entre el cuerpo vital y los centros sensoriales del cerebro en el feto ya ha sido realizada, por consiguiente el esfuerzo del Espíritu por escapar del útero materno es frustrado. El tirón dado por el Ego desarregla las conexiones de los centros sensitivos entre el cuerpo físico y el etérico en tal forma que el cuerpo vital no queda concéntrico con respecto al cuerpo físico, causando que la cabeza etérica se extienda por fuera del cráneo físico, por esto es imposible para el espíritu usar el vehículo denso, está atado a un cuerpo sin mentalidad y la encarnación es prácticamente perdida.


Hay también casos más tarde en la vida que debido a un fuerte susto el Espíritu intenta salir del cuerpo físico con sus vehículos invisibles. Como resultado un tirón similar es dado por los centros sensoriales del cerebro, y el susto desarregla la expresión mental. Todos luego de haber estado asustados, probablemente hayan sentido una sensación similar, una agitación, como si alguna cosa estuviera intentando salir fuera del cuerpo denso. Esta sensación es causada por el cuerpo vital y de deseos, los cuales actúan velozmente, tanto que un tren expreso es lento en comparación. Ellos sienten el peligro, y se impactan antes que el susto haya sido transmitido al inerte y lento cuerpo físico, en el cual ellos están anclados, y el que evita su escape bajo tensiones ordinarias. Algunas veces, siempre que el estímulo sea demasiado fuerte se produce una desconexión sobre los centros etéricos sensoriales, exactamente como cuando se ha estirado un elástico y que puede recuperar su elasticidad, también en estos casos, es más fácil recuperar las facultades mentales que en los casos en los cuales es una demencia congénita traída de vidas pasadas, y que es causa de la inadecuada conexión. De tal manera vemos que el retardo mental no es el resultado de una injusticia de parte de Dios, no es un infortunado accidente; es el resultado de la propia conducta del Ego, así como en el caso de todas las dolencias, la aflicción individual ha sido traída por sí mismo.

Por supuesto que los mentalmente retardados no deben ser observados de ninguna otra forma que con profunda simpatía y atención. Todos los esfuerzos deben ser hechos para continuar expandiendo los bellos programas de educación y auto ayuda que ahora se ha comenzado a administrar para muchos de estos individuos. Ciertamente es por medio de la compasión y el amor que ellos pueden recibir orientación para trabajar, dentro de sus limitadas condiciones físicas, instándolos al esfuerzo de manera de que esta encarnación no sea perdida, sino por el contrario la misma constituya la más severa lección que tienen que aprender.


El retardo mental está siendo atendido, pero la humanidad debería de ir mucho más allá. A esta altura de la evolución y desarrollo humano y tecnológico de nuestra época es motivo de esta aflicción y el impropio uso de la fuerza creadora, viene a ser universalmente reconocido; la actitud moderna general que perdona una moral laxa y el estímulo de la indulgencia sexual, para la obtención del placer, no puede ayudar, pero las consecuencias serán desastrosas en un futuro para muchos miembros de la raza humana. Tal conducta deberá ser expiada, y la indulgencia de su pasión en la vida presente, segará las consecuencias en esta vida o en otra.


Nosotros hemos pasado a través de estados parecidos al mineral, vegetal, y animal antes de estar en estado humano, como somos actualmente, y más allá hay evoluciones superiores las cuales nos aproximan más y más a la Divinidad. Es nuestra pasión animal la que nos limita en el sendero del logro y de la pureza.


Es obvio también que muy poco progreso material puede ser hecho por un inhabilitado mental.


En el presente estado de evolución toda nuestra fuerza vital excepto la insignificante cantidad requerida para la propagación de la raza puede ser transmutada por sublimación de la mente y emociones en fuerza del alma.


Hasta que estos factores no sean reconocidos y aceptados por la generalidad, la raza no se librará de las limitaciones tanto físicas como mentales, las cuales ahora nos están causando mucho sufrimiento y nos impiden evolucionar.


FIN 

Extraido de: : http://www.rosicrucian.com/foreign/framespa00.html



miércoles, 15 de junio de 2011

Mediumnidad

Para comprender la mediumnidad es necesario saber algo de los varios cuerpos del hombre. Además del cuerpo denso, instrumento que el ego usa para propósitos materiales, el hombre posee un cuerpo vital compuesto de éter, un cuerpo de deseos o emocional, y una mente. El espíritu individualizado o ego, vive dentro de estos vehículos que se interpenetran y los usa para adquirir experiencia en la escuela de la vida.

En el estado de vigilia el cuerpo denso y el cuerpo vital, (este último interpenetrando y sobresaliendo como pulgada y media del primero) quedan dentro de una nube en forma de ovoide. Esta nube ovoide está compuesta por el cuerpo de deseos y la mente. Todos estos vehículos son concéntricos y es la interpelación del uno dentro del otro, quedando los centros de percepción de unos propiamente alineados con los centros de los otros, lo que facilita al ego manipular el complejo organismo y ejecutar en forma metódica los procesos de vida llamados razonamiento, habla y acción.

Cuando el cuerpo denso duerme, hay una separación de los vehículos. El ego y la mente revestidos del cuerpo de deseos se retiran de los cuerpos vital y denso, estos últimos permaneciendo en la cama mientras los cuerpos más sutiles flotan sobre el cuerpo que duerme, conectados a él por el cordón plateado. El proceso de restauración comienza poco después. En casos normales el cuerpo de deseos que ha sido armonizado en el Mundo del Deseo imparte energía rítmica al cuerpo vital, y éste, a su vez, comienza a trabajar sobre el cuerpo denso, eliminando los productos de descomposición principalmente por medio del sistema nervioso simpático. El resultado es que el cuerpo denso queda restaurado y repleto de vida cuando por la mañana el cuerpo de deseos, la mente y el ego entran nuevamente en él despertándolo.

Al morir, la separación entre los cuerpos es la misma que durante el sueño. Los llamados muertos tienen ego, mente y cuerpo de deseos. Algunas veces, por algún tiempo, permanecen conscientes del mundo material que han abandonado. Algunos se apegan a la vida terrestre y no se deciden a aprender sus nuevas lecciones. Estos son los llamados espíritus apegados a la Tierra. No pueden, sin embargo, funcionar en los mundos visibles sin un cuerpo y hacen uso de aquellos seres vivos, cuyos cuerpos densos y vitales están flojamente conectados ' El grado de laxitud entre los vehículos denso y vital no es el mismo en todos los egos. Hay personas cuyos cuerpos denso y vital están más estrechamente entrelazados. Estos son los materialistas. Las personas cuyos cuerpos no están tan fuertemente entrelazados pueden en cierta forma percibir y responder a las vibraciones espirituales y se desarrollan por su propia voluntad convirtiéndose en ocultistas o clarividentes entrenados. Aquellos de voluntad débil desarrollan solamente con ayuda de otros y en forma negativa. Estos seres son víctimas propicias para los espíritus apegados a la Tierra que simulando ser guías espirituales desarrollan sus víctimas como médiums de trance o como médiums de materialización, si la conexión entre los vehículos denso y vital de la víctima es especialmente floja.

Un médium es un clarividente involuntario o negativo que tiene los cuerpos denso y vital flojamente conectados y bajo el control de un espíritu del mundo del deseo. Es el mismo caso de un hipnotista y su víctima en el mundo físico. En el caso de un médium de trance, todas sus experiencias espirituales tienen lugar mientras su cuerpo físico permanece inconsciente o en trance. El ego revestido de los cuerpos mental y de deseos abandona el cuerpo físico. El espíritu-guía o control lo ocupa. Esta misma separación ocurre en el estado de sueño con la diferencia de que en el ensueño el cuerpo permanece inhabitado. El espíritu control se apodera de¡ cuerpo físico de¡ medium y lo usa para sus propios fines, a veces con gran perjuicio para éste. Por ejemplo, cuando tal espíritu-control ha sido en vida un adicto a drogas o un libertino, usará ese vehículo para satisfacer su sed de licor o sus bajas pasiones. Nunca recalcaremos suficiente- mente la importancia de¡ cuerpo físico como nuestro más valioso instrumento, y el grave error que se comete cuando lo entregamos a un espíritu-control o un hipnotista.

Un espíritu errante es una réplica exacta de un hipnotizador excepto que el espíritu errante es invisible y tiene más poder sobre su víctima. Este espíritu es considerado como un ser elevado o ángel incapaz de hacer daño, y deseoso de ayudar a diseminar la verdad. De hecho no hay poder transformador en la muerte. El pecador no se convierte en santo ni el ignorante en sabio al morir, y es una realidad triste para el clarividente entrenado ver como los espíritus-guías o controles se imponen a sus incautas víctimas quienes no pueden distinguir ni comprender el verdadero carácter de estos impostores, aceptando sus frases melosas y huecas como sabiduría divina. Aunque estos espíritus han hecho algún bien al probar fuera de toda duda la continuidad de la vida después de la muerte, han hecho también mucho daño a los médiums.

Es de esperarse que espíritus de alta naturaleza ética o gran desarrollo espiritual no traten de controlar al médium total- mente. Los espíritus errantes o de baja categoría lo hacen para tener un vehículo con el cual satisfacer sus ansias de bebidas y sexo. En esta forma causan estragos en el cuerpo del médium.

En el caso de médiums materializadores el espíritu guía pone la víctima en trance y extrae el éter de su cuerpo vital a través del bazo. Este éter lo usa para las materializaciones. Como hemos dicho anteriormente, la única diferencia entre un médium y una persona ordinaria es la laxitud entre sus cuerpos denso y vital. Esta laxitud permite al espiritu-control o guía extraer el éter casi por completo. El cuerpo vital es el vehículo que especializa la energía solar que nos da vitalidad. Privado de su principio vitalizante, el cuerpo del médium en el momento de la materialización se encoge aproximada- mente a la mitad de su tamaño. La carne se torna blanda y la chispa de la vida apenas arde. Cuando termina la sesión y el cuerpo vital le es devuelto al médium, éste despierta. Se siente muy extenuado y algunas veces recurre a la bebida para reponer sus fuerzas, En estos casos la salud se quebranta y el médium se con- vierte en una ruina humana, Desgraciada- mente, la gran mayoría de los médiums no están conscientes de estos peligros, especial- mente de los peligros que le amenazan al morir. Entonces su guía puede apoderarse del cuerpo de deseos. Aún en vida, si el médium trata de evitar que él use su cuerpo impunemente, hallará que no tiene poder para impedirlo. Al morir el médium y hallarse los dos espíritus frente a frente, los peligros son aún mayores. Se sabe de casos donde el médium ha repudiado y tratado de escapar del agarre de su guía, pero sin poder lograrlo. Estaba indefenso. Algunos médiums han confesado como han sido empujados irresistiblemente al crimen o suicidio por estos guías o espíritus-control. Han rogado que los dejen en paz, pero en vano. Muy raras veces se oye decir que estos guías han mostrado piedad. Una vez que la persona se convierte en médium no tiene escapatoria.

No puede impedir que el guía entre en su cuerpo. Mientras el médium es dócil y obedece al guía, todo marcha bien, pero si protesta y desobedece, encontrará que el guía tiene dominio y espuelas y las usa sin misericordia.

El guía saca los cuerpos superiores y espíritu del médium que no ofrece resistencia y toma posesión completa. Al retirarse se lleva parte del cuerpo vital del médium, lo que le sirve para dominarlo permanente- mente. En algunos casos no se conforma con tomar prestados los vehículos, sino que se apodera de ellos y deja fuera al dueño para siempre. El cuerpo es el mismo, pero el ego es extraño y sus hábitos cambian. Esto es obsesión.

Puede comprobarse fácilmente, pues el iris de sus ojos no responde a la luz ni a la distancia. No contrae ni expande. Solamente el dueño de un cuerpo puede manipular los ojos. En el médium estos están cerrados o tienen una mirada fija y vidriosa.

La lección por aprender de estos cono- cimientos es que debemos mantener completo dominio sobre nuestros vehículos y bajo ningún concepto permitir que se nos hipno- tice o controle desde afuera. Tampoco debemos asistir a sesiones espiritistas o demostraciones hipnóticas porque la actitud negativa que se observa en esas reuniones hace a uno vulnerable a la obsesión.

NUESTRO LEMA DEBE SER DOMINIO PROPIO
Y NO DOMINIO SOBRE LOS DEMAS.

Extraido de: : http://www.rosicrucian.com/foreign/framespa00.html

martes, 24 de mayo de 2011

Vida Más Abundante

El gran cambio denominado, generalmente, muerte, no respeta a nadie. Llega, indistintamente, a los jóvenes, a los maduros y a los ancianos. Todos, sin excepción, son forzados a abandonar algún día su vestidura física y a encaminarse a una nueva residencia, más allá de nuestra presente esfera de percepción.



Sabiendo que este cambio es inevitable, se hace necesario aprender lo más posible sobre esa gran transición. Para los ignorantes, este fenómeno es algo que trasciende la razón y, por consiguiente, en el momento de tenerlo que enfrentar, sin víctimas de un miedo rayano en el pánico. Sin embargo, ese terror no ha existido siempre. En el lejano pasado, cuando la conciencia del hombre estaba más enfocada en los reinos espirituales que en el físico, la pérdida del cuerpo apenas era percibida. Él se sabía un espíritu y era, por tanto, consciente de que su cuerpo físico era algo que había adquirido, que conservaría durante un tiempo determinado y luego lo desecharía, como el árbol desecha la hoja, y lo reemplazaría por otro cuando fuese necesario.



De modo que, hasta que no perdió la visión de su morada celestial y la certeza de ser un espíritu inmortal que, de vez en cuando, ocupaba un cuerpo físico, no comenzó a identificarse con éste y a considerarlo como su yo real y, consecuentemente, a temer una hipotética existencia sin él. Así pues, la mayor parte de los humanos han enfocado hasta tal punto sus conciencias en lo material, que están convencidos de ser sus cuerpos físicos y de que, en el momento en que éstos sean aniquilados por la muerte, su existencia dejará de ser posible.



Al hombre o la mujer espiritualmente iluminados les parece casi imposible que tal condición pueda ser posible pero, desgraciadamente, lo confirma permanentemente nuestro entorno que entierra, sin esperanza, a sus ya llamados muertos, sin caer en la cuenta de que sus espíritus están regresando a su hogar en el mundo celestial para enlazar allí con una ininterrumpida existencia.



Para traer consuelo, pues, a aquéllos que no conocen los hechos relativos a la así llamada muerte, vamos a estudiar la verdad sobre este fenómeno.



El hombre, el YO real, es un espíritu puro diferenciado EN el cuerpo de Dios, constituído por el sistema solar entero, tanto lo visible como lo invisible de él. Su destino es llegar a ser un dios creador, como nos dice el iniciado Pablo. Para desarrollar sus potenciales poderes divinos, pasa por distintas fases evolutivas, desde la más etérea hasta la más densa, adquiriendo experiencias que, lenta pero indefectiblemente, permiten ese desarrollo. Durante un período de esa evolución reside en este plano terrestre y ocupa, de vez en cuando, un cuerpo físico. El tiempo que pasa aquí, sin embargo, es sólo una mínima parte de su existencia. El resto de ésta transcurre en esferas más elevadas, en las que recibe otras instrucciones y desarrolla otras tareas, siempre con la finalidad de transformar sus fuerzas latentes en energía dinámica, lista para ser empleada en cualquier momento bajo el control directo del propio espíritu, que es el verdadero YO.



Cada vez que un individuo desciende al plano terrestre, queda enclaustrado en un cuerpo físico, dependiendo la duración de su vida terrena del número de lecciones que ha venido a aprender. Hay egos que vienen para aprender lecciones sobre la construcción prenatal de cuerpos y que descartan su vehículo físico tan pronto como han cumplido ese objetivo, unos a los pocos días, otros tras unos meses y otros, pasados unos años. Los hay que emplean su cuerpo físico hasta la adolescencia o hasta la edad adulta o hasta la vejez. Pero siempre, la duración de la vida dependerá del aprendizaje de ciertas lecciones que son necesarias para avanzar en su evolución y nunca del azar.



Debido al erróneo empleo de su libre albedrío, hay quienes, al fallecer sus allegados, mediante sus lamentaciones y confusión subsiguientes, hacen fracasar temporalmente los planes de la naturaleza al impedirles realizar en sus vehículos superiores la grabación del panorama de la vida que ha concluído, elemento esencial para su subsiguiente progreso en el mundo celestial. En tales casos, ese espíritu regresa junto a los responsables de tal pérdida, renace en su hogar y muere de niño a la vida terrena, para ir directamente al Primer Cielo, donde se le imparten las lecciones que se contenían en la grabación frustrada.



Al tiempo de fallecer, tanto los niños como los adultos son recibidos por parientes y amigos cariñoso y, a veces, por ángeles, que les ayudan a adaptarse a la existencia en el más allá.



La vida de los niños en el mundo celestial excede en hermosura a todo lo imaginable. Cuando los padres conozcan la deliciosa existencia que sus pequeños disfrutan y comprendan los grandes beneficios que para sus hijos supone esa limitada permanencia allí, su pena quedará considerablemente mitigada y las heridas de sus corazones sanarán más rápidamente.



Los que abandonan sus cuerpos físicos en condiciones normales quedan completamente liberados de ellos apenas se concluye la grabación en el cuerpo de deseos del panorama de la vida recién vivida. Debería proporcionarse al espíritu tres días y medio de quietud y silencio tras la muerte, para permitir la correcta grabación del panorama de la vida terrena, conservado en el éter reflector del cuerpo vital, en el átomo simiente del cuerpo de deseos, vehículo éste en que el Espíritu funcionará en los mundos superiores. Las imágenes transferidas al cuerpo de deseos, vehículo de los sentimientos y las emociones, serán la base de los sufrimientos que experimentará el espíritu en el Purgatorio por las malas acciones cometidas, y del disfrute por las buenas, en el Primer Cielo.



El tiempo de permanencia en el Purgatorio puede acortarse si el Espíritu reconoce el mal causado y los errores cometidos cuando las correspondientes imágenes aparecen en el panorama de su vida, y no trata de excusarse o de justificarse o se deja llevar de nuevo por la ira o el odio del pasado. Esta cooperación voluntaria por parte del Espíritu reduce considerablemente el dolor derivado de la purgación que sigue a la muerte.



En cuanto el cuerpo físico es abandonado, se abren las puertas al reino elemental; las fuerzas que compenetran la tierra, el agua, el aire y el fuego se retiran de la forma inanimada, y los componentes del cuerpo son restituidos a sus respectivos reinos. La extraña sensación que produce una cámara mortuoria y el miedo que la mayoría de la gente tiene a los muertos son debidos al estrecho contacto que en esos momentos existe entre esos seres elementales y los humanos que rodean el cuerpo inanimado. Esas fuerzas están siempre presentes y son extremadamente activas cuando se desintegra cualquier clase de materia orgánica y sus partículas componentes se reintegran a las respectivas esferas.



El sufrimiento, las lamentaciones, los pensamientos de desesperación y la añoranza y deseos de que regrese el difunto, no hacen más que mantener al Espíritu pegado a la tierra, impidiéndole tomar parte en las actividades propias de su nueva vida.



En cambio, los pensamientos de amor, de ánimo, de esperanza, de alegría y buena voluntad, son todos beneficiosos y de valor realmente inestimable.



En vez, pues, de abandonarnos a prácticas dañinas que, en realidad, impiden el progreso del Espíritu que se ha ido, debemos orar cada noche, pidiendo que se nos permita, al dormirnos, ir junto al ser querido. El deseo nos transportará inmediatamente allí y podremos pasar horas en su compañía, lo que resultará más provechoso para ambos y, con el tiempo, hará posible traer, al regresar a la conciencia de vigilia, muchas de las experiencias vividas en los planos invisibles. Del mismo modo y con el mismo método, podemos encontrar en la región purgatorial a amigos difuntos y acortar considerablemente su permanencia en ella.



El tiempo que se permanece en el Purgatorio es comparativamente corto: más o menos, un tercio del vivido en el Mundo Físico. En cambio, la vida en el Primer Cielo dura cientos de años. Es una región de alegría, sin un solo momento de amargura. Allí la enfermedad, la tristeza y el dolor son desconocidos, y se desarrollan todas las actividades ennoblecedoras a cuya realización ha aspirado el espíritu sin lograr llevarlas a cabo. Hermosas casas, flores, árboles, etc. están hechos de la sutil sustancia del Mundo del Deseo que, no obstante, para los habitantes del mundo celeste, resulta tan tangible como nuestras posesiones materiales lo son aquí para nosotros.



Esa gloriosa región del Cielo es, pues, un lugar de progreso y contiene todo lo bueno y deseable a las aspiraciones humanas. Allí el estudiante y el filósofo tienen acceso instantáneo a todas las bibliotecas del mundo; el artista, con el poder de su imaginación, puede crear formas en vivos colores de centelleante vida y hermosura inconcebible aquí; el escultor puede moldear con facilidad los materiales plásticos de ese mundo en estatuas cuya delicada belleza nunca había imaginado durante su vida terrena; el músico se beneficia también grandemente y escucha el eco de melodías celestiales mucho más dulces y más permanentes que nunca oyera en la tierra, y su Espíritu se deleita con su exquisita armonía. El poeta encuentra una inusitada inspiración en cuadros, música y colores, que podrá usar en su próxima encarnación; y el filántropo elabora planes altruistas para desarrollarlos en sus futuras vidas.



En esa región vemos la razón de los fracasos del pasado y aprendemos cómo vencer los obstáculos y evitar los errores que nos impidieron realizar nuestros planes.



Así que, tras una corta estancia purificadora en el Purgatorio, ésta es la región en la que pueden ser localizados nuestros seres queridos, preparándose para una próxima vida más eficiente y más amplia en los años por venir.



Concluyendo, recordemos que el Espíritu, el hombre o la mujer reales, es inmortal y, por tanto, no puede morir. De modo que la palabra muerte, aplicada al corte de la conexión del Espíritu con su cuerpo físico, es inadecuada porque, precisamente, su liberación de ese vehículo lento, pesado e imperfecto, significa vida, libertad, evolución y una vida más abundante en un hogar en el que proliferan la alegría, la felicidad, la paz, la comprensión y el progreso.